Columnas

Cuando la luz recae sobre ella

Las que hoy bailan solas son aquellas mujeres que han desarrollado su potencial al máximo, que han tomado su vida por las astas y se han destacado por sobre sus congéneres.

  • Carla Guelfenbein

Compartir vía email

500
Consuelo Astorga

En mi última novela, Contigo a la Distancia, su protagonista, Vera Sigall, es una misteriosa mujer. Una escritora de culto de una inteligencia excepcional. Cuando su pareja, Horacio Infante, un laureado poeta, descubre que el talento de Vera sobrepasa el suyo, se siente empequeñecido. No es capaz de soportar la imagen que Vera le devuelve de sí mismo. Desde ese momento la relación comienza a deteriorarse hasta terminar con todo lo bello que alguna vez los unió. Cuando comencé a escribir la novela no sabía que esto ocurriría, que esa capacidad asombrosa que tenía Vera para lidiar con las palabras la convertirían en una escritora importante, y que a Horacio esta situación le sería inmanejable. Recuerdo que intenté por todos los medios de componer su relación. ¡Mal que mal, yo misma la había creado! Una relación que en sus inicios estaba llena de romanticismo, de vicisitudes interesantes y profundas, que los unía de una forma muy particular y única. Yo no quería destruirla. Pero mientras más le daba vueltas al asunto, más difícil me resultaba sacarlos de ese embrollo. Por más que Vera intentara ser cariñosa, ofrecerle su apoyo, o entregarse a él de cuerpo y alma, la opresión que Horacio sentía ante su sola presencia se acrecentaba sin remedio. Al punto de que por las tardes, de vuelta del trabajo, él retrasaba la hora para llegar a casa con el fin de no tener que mirarle la cara a su mujer, y en ella ver reflejada su derrota. Cuando finalmente Vera, agotada de las riñas, de sus esfuerzos infértiles, decide irse, Horacio, junto con la tristeza que le provoca su partida, siente un profundo alivio. Prefiere renunciar a su amor, que tener que enfrentar sus propias carencias e inseguridades.

Hoy en día, que la mujer en una pareja sea más talentosa que él, que gane más, que sea más reconocida, no resulta extraño. Las consecuencias de este estado de las cosas son variopintas. En más de algún estudio se ha concluido, incluso, que el hombre cuya mujer gana más que él, es más probable que le sea infiel que si ocurre al revés.

Es una realidad. Las mujeres nos hemos ido integrando en el mundo, dándonos el espacio para perseguir nuestros sueños, y lo hacemos con compromiso, poniendo todo nuestro ser en ello. El resultado comienza a verse. Mujeres destacadas en todas las áreas: política, ciencia, tecnología, artes, etc… Sin embargo, muchas de estas mujeres están solas. Las que bailan solas hoy no son las más débiles, las más ineptas para la vida. Las que hoy bailan solas son aquellas mujeres que han desarrollado su potencial al máximo, que han tomado su vida por las astas y se han destacado por sobre sus congéneres. Ejemplos hay cientos.

¿Pero significa esto que las mujeres que desarrollan su potencial están destinadas a quedarse solas? ¡¡No!! Tampoco significa que deban renunciar a sus capacidades, sus sueños, hacerse invisibles, callar, empequeñecerse. Bajo ninguna circunstancia. Todo está constantemente moviéndose. Lo que en la época de Oscar Wilde hubiese parecido impensable, como el matrimonio gay, hoy es una realidad. Y los hombres también se están moviendo. Moviendo hacia desarrollar otros aspectos de sus seres y de sus vidas: su intimidad, el silencio, la quietud, aspectos en los cuales no tan solo priman los logros, el éxito, la notoriedad, el reconocimiento. Un área que por siglos las mujeres hemos desarrollado, y que, aun en posiciones de éxito, guardamos como un tesoro. Es ahí donde se pueden encontrar ellos y ellas. En un lugar propio, donde lo que se mide no son las luces que el mundo externo arroja, sino que la luz interna que emana de cada uno. Esa luz que está hecha de pequeñas y grandes cosas que les pertenecen a ambos, y que ambos tendrán que defender como su bien más preciado.