Moda

Tutús para los cisnes

El incendio que afectó al Teatro Municipal de Santiago el año 2013 destruyó las bodegas de trajes, zapatería y utilería de decenas de obras, y aunque de las cenizas se rescataron algunas piezas, el vestuario del ballet El Lago de los Cisnes -que se estrena este 27 de mayo- quedó inutilizable. Acá detallamos cómo fue la minuciosa preparación de la indumentaria que vestirá a este clásico.

  • Maria Paz Maldonado

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Foto: Alejandra González Agradecimientos: Teatro Municipal de Santiago

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Los tutús profesionales deben confeccionarse con un tul muy rígido, para que las 7 capas de tela que lo componen se mantengan perfectamente horizontales alrededor de la cadera de la bailarina y así no se oculte ningún centímetro de sus piernas ni la perfecta ejecución de sus giros y saltos. Por eso a las vestuaristas del Teatro Municipal les aparecen pintitas rojas en el antebrazo cuando los confeccionan. “Mientras más dura sea la tela, es mejor para el tutú, pero no tanto para nosotras porque, como se cosen a mano, inevitablemente nos pinchamos”, cuenta Teresa Cereceda, jefa del taller de vestuario del teatro, quien lleva más de 30 años haciendo trajes para óperas y ballets. En su escritorio del taller -ubicado en el tercer piso del edificio- se arremanga el delantal y aparecen las pintas como prueba de que están trabajando a toda marcha en el vestuario para El Lago de Los Cisnes.

1-300x500Aunque el Ballet de Santiago ha interpretado varias veces esta obra, en esta vez oportunidad hubo que partir prácticamente de cero. “El incendio del 2013 arrasó con la bodega de la calle San Antonio, y se quemaron tocados, pelucas, utilería y trajes. De las cenizas pudimos rescatar algunos tutús que estaban en cajas, y que inexplicablemente sobrevivieron, pero cuando los sacamos el año pasado nos dimos cuenta de que estaban amarillentos y con olor a humo. Algunos los guardamos porque sirven para ensayos, pero para la obra hubo que confeccionar todo de nuevo”, describe Eugenia Ithurralde, vestuarista del taller que entró a trabajar al teatro hace 37 años como encargada de camarines. Ella y Teresa viajaron a Nueva York durante los 80 para perfeccionarse en la confección de tutús en el American Ballet Theatre, gracias a una beca gestionada por Iván Nagy, en ese entonces director del Ballet de Santiago.

Por sus manos y máquinas de coser ha pasado la indumentaria de ballets como Coppelia, Giselle, Cascanueces y La Bella Durmiente, entre otros títulos. “Somos uno de los pocos teatros que aún conservan su propio taller, porque hoy en día la mayoría manda a hacer todo afuera”, enfatiza Ithurralde.

El diseño de vestuario y escenografía es de Pablo Núñez, destacado diseñador teatral de la Universidad de Chile que el año pasado ganó el premio Altazor en la categoría Diseño Escénico por el ballet Mayerling. “Este vestuario (El Lago de los Cisnes) lo creé para la presentación de la obra en Amberes (Bélgica) el año 2010, y en esta ocasión lo repliqué. Presenté los bocetos con cada tela al departamento de vestuario y he seguido la confección paso a paso. Todos los materiales son chilenos”, cuenta.

Las directrices creativas de Núñez se entregaron a las vestuaristas del taller en una carpeta que contiene toda la información necesaria para construir los trajes y accesorios. “Es como nuestra biblia”, explica Teresa, mientras abre una a una las páginas de un abultado dossier con bocetos, figurines, muestras de telas y un sinfín de anotaciones al margen.

El armado de un tutú

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La vestuarista Eugenia Ithurralde en el taller del Teatro Municipal ordenando los tutús antes de una prueba con las bailarinas.

Antiguamente las vestuaristas del teatro utilizaban 14 capas de tela para armar la falda del tutú, pero luego de estudiar en Nueva York redujeron el número a la mitad, lo que equivale a unos 10 metros de tela. El volumen y rigidez necesarios que debe tener ‘el plato’, como llaman la falda, se consiguen con cientos de puntadas estratégicas que se hacen a mano. El resultado es una especie de disco que luego se adhiere al calzón de lycra. Terminado el faldón se une el corpiño, y para finalizar se cosen las aplicaciones, que para los cisnes de la obra son de gasa arrugada al agua y cintas doradas.

Las bailarinas, aunque delgadas y menudas por definición, tienen características únicas que dificultan la compostura del tutú. “Algunas, por ejemplo, tienen una escápula más arriba que la otra o el pecho irregular, entonces hay que ajustar la confección de acuerdo a cada una. Un arreglo común que hacemos es la ‘pinza Sara’, las nombramos así en honor a la bailarina Sara Nieto; ella es muy delgada, pero no tiene mucha cintura, entonces cuando la vestíamos, le hacíamos una pinza que marcara esa parte. Ahora aplicamos la misma técnica con varias bailarinas”, cuenta Eugenia.

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Un corpiño y un tocado de El Lago de los Cisnes que sobrevivieron al incendio.

Con el vestuario y las pruebas listos vienen los 3 ensayos finales de rigor: técnico, pregeneral y general. Cada uno con toda la producción del montaje, desde maquillaje hasta los detalles de los tocados sobre los tomates que coronan a las bailarinas. “Muchas veces en los ensayos nos damos cuenta de qué funciona y qué no. Porque además sobre el escenario se ve desde otra perspectiva”, dice Felipe Mandiola, diseñador que crea todos los accesorios y tocados del Teatro. Para El Lago de los Cisnes utilizó plumas sintéticas, a diferencia de las reales que adornaban los tocados que se quemaron, e incrustaciones de fantasía.

Este clásico regresa el 27 de mayo al Municipal, con la versión coreográfica de Marcia Haydée y protagonizada por las bailarinas Maite Ramírez, Andreza Randisek, Romina Contreras y Katherine Rodríguez. Con las partituras originales de Tchaikovski -bajo la dirección musical de José Luis Domínguez-, el ballet promete encantar con el dramático amor de Sigfrido y la princesa Odette convertida en cisne, y que en esta ocasión estrena nuevo plumaje.

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La mayoría de las aplicaciones se cosen a mano.

El Incendio


El 18 de noviembre de 2013, un poco antes de las 2 de la tarde, un desperfecto eléctrico ocasionó un incendio en las bodegas del segundo y tercer piso de la calle San Antonio con Moneda, donde se guardaban accesorios, utilería y parte de los vestuarios. El siniestro convirtió en cenizas el trabajo del taller de vestuario del teatro para obras como Mayerling, Cascanueces y El Lago de los Cisnes, y aunque se rescataron algunas piezas de los escombros, el agua y el humo imposibilitaron su reutilización. En el siniestro se quemó un 10% del teatro, lo que incluyó las bodegas y dos salas de ensayo.

Largos y cortos


Tutú romántico: Incorpora una falda que llega por debajo de la rodilla, con tul sin almidonar para que caiga por su propio peso. Puede comenzar en la cintura o en la cadera. El tutú tiene mayor fluidez con cada movimiento, pero cubre gran parte de las piernas de la bailarina.

Tutú de plato: Su falda es rígida y horizontal al eje de las caderas de la bailarina, con tul almidonado para darle rigidez y dejar al descubierto las piernas. También se conoce como tutú italiano.