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Exposición en Londres: Alexander, El Grande

Es una de las retrospectivas más ambiciosas del Victoria and Albert Museum de Londres, la muestra Alexander McQueen: Savage Beauty, que registró un récord de venta de 70 mil tickets previo a su estreno.

  • Revista Mujer

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Por: Janet Barra O. desde Londres Fotos: Victoria and Albert Museum, London 

Dos días antes de su apertura, revista Mujer visitó esta exhibición que celebra la trayectoria de uno de los creadores más elocuentes y vanguardistas de Gran Bretaña.

Luego de un recorrido de tres horas por Alexander McQueen: Savage Beauty, al ingresar a la última habitación el visitante cae en cuenta de lo que acaba de experimentar gracias a las palabras del propio McQueen: “No hay punto de retorno para mí. Te voy a llevar por viajes que nunca imaginaste posible”, se lee en una de las paredes. Y así es, una experiencia que abruma, una travesía por la mente de uno de los diseñadores más innovadores de su generación, quien puso fin a su vida en 2010 tras el fallecimiento de su madre, Joyce.
Si bien esta retrospectiva se presentó originalmente en el MET de Nueva York en 2011 (realizada entonces por el curador del Costume Institute, Andrew Bolton), su llegada a Londres es especial. Esta vez en el Victoria and Albert, representa un ‘regreso a casa’ literal y, como tal, contempla piezas inéditas que suman 240 atuendos y accesorios desplazados en 10 salas temáticas. Algunos de los ropajes fueron entregados por coleccionistas como Katy England y Annabelle Neilson (colaboradoras y amigas del modisto), atuendos de la colección Isabella Blow, confecciones que forman parte del patrimonio de la compañía Alexander McQueen, y trajes de la casa de modas Givenchy, donde el diseñador ejerció domo director creativo entre 1996 y 2001. Cada espacio permite calar hondo en los fantasmas, ideales y arrebatos de Lee Alexander McQueen.

Sus primeros años

La conexión de McQueen con Londres existe más allá de las obviedades. Aquí nació, creció y recibió la mayor cantidad de estímulos creativos. Por ello, el salón que da la bienvenida a la retrospectiva reúne sus primeras colecciones (aquellas que nunca fueron comercializadas) con una cita que dice: “Londres es donde me críe, donde está mi corazón y encuentro mi inspiración”.
Aquí descubrió el mundo de la sastrería cuando, a los 17 años, consiguió un puesto de ayudante en la emblemática tienda de trajes a medida Savile Row. Allí recibió las primeras lecciones de costura que más tarde utilizaría para crear y desarmar trajes a su imagen y semejanza. “Paso mucho tiempo aprendiendo cómo construir los atuendos. Lo que es importante para luego ‘deconstruirlos’”, se lee en el salón que recorre su vocación por la sastrería. Luego ingresaría al master en moda de la prestigiosa escuela Central Saint Martins.
Entre las paredes de la sala Mente Salvaje se pueden admirar chaquetas, vestidos y enteritos en los que exploró su entendimiento sobre el corte y la confección, incluyendo el pantalón ‘bumster’, tan célebre como controversial por tener un tiro tan bajo que dejaba parte de la anatomía a la vista. Estas primeras prendas sentaron las bases de toda su obra.

Romanticismo multidimensional

Con sus colecciones, McQueen también exploró las costumbres textiles de diversas culturas como África, India, Turquía y Japón.

