Destacada Inicio

El alto costo de los incendios forestales

Ni flora ni fauna se salvan, el fuego arrasa con todo

  • RevistaMujer

Compartir vía email

Por: Carmen Gloria Muñoz Producción: María Eugenia Ibarra Foto: Alejandra González Maquillaje y pelo: Pati Calfio 

Hacen falta años para recuperar bosques y suelos del impacto ecológico. Sigue siendo el hombre el principal causante, tanto por conductas de riesgo como por la explotación de especies exóticas inflamables.

Prevención

Mujer sustentable adentroLos entendidos suelen decir que los incendios del verano se apagan durante todo el año, porque la tarea preventiva es esencial. Y abarca desde la precariedad laboral con que deben lidiar los bomberos, hasta planes de limpieza de matorrales y coordinación con urbanizaciones ubicadas en cerros y cercanas a bosques. Pero también con una gestión forestal que privilegie especies nativas y erradique las exóticas, además de la persecución del delito de incendio forestal -mejores peritajes que permitan arribar a pruebas incriminatorias- y penas realmente disuasivas.

Fogatas, basura, quemas

En las últimas décadas han aumentado la temperatura y las ‘olas de calor’, y con ello la frecuencia e intensidad de los siniestros, pero en la mayoría de los casos son provocados por negligencia humana. Fogatas o cigarrillos mal apagados, basura en zonas boscosas y quemas agrícolas en zonas rurales -para eliminar desechos o ampliar áreas destinadas a plantaciones- son algunas de las causas.

Pinos y eucaliptus

Especies exóticas como pino y eucaliptus, que han sido introducidas como monocultivos en amplias zonas del país para su explotación comercial, son de las más pirofóricas, según expertos. Los pinos contienen gran cantidad de resina y los eucaliptus compuestos volátiles que producen incendios explosivos; una vez encendida, la corteza se desprende y genera focos adicionales. Además, requieren gran cantidad de agua que absorben de las capas del subsuelo y terminan erosionándolo.

Muere todo

Durante un incendio se quema todo aquello que vive en los primeros 10 centímetros de profundidad (desechos orgánicos, insectos y larvas esenciales para mantener la salud del ecosistema y capa de nutrientes). El suelo queda estéril y la lluvia inicia un proceso de erosión que puede terminar en desertificación. Recién a los tres años sobre ese suelo pueden crecer matorrales, pero los árboles tardan 10 años.