Entrevistas

Ernesto Ottone: “Como papá soy muy de piel, ciento por ciento”

El nuevo ministro de Cultura, nos habla acá de su rol de papá y de hijo, y de cómo va a hacer para compatibilizar el cargo con la vida familiar

  • Ana Muguerza

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En medio de la conversación, el ministro deja de hablar y escucha. Los fuertes sollozos de la pequeña Laura, de 9 meses, traspasan la puerta cerrada del living de su casa de Providencia, donde tiene lugar esta entrevista. Durante unos segundos Ottone trata de descifrar el llanto de la menor de sus hijas y, finalmente, sentencia: “No, no se cayó. Están preparándole la fruta, y entre la comida y el postre suele reclamar desesperada porque todavía tiene hambre”, explica ya más relajado, tras identificar el problema. Ernesto Ottone, que cumplió un mes al frente del Ministerio de Cultura, reconoce todas las señales y signos que emiten sus tres hijas pequeñas, especialmente las de alerta, síntoma de que pasa -o pasaba hasta ahora- tiempo con ellas. Ya nos adelanta su señora, María José, mientras esperamos que él llegue a la casa: “Es un superpapá”.

Se estrenó en este papel muy joven, a los 19 años, cuando tuvo que ejercer de padre de Adriano, el hijo de su pareja de entonces y con el que al día de hoy sigue manteniendo una estupenda relación. A los veintiocho tuvo a Liam, quien está a punto de cumplir 15 y que vive temporalmente en Alemania con su mamá. Y en los últimos años ha cursado un máster intensivo en paternidad con Clara (7), Matilde (4) y Laura (9 meses), sus tres hijas menores, fruto de la relación con María José. “Tengo la sensación de que he cambiado pañales toda mi vida. A los 19 y ahora, a los 42”, cuenta el ministro, a quien las canas -producto de la genética, posiblemente, y no todavía de los disgustos de la política- le hacen parecer un poco mayor.

Esta es una época de cambios para la familia Ottone. Al estreno de casa -se mudaron recién porque el departamento en el que vivían les quedó chico- se suma el debut en el cargo: desde el 11 de mayo, Ernesto Ottone es el nuevo ministro de la Cultura y las Artes, con todos los cambios que implica para él y su familia, especialmente los niños. Y es que, según revela, siempre ha sido un papá muy presente, tanto que cuando nació Liam, su hijo mayor, se tomó un año de permiso para cuidarlo. Hoy, el ministro ha llegado a la casa un poco más temprano de lo habitual y las pequeñas lo buscan todo el rato. Él les ha prometido jugar una partida a ‘escaleras y toboganes’, el juego favorito de las niñas, cuando termine la entrevista. Y después tiene que trabajar.

4-300¿Qué fue lo primero que pasó por su cabeza cuando la Presidenta lo llamó para ofrecerle el cargo? Que no podía pasar por un divorcio nuevamente… (ríe). No, en serio, fue imaginarme lo que se les venía encima a la María José y a las niñitas. Mi padre fue dirigente político cuando yo era muy niño y sé lo que involucra eso a nivel de los tiempos. Eso fue, de verdad. Claro, después pensé en que tenía que dejar la pega que tenía en la Universidad de Chile (era director del Centro de Extensión Artística y Cultural, CEAC) y que me gustaba mucho… Como el llamado fue muy tarde, el domingo por la noche, empecé a hacerle señas de auxilio a mi señora que estaba en la pieza: “¿Qué hago, qué hago…?”, le preguntaba, porque no había mucho espacio. Finalmente, el llamado republicano fue muy fuerte.

Lleva poco tiempo en el cargo, pero habrán notado ya cambios en la dinámica familiar… Soy un papá muy presente y trato de seguir una rutina con las niñas: como mínimo, tres veces a la semana, en la mañana, las llevo al colegio, en mi auto. Ahora todo es mucho más complicado. Antes mi rutina era ir a dejar a mis hijas todas las mañanas, ir al gimnasio y, después, a trabajar. El gimnasio voló, ya no existe, pero he tratado de mantener lo de las niñas y le pido al chofer que venga a recogerme acá una vez que regreso del colegio con mi auto. Intento también llegar uno o dos días un poco más temprano a casa para acompañarlas a la cama y leerles los cuentos.