Las habitaciones continuas se ‘leen’ tal como si fueran los capítulos de un libro, aunque no siguen un orden cronológico. Muy por el contrario, tienen como línea argumentativa las más profundas motivaciones de McQueen. Su entusiasmo y vasto conocimiento sobre la historia de la moda y el arte cobran vida en el salón llamado Romanticismo Gótico, con piezas pertenecientes a la colección que no alcanzó a terminar, tras poner fin a su vida el 11 de febrero de 2010.
Más oscuro y lúgubre, pero igualmente sobrecogedor, es el espacio Romanticismo Primitivo, en honor a las colecciones de los años 1997 y 2000. En una caverna rodeada de huesos y calaveras se despliegan atuendos que proclaman la dicotomía entre lo rústico y la modernidad, gracias a formas animales y a materiales poco convencionales como abalorios, látex, hebras de cabello y barro.
El cariño que profesaba a sus raíces escocesas trascendió su vida terrenal: sus restos yacen en el cementerio de Kilmuir, en la isla Skye, al norte de Escocia. También lo inspiró en la narrativa de varias de sus confecciones. Los guiños más vívidos los presentó en la apuesta otoño-invierno de 2006, en la que introdujo un estampado tartán bautizado como MacQueen que empleó como un neutralizador de las suntuosas siluetas victorianas que también exhibió sobre esta pasarela. Algunas de estas creaciones se pueden observar en la galería Romántico Exotismo, que muestra su veneración por el kimono y la tradición textil japonesa.

La cabina de curiosidades

El clímax de la muestra es, sin duda, la galería llamada El Cuarto de las Maravillas, que replica un recurso de exhibición que surgió en Francia, durante el siglo 17, gracias a la influencia de los coleccionistas de la época. Una práctica olvidada que presenta los objetos más preciados del diseñador, incluso aquellos que trabajó en conjunto con el sombrerero Philip Treacy, y joyeros como Shaun Leane y Sarah Harmarnee.
La experiencia es multisensorial. Este espacio acoge 120 accesorios y atuendos, entre ellos el vestido Bell Jar realizado con cristales Swarovski (compañía que patrocina la retrospectiva luego de tener una relación laboral con McQueen por 12 años), el calzado alienado de la colección Plato’s Atlantis del 2010 o el sombrero de mariposas del año 2008. La experiencia se completa con la exhibición de sus fashion shows en las 27 pantallas de televisión dispuestas a lo largo y ancho del salón, una reproducción que compite con estímulos auditivos de diversa índole provenientes de todos los rincones.
Esta habitación atrapa al visitante, pues se expande hacia lo alto, donde las piezas se hacen inalcanzables. En medio de esta espectacular escenografía resplandece un giratorio del vestido N°. 13 de la colección de 1999, el mismo que en la pasarela fuera pintado y violentado por dos robots situados a los costados de la modelo Shalon Harlow. “Es la exhibición de moda más grande y más ambiciosa que el museo ha realizado”, afirmó la curadora de la muestra, Claire Wilcox, académica de la London College of Fashion, en la presentación a la prensa el 12 de marzo.
Otro traje es el centro de atención de la galería subsiguiente, aquel con multicapas de organza que vistió Kate Moss en la imagen volátil que sorprendió a la audiencia al término de la pasarela otoño-invierno 2006. Quienes pensaban que se trató de un holograma se equivocaron: se utilizó una técnica original del siglo 19 llamada ‘el fantasma de Pepper’, cuya magia operó gracias al engranaje de proyectores y espejos. Un espectáculo sublime que se extiende por tres minutos en plena oscuridad, acompañado de los violines de la banda sonora de la película La Lista de Schindler (1993).

Naturaleza y vida

Los últimos momentos de esta retrospectiva celebran con dramatismo la influencia que la naturaleza ejerció sobre McQueen, especialmente con la última colección que presentó en vida, Plato’s Atlantis, en 2010. Una pasarela aplaudida y celebrada no solo por transformarse en uno de sus mejores trabajos, sino que también porque pasó a la historia al ser el primer desfile transmitido por Internet.
Cada pasaje de esta exhibición destapa la esencia de un artista que convivió con sus propios fantasmas, ideales y creencias. Un homenaje al hombre y al genio que inició una nueva era en la historia de la moda, tal como el mismo Lee quería ser recordado: “Quiero ser el creador de una silueta o de un tipo de confección tal que cuando me muera, la gente sepa que el siglo XXI comenzó con Alexander McQueen”.

[block_quote cite=] Alexander McQueen: Savage Beauty estará abierta al público hasta el 2 de agosto. Más información sobre las actividades complementarias en www.vam.ac.uk/savagebeauty[/block_quote]