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Celos, celos, celos

Según los estudios del académico Peter Toohey, los celos constituyen una proporción mucho más grande de nuestra vida de lo que imaginamos.

  • Carla Guelfenbein

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1-okCuando nació su hermanita, usted perdió la atención exclusiva que había recibido los primeros dos años de su vida; cuando entraron al colegio, ella se llevó todos los premios, mientras usted luchaba para llegar al cuatro; su mejor amiga se casó con un tipo más atractivo y exitoso que el suyo; a su compañera de trