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Un hombre menor

Eres tú la que está de pie frente a ese otro hombre bello y joven capaz de ver tu belleza quieta con el asombro de un niño. Y sin miedo.

  • Carolina Pulido

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Es cierto: todo es relativo. Pretender establecer máximas con respecto a las relaciones sentimentales es un total despropósito, por una razón muy simple y a la vez extraordinaria: somos seres únicos y por fortuna el mundo está lleno de bichos raros capaces de romper los moldes más macizos. Así que no voy a decir que descubrí la fórmula mágica para cocinar la pareja exitosa ni que ser como Demi Moore en su minuto es la papa, porque, vamos, al menos la pobre Demi debió haber llorado a mares a su joven adonis, que de un día para otro siguió su camino sin mirar atrás. Y tampoco hay interés de hablar de la tendencia aquella. Ya saben, mujeres solteras de cuarenta, necesariamente regias, realizadas, se buscan un joven fibroso y lleno de vida -también conocido como toy-boy- para pasar el rato. Sí, como el amiguito modelo de Madonna. Sí, como esas tipas que salen a cazar niños vestidas de animal print.

Un hombre menor

Esto se trata de amor. Y tengo la sensación de que algo interesante pasa cuando se encuentran una mujer de cierta edad y un hombre menor (7, 10, 15 años menor) y aparecen los fuegos artificiales en el horizonte. O las mariposas en la guata.
Para empezar, un hombre joven que se para de igual a igual frente a una mujer resuelta e independiente y que asume el desafío de conquistarla emite una brisa fascinante. Ya hemos hablado de aquella cualidad que escasea en la manada y que tiene que ver con saber qué se quiere y cómo alcanzarlo. Y con esa autoconfianza inequívocamente masculina.
Sí, eres tú, la de siempre, la que estuvo emparejada con uno de su edad que emocionalmente no tenía más de 16. La que ya fue madre y no está segura de querer serlo de nuevo. La que tiene un cuerpo de madre. La que va aprendiendo día a día a mirar con amor ese nuevo cuerpo frente al espejo. La que dice con orgullo que está en paz. La que ya no va por la existencia corriendo, compitiendo, sembrando histerias, buscando admiración. Eres tú la que está de pie frente a ese otro hombre bello y joven capaz de ver tu belleza quieta con el asombro de un niño. Y sin miedo. Y ahora te sientes más bella que nunca. Y más valiosa. Y sexi. Porque el sexo tiene un papel importante acá, no lo vamos a negar. Seguramente ya habrás oído hablar de esto. Ocurre que la mujer alcanza su mayor potencial sexual cuando la curva del hombre comienza a decaer. Él tiene su peak a los 20 y se mantiene bien arriba hasta los 30 y tantos, en que comienza gradualmente a bajar. Y adivina qué: la curva de la mujer es al revés: su vida sexual se vuelve más satisfactoria después de que nacen los hijos, después de los 30, y a los 40 llega un renacer sexual. Es real que cerca de los 60 años son pocos los hombres que se mantienen activos a un nivel satisfactorio para una mujer joven. Por eso muchas uniones de cuarentonas y treintañeros funcionan. Simple: ambos están en su apogeo. 

La película la tenían clara las mujeres más notables de nuestra historia occidental. En la lista de quienes se emparejaron con hombres menores figuran Simone de Beauvoir, Agatha Christie, George Eliot, Marie Curie, George Sand y Eleanor Roosevelt. Así, por nombrar algunas. ¿Tendrá algo que ver en esto la cabeza de esos hombres que provienen de otra generación? ¿Será un asunto puramente sexual? ¿Debimos siempre haber considerado aquello de las curvas al pensar en el matrimonio? En una de esas, la clave está en enseñarles a nuestras hijas a encontrar a esos bichos raros -o gemas preciosas- capaces de romper los moldes más macizos. No es nuevo que muchas formas de hacer las cosas siempre debieron ser al revés.