Moda

La colección del escándalo de YSL

A comienzos de 1971, Yves Saint Laurent presentó su colección “40”. El espectáculo asombró y escandalizó: YSL no había encontrado mejor inspiración que la moda de los años de guerra y la Ocupación. Desde entonces fue conocida como “la colección del escándalo”. Ahora puede verse en la Fundación YSL-Pierre Bergé, en París.

  • Florencia Sanudo

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Fotos: Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurentb y Ed. Flammarion

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El 29 de enero de 1971, el tout Paris se presentaba en 30 bis rue Spontini, el atelier de Yves Saint Laurent, para asistir al desfile de su colección primavera-verano. Tras su breve paso a la dirección de Christian Dior, es desde allí que, ya independiente, el joven creador nacido en Argelia había lanzado la moda del trench coat, de la chaqueta sahariana, del vestido Mondrian, de la combinación pantalón, de las transparencias y del esmoquin, con el que revolucionaría el vestuario femenino. Su imaginación parecía no tener límites y su sintonía con los deseos de las mujeres era total.

El sitio era pequeño y los ciento ochenta invitados -clientas, periodistas y compradores del mundo entero- ocupaban los tres salones donde habrían de desplazarse las modelos. La excitación, como siempre en su caso, estaba al máximo. Sin embargo, tras los primeros pases de las seis modelos encargadas de mostrar las ochenta piezas de la colección, un silencio se instaló como un manto de hielo. Poco después el silencio se convirtió en susurros y estos, en algunos casos, en gritos de protesta. ¿Qué era lo que había provocado tal indignación? La fuente de inspiración que algunos consideraron ofensiva: la elegancia de los años de guerra y de la Ocupación.

Jamás un desfile de un modisto despertó tanto odio. En 1971, apenas veintiséis años después del fin de la Segunda Guerra, la memoria de las privaciones sufridas durante la Ocupación en Francia eran todavía muy fuertes para muchos. Los más de 40 años recordaban los tickets de racionamiento tanto alimentarios como textiles, las telas burdas, la ropa remendada, los accesorios reparados una y otra vez y una moda de poca calidad que era lo corriente entre la mayoría de las mujeres, enfrentadas a serias dificultades materiales.

Sin embargo, lo que provocó la indignación de parte del público no residía en las referencias a las privaciones materiales que suponía la Ocupación, puesto que la colección “40” no evocaba el guardarropa ordinario de la guerra sino uno más lujoso y llamativo que solo podían permitirse algunas mujeres, aquellas que se habían librado a la llamada “colaboración horizontal” con el ocupante nazi. Aquellas a las que no les faltaba nada, que no sufrían hambre ni privaciones pero que tras la Liberación fueron calificadas de infames y traidoras y a las que se les peló la cabeza por haberse “acostado con los alemanes”.

La falta de Saint Laurent no era de gusto, era moral y política. Prudence Glynn, la cronista de moda del Times, escribió al día siguiente: “Si usted piensa vestirse así, cuide su reputación pues corre el riesgo de pasar por una profesional de la colaboración horizontal”. El influyente periódico francés Le Figaro le reprochó “una nostalgia de esa época… y la excusa de no haberla conocido” . El diario comunista Combat habló de “carnicería de buen gusto” y “crematorio del prestigio”. La prensa especializada, que veía en él el heredero legítimo de la alta costura francesa, no le perdonó las hombreras, las faldas hasta la rodilla, las plataformas, los turbantes, la piel y las plumas. Hay quienes no dudaron en calificarla como “la colección más fea de París”. Y el abrigo de zorro verde sobre una modelo desnuda cristalizaba toda la furia. La colección fue un verdadero escándalo.

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“¿Qué es nuevo en la moda?”

Sin embargo, esta tendencia del retro ya estaba germinando en la sociedad desde hacía dos años. Luego de los optimistas 60 con su minifalda revolucionaria, la moda comenzaba a mirar hacia atrás. Muchas jóvenes de la nueva generación no veían el horror en esas vestimentas pero en cambio apreciaban el trabajo y su estética. Entre ellas, Paloma Picasso, gran amiga del modisto, que se vestía en el mercado de las pulgas y había heredado una colección de turbantes de una amiga de su madre y que usaba en toda ocasión. Cuando una periodista de la revista Elle le preguntó por qué había elegido chocar con el ‘retro’ en lugar de con algo nuevo, Saint Laurent replicó: “¿Qué es lo nuevo en la moda? Del peplum a las panty hose, todo se hizo y volvió a hacer cientos de veces. La moda hippie se inspira en el Oriente, los shorts se inspiran en los estadios y sin embargo son considerados como novedades (…) A mí no me importa nada que mis vestidos plisados o drapeados evoquen, entre la gente cultivada, la moda de los años 40. Lo importante es que las chicas jóvenes, que nunca conocieron esta moda, tengan ganas de usarla…”.

La colección “40” (o “Liberación”, como se la llamaría más adelante) hizo entrar la moda en la historia contemporánea, provocando la caída de la separación entre alta costura y prêt-à-porter y es también una ruptura en la trayectoria de Yves Saint Laurent, una suerte de manifiesto de un modisto que se vió a sí mismo, de entonces en adelante, como árbitro de las ambigüedades. No es casual que poco después, ese mismo año, fotografiado por Jean-Loup Sieff, YSL posara desnudo para la publicidad de su perfume Rive Gauche. Otro escándalo.

La colección fue un fracaso comercial, y más allá de algunas clientas fieles, como Sao Shlumberger, Bianca Jagger y Lauren Bacall, entre otras, pocas osaban entrar en la maison por miedo a los reproches. Sin embargo, esta colección influyó a un gran número de creadores y encontró su público en su versión ‘rive gauche’. Con ella, YSL introdujo la tendencia vintage en la moda: los 40 sublimados en los 80 (¡ah, esas hombreras!), los 30 en los 90, los 50 y los 60 en los 2000 y los 70 en los 2010, que ahora ya están dejando lugar a la evocación de los 90.

Pero si Saint Laurent por un momento temió por su futuro profesional, rápidamente volvió a retomar las riendas y a recuperar el éxito y la admiración que le siguieron hasta el final de sus días: en los años subsiguientes produjo colecciones-homenaje a los ballets rusos (1976) y a Picasso y Diaghilev (1979), en los 80 encantó al público con su colección Poetas, donde evocó a Cocteau, Apollinaire y Aragón (1980); su homenaje a Matisse (1981), al impresionismo (1988), a artistas como Zizi Jeannmaire o Catherine Deneuve (1990), hasta la excelente colección Renacimiento (2001), que sería la última.

Más colecciones escandalosas


1984: El corsé de Jean Paul Gaultier

Jean Paul Gaultier hace del corsé -símbolo histórico de la presión femenina- un accesorio de moda ultrasexi, de una femineidad exagerada, casi caricatural. Los senos ultracónicos se transforman en armas fatales. Madonna lo adapta, las feministas lo execran. Desde entonces no falta en ninguna de sus colecciones.

1994: El talle ultrabajo de Alexander McQueen

Ese año el modisto, conocido como “el hooligan de la moda inglesa”, hace de la raya del trasero el nuevo escote. Su pantalón ‘bumster’ está cortado sin pinzas y se apoya en las caderas, con vista a fondo sobre el posterior.

1996: La burka de Hussein Chalayan

Una mujer desnuda con el rostro cubierto, otra con un velo negro y el sexo al descubierto, una tercera encerrada en una burka. Esta graduación entre los dos extremos, del desnudo total al camuflaje integral de Hussein Chalayan desafía los códigos de lo políticamente correcto y despierta la ira de los musulmanes.

2000: La colección Clochard de John Galliano

John Galliano, el niño terrible de la moda, imagina para Dior una colección de alta costura inspirada en los SDF (sin domicilio fijo). Las siluetas con impresiones de papel de diario, accesorizada con botellas de whisky vacías y alfileres de gancho, hacen gritar a su clientela. Para Galliano no se trata de burlarse de los SDF sino acusar “la condescendencia de la burguesía” y de paso introducir la tendencia llamada ‘pauperismo’.

2015: Los sexos desnudos de Rick Owens

Al mostrar los modelos desnudos el californiano Rick Owens prueba a la prensa de moda, a la que supuestamente nada asombra, que todavía es capaz de ofuscarse y revela la diferencia entre la desnudez femenina (normal) y la del cuerpo masculino, todavía tabú.