Belleza

Fría como el viento…

Mucha gente cree que el verano es la época en que más urge preocuparse de la piel, pero ¡no se engañe! Los cambios bruscos de temperatura y la contaminación también son factores de agresión cutánea. Recuerde, la piel tiene muy buena memoria, preocúpese ahora y en el futuro lo agradecerá.

  • francisca.colussa

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Fotos: Alejandra gonzález Producción: Giselle Sateler Modelo: Gabriela Nemitz / We love models

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“El frío ocasiona vasoconstricción de los vasos sanguíneos (se reduce la circulación), en especial de las zonas más expuestas, como cara, cuello y manos, lo que lleva a un menor aporte nutritivo y, por lo tanto, la piel está más sensible a irritaciones”, explica el dermatólogo del Centro Médico Clínica Santa María La Dehesa Rodolfo Klein. Por esta razón, quienes sufran de rosácea podrían agravar su condición en esta época del año. La calefacción y las duchas más calientes también son factores que juegan en contra de la piel, porque contribuyen a su deshidratación. Hay que considerar otro punto; todos tenemos diferentes tipos de piel en el rostro: la nariz, el mentón y la frente son zonas naturalmente más hidratadas y oleosas.

Reacción al frío

Las pieles secas sufren más durante el invierno. En ellas y en pieles sensibles, las mejillas y la región preauricular son una piel muy fina, por lo tanto presenta mayores daños invernales que se manifiestan como deshidratación, envejecimiento prematuro y aparición de capilares dilatados. En las pieles grasas los poros son los que primero se resisten ante el frío, “su reacción natural es cerrarse, lo que modifica el funcionamiento normal de la piel; ya no respira de la misma forma y queda propensa a acumular suciedad y resecarse más”, explica Mónica Bohmer, cosmetóloga de Medsthetik. Como se reduce la circulación, se empobrece la producción natural de lípidos en la piel: “No es que se ponga más grasa, sino que como se deshidrata se tiende a usar cremas más pesadas y eso podría aumentar la sensación de grasitud”, agrega el doctor Klein. El cuidado diario en esta época es igual al resto del año: limpiar la piel todos los días, exfoliar seguido (una vez a la semana las pieles secas y dos las pieles grasas) para eliminar células muertas e hidratar. La piel grasa debe preferir fórmulas libres de aceite para evitar que produzca más sebo.

Piel vulnerable

Los cambios de temperatura son fatales para la piel porque debilitan el manto que cubre la dermis, por ende se vuelve más sensible. Limpiar y tonificar es necesario para incorporar una buena dosis de hidratación, que debería aumentar en frecuencia. El médico Rodolfo Klein recomienda: “Cuando llegue a la casa o trabajo, evite ponerse al lado de las estufas para entrar en calor, intente usar bufandas para proteger la cara y guantes en las manos, en caso de frío intenso”. Para peor, vivimos en una ciudad contaminada y con un clima seco, que potencia el efecto negativo del frío. “La contaminación del aire aumenta los radicales libres, lo que hace envejecer más rápido; se adhiere a la piel obstruyendo los poros y generando una película de suciedad que le da un aspecto mate y grisáceo, además de restarle luminosidad e hidratación”, cuenta Mónica Bohmer. ¿La solución? Nutrir la piel para prevenir y tratar la oxidación, seguir utilizando protección solar -los rayos UV siguen presentes aunque haga frío- y mantener al día la rutina de limpieza. No siempre es necesario cambiar los productos que usó en el verano, pero si escucha a su cuerpo se dará cuenta de lo que necesita. Si por la tarde siente la piel tirante y al llegar la noche la piel está escamosa en las mejillas o aletas de la nariz, es momento de cambiar la crema por una que sea calmante, emoliente y regeneradora para que le aporte las vitaminas que necesita. Siempre puede complementar con algún serum, que actúa en las capas más profundas de la piel.