¿Y ha podido cumplirlo hasta ahora? Sí, pero hay días en los que me propongo llegar a las siete y termino a las nueve. Por el cargo que tengo -en realidad, en todas las pegas en que he estado-, me toca ir a eventos o a estrenos prácticamente todas las noches, y no estoy dispuesto a hacerlo… Ahora, si la Presidenta me llama, obviamente tengo que ir. Pero yo le digo a mi equipo que la agenda me la recarguen en el día y que, por favor, me dejen alguna noche para estar con mis niñas.

¿Consigue desconectarse del trabajo cuando llega a casa? Sería mentira decir que me desconecto. Los celulares siguen prendidos por si me llaman, pero el día que llego más temprano los apago por lo menos hasta que mis hijas se quedan dormidas. Además tengo el teléfono presidencial, así que si la Presidenta me necesita, me puede ubicar. Hay un momento en que tienes que dedicarles todo el tiempo porque si no las niñas lo resienten.

Defínase como papá… Yo soy de piel ciento por ciento, muy cariñoso, pero también pongo muchas reglas. No soy un papá al que le gusta el ‘laissez faire’ (dejar hacer), no. Pongo reglas, hago tareas y exijo orden, pero sobre todo soy un papá que disfruta de sus hijos. Me gusta que las niñas me acompañen al supermercado, salir con ellas el domingo en bicicleta cuando cierran las calles de Providencia. También soy fanático del cine y he visto todo lo que puedas imaginar para niños, aunque a veces me retan porque me quedo dormido. Vamos a museos y galerías, tratamos de hacer juntos todo lo que podemos.

¿Y no reclaman cuando les lleva de visitas culturales? No, ninguno de mis hijos. Lo disfrutan, y cuando viajamos al extranjero también los llevamos y obviamente se les abre la mente porque hay cosas extraordinarias. Tengo familia que vive en Francia y nos ha tocado hacer viajes lindos con ellos.

¿De sus hijos, quién se parece más a usted? No sé, todos tienen algo. Liam y la Matilde se parecen mucho entre sí, son tímidos los dos. Mi hijo, que vive ahora en Múnich (Alemania) y cuyo regreso a Chile en agosto espero ansioso, va a cumplir 15 años y en esta etapa tenemos una complicidad que se acrecienta, todo es entretenido con él. La Lauri es chiquitita, puro amor y cariño, y la Clari es extraordinaria, la hija soñada, todo lo hace bien. Son muy chicas todavía para entender su nombramiento… Cuando se enteraron saltaban de felicidad, sin entender todavía mucho. La Clarita fue a La Moneda el año pasado, en esas visitas que hacen con los colegios, y se juntaron con tres ministros. Cuando se enteró de mi nombramiento, me dijo: “Papá, ya no quiero ser presidenta, quiero ser ministra”… (ríe). Entonces me dio risa, como que asimilaron este tema. Se han dado cuenta de la situación y el cambio, pero han sido superpositivas.

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Cuando nació Liam, su hijo mayor, el ministro Ottone, que entonces vivía en Alemania, se tomó un año sabático para no perderse sus primeros meses. “Tomé la decisión de ser papá a tiempo completo. Además, en Europa, el Estado te aporta financiamiento. Fue una época maravillosa y siempre recomiendo a la gente que si algún día pueden pasar esa experiencia, lo hagan porque uno se acerca más a sentir lo que es ser mamá, que es otro rol, y el primer año de las guaguas es fundamental”.

Impensable hacer ahora algo parecido… No, y con las niñitas nunca pude. Cuando salió la ley, sí me tomé los seis días con la Matilde hace cuatro años, no de corrido, pero los tomé.

Ha sido papá en tres etapas bien diferentes de su vida… Sí, y lo rico de eso es que te va entregando herramientas para entender los procesos, y si antes tenía menos paciencia, hoy con las niñas tengo mucha más. Eso no quiere decir que no haya cosas que obviamente me exasperen, pero tengo la suerte de que mis hijas no son mañosas, no son de las de hacer berrinche, y eso a mí me ha ayudado mucho porque la relación con los niños es una cosa y la relación con las niñas, otra; algo que no conocía. Mi mundo era muy masculino y de repente en los últimos ocho años se ha transformado en un matriarcado.

COMO HIJO

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Ernesto Ottone vivió muchos años fuera de Chile. Con su familia se mudó a Hungría cuando no había cumplido un año porque a su papá, del que heredó el nombre y muchos rasgos, le dieron entonces un alto cargo internacional en las Juventudes Comunistas (con los años llegaría a convertirse en uno de los principales asesores del presidente Lagos). Después ya no pudieron regresar porque se produjo el golpe militar en Chile. Budapest fue solo la primera escala. Vivió también en Alemania, Italia, Francia (en varias etapas), Austria y Uruguay. Tenía 18 años cuando volvió a su país.

¿La relación con sus hijos se parece a la que tuvo usted con su papá cuando era chico? No, mi papá, por su rol político y el cargo que ejercía, pasó poco tiempo conmigo en los primeros nueve años de mi vida. Después fue mi mamá, con quien siempre tuve una relación muy estrecha, quien trabajó, y mi papá no, porque estuvo haciendo su doctorado durante dos años, así que diría que viví todas las experiencias. Hoy soy el mejor compañero de mi papá, somos cómplices, nos reímos, puro cariño. Pero te diría que la relación de padre e hijo que estoy teniendo con mis hijos, yo la tuve de mayor con mi papá, eso se fue construyendo.

¿Qué recuerdo lindo guarda de su infancia en relación con su papá? Nosotros vivíamos en países del Este y el acceso a bienes materiales era muy escaso, los países comunistas tenían esa cosa. Entonces, claro, la venida de mi papá tenía que ver con que había un regalo, algo que no existía allá, como un autito o un chocolate, cosas muy sencillas. Mi infancia está asociada a que la llegada de mi papá implicaba algo que para mí era inasequible.

¿Cómo le gustaría que fueran sus hijos el día de mañana? Lo único que quiero es que sean felices, no tengo ninguna expectativa más allá de que sean felices, íntegros y solidarios. Si se meten en el tema de las artes, como yo, feliz; o si terminan siendo ingenieros o doctores, eso es decisión de ellos. Mi expectativa es la felicidad, que vivan una vida a concho.

¿Tiene roces con su señora por la educación de los hijos o están bastante de acuerdo los dos? Ciento por ciento, tenemos una sintonía perfecta con la María José en general en todo, en temas de educación también. De repente ella se pone más exigente con algunas cosas. Ahora estamos tratando de entender lo que es el método Singapur de matemáticas, que no tiene nada que ver con la materia tradicional. Ella no tiene tanta paciencia y yo trato de entender, soy quien veo ahora el tema de las matemáticas (los niños estudian en el Saint George, el mismo colegio al que iba la mamá).

Cambiando de tema, la política o el arte, ¿qué es más agradecido? Ninguna de la dos. El arte no es muy agradecido, créeme que llevo años en esto, y la política hoy en día está devaluada. Pero opino que, en ambas materias, si bien uno no siempre recibe el reconocimiento por lo que hace o por los avances que logra, hay un trabajo intenso en el que se sabe cuándo se hace bien la pega y cuándo eso va a beneficiar al vecino, a los ciudadanos. Ahora, que estuve en regiones, es impresionante el pequeño aporte que se puede hacer desde la cultura al cambio de la vida de la gente. Eso es real, no un discurso, pero hay que practicarlo todos los días y trabajar el doble. El otro día fuimos a inaugurar un proyecto regional sobre cultura móvil, que es un container que viaja por las comunas donde no hay espacios culturales, y yo veía la cara de la señora que sacaba el libro de la biblioteca… Es un gran aporte.

Feliz entonces con el cargo, a pesar de lo que va a implicar en su vida familiar… Sí, lo encuentro un desafío muy lindo en un momento tan difícil. Y yo creo mucho en la Presidenta, en que el Gobierno puede hacer los cambios estructurales que se necesitan, y de eso quiero participar. Cuando decidí quedarme en Chile fue porque creía que podía hacer un aporte, cuando construí un centro cultural (estuvo a cargo de Matucana 100) es porque creía que era una forma distinta de hacer cultura en este país, cuando entré en la Universidad de Chile a cargo de los cuerpos estables, fue porque sabía que podía aportar para modernizar la gestión. Y sí decidí hace unas semanas aceptar el cargo de ministro, es porque creo que tenemos las herramientas suficientes para destrabar algunas cosas que hoy en día da la sensación de que no avanzan.