Hombres

Carlos Pascal

De profesión arquitecto, pero con una consolidada carrera como chef, en la cocina de Carlos (37) convergen la perfección estética de la arquitectura y la autenticidad de platos sabrosos. Vive en Madrid hace 12 años, pero su proyecto Kitchen Club lo arrastra de vuelta a Santiago todos los meses

  • Maria Paz Maldonado

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1-300El dicho ‘en casa de herrero, cuchillo de palo’ tiene un doble sentido en el caso de este cocinero. Primero, porque lo suyo efectivamente son los cuchillos, las cucharas, las ollas y los platos, y segundo, porque en su casa es poco lo que cocina, más bien “tunea las comidas”, como dice.

¿A qué te refieres con tunear? Las arreglo un poco. No me gusta cocinar en la casa, así que hago cosas simples y rápidas como una pasta, arroz o una tortilla de papas, una cocina básica más de supervivencia, no la elaborada que hago en Kitchen Club. Me gusta cocinar por placer, no por necesidad.

¿Y tu mujer cocina? Nada. Le he tratado de enseñar, pero ya renuncié. No le gusta, además es muy tradicional para comer, así que cuando tenemos que elegir un restaurante es una batalla, porque a mí me gusta probar sabores nuevos, cosas raras, en cambio ella siempre va por lo clásico. Si le propongo ir a un peruano, ella me sale con un vasco. Estoy entrenando a Leo -su hijo de dos años- para que sea mi partner, y come de todo, así que va bien encaminado.

A los 25 años se fue a vivir a España a trabajar como arquitecto. Durante la recesión económica, para ganar dinero extra, empezó a dar clases de cocina en su casa. “Como buen chileno me encanta invitar gente a comer a mi casa, algo no muy común en Madrid en ese entonces. Durante esas reuniones mis amigos comenzaron a pedirme que les enseñara, y así fue como empecé a dar clases”, cuenta.

De los amigos pasó a los amigos de los amigos, y la cadena se expandió hasta que abandonó la arquitectura y se metió por completo en la cocina. El 2010 fundó Kitchen Club Madrid, un espacio culinario donde se imparten clases colectivas y además se realizan eventos para empresas. “Lo que siempre he perseguido es hacer una cocina sabrosa, me interesa que las cosas sean ricas. Como soy arquitecto, también tengo una fijación por el diseño, los colores y texturas del emplatado, pero lo más importante es el sabor”, describe. La propuesta cayó bien desde el primer día, y actualmente KC tiene reservas hasta para dos meses adelantados. El 2014 fue el año de su réplica chilena, que además del espíritu del proyecto, comparte su éxito desde su inauguración en noviembre.

Terreno de nadie

En el Madrid la mayoría de sus clientes son hombres -la proporción es 70-30, según describe Carlos-, una tendencia que también proyecta para la versión santiaguina de su escuela.

“La mujer tiene una carga histórica que la vincula con la cocina como una responsabilidad para alimentar a su familia, tradicionalmente es su terreno, en cambio el hombre, que antes casi no entraba a la cocina, encontró un espacio donde puede pasarlo muy bien y juntarse con amigos. En general la mujer cocina por necesidad y el hombre por placer”, explica.

¿Ahora la cocina es cosa de hombres? Se la están tomando, además para la industria alimentaria somos los mejores clientes. Cuando una mujer va al supermercado se fija en los precios o en la practicidad de lo que compra, en cambio el hombre se embala y compra de todo solo porque le gusta; va por un pelapapas y vuelve con una KitchenAid”.

[block_quote cite=]El 2010 fundó Kitchen Club Madrid, un espacio culinario donde se imparten clases colectivas y se realizan eventos para empresas. El 2014 nació su réplica chilena.[/block_quote]