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¡El amor está en el aire!

¿Buscar una pareja por internet? “No seas anticuada, este es el siglo XXI”, dijo mi amiga, y frente a sus palabras no me quedó otra que cruzar el umbral del siglo con ella.

  • Carla Guelfenbein

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DestCaroline tiene 59 años y se separó hace 5. De origen francés, se vino a Chile cuando se enamoró de quien fuera su marido por 35 años. Hoy, Caroline es casi chilena, con ese encantador acento que solo pueden ostentar los franceses. Durante 5 años, según ella, no hizo más que lamentarse de su triste destino. Hasta un jueves del pasado diciembre, exactamente a las 6 de la tarde, en que decidió que estaba sanada. Fue cuando supo que su exmarido tenía una pareja, y se dio cuenta de que no le importaba, que, por el contrario, se alegraba por él. Era hora de ella también dejar atrás los malos tiempos y pensar en la posibilidad de encontrar a alguien. ¿Pero dónde buscar? Caroline tiene 25 maravillosas amigas, todas muy inteligentes, guapas y autosuficientes, todas separadas y todas sin pareja. Pero además, por más que intentara ampliar su visión, no veía ni en el más remoto horizonte algún hombre que le interesara. ¿Qué hacer? Fue entonces que alguien le dio el dato que buscara en internet. Cuando me lo contó, me pareció una locura: ¿buscar una pareja por internet? “No seas anticuada, este es el siglo XXI”, me dijo, y frente a sus palabras no me quedó otra que cruzar el umbral del siglo con ella. Mal que mal, para eso están las amigas. Poco después me enteraría de que el negocio del dating hoy es inmensamente rentable. En Inglaterra solamente, se calcula que llega a los 3 billones de dólares. También se ha comprobado que hoy una de cada cinco relaciones comienza online.

Invité a Caroline a casa, y juntas empezamos a explorar. Sin embargo, cuando pusimos en Google las palabras “buscar pareja” y nos salieron decenas de imágenes de mujeres ofreciéndose como si fueran vacas lecheras de exposición, nos descorazonamos. No fue hasta unas semanas después que alguien le dio a Caroline el dato de un sitio en particular. “Al menos el sistema es medianamente científico”, me dijo. De hecho, cuando entras debes responder una serie de preguntas: tu edad, el lugar donde vives, altura, origen, si quieres tener hijos y si eres creyente o no. Además de otras que definen más o menos tus intereses. Esta información es procesada por una computadora a través de algoritmos, y el sitio te envía varias alternativas. Caroline fue sincera en su perfil (cosa que imagino muchos no lo son). Sabía que sus 59 años no le jugaban a favor, tampoco que no cumpliera con los cánones del 90/60/90, pero, como me dijo, “prefiero encontrar un viejo enano y fiel, que un joven de metro ochenta y fresco”. Lo único que no hizo fue poner una foto. No por ocultar su apariencia, sino que como es alguien relativamente público, no quería que este hecho interfiriera en el asunto. Lo de los hijos nos causó gracia. Imaginamos que debía haber un no despreciable número de hombres, más o menos entrados en años, que respondían afirmativamente a esta pregunta con el fin de no cerrarles la puerta a las mujeres jóvenes. A los pocos días recibió un mensaje del sitio donde le recomendaban poner su foto. La fotografía, aunque revelara sus 59 años, y por entradita en carnes que estuviera, aumentaba sus posibilidades en un 80% de que alguien se interesara en conectarse con ella. Así lo hicimos, pusimos una foto en que aparecía con unas apoteósicas y oscuras gafas de sol, que le daban una apariencia de estrella de cine pasada de moda, y la incluimos en su perfil. Al cabo de una semana ¡tenía respuesta! En la foto, el tipo se veía bastante guapo. A los pocos días se encontraron a tomar un café.

¡Mi amiga Caroline entraba por fin en las lides del amor por internet! Este sería el comienzo de un brutal y excitante periplo por los vericuetos del amor y la seducción, y que seguiré paso a paso compartiendo con ustedes en mi próxima columna.

¡Los espero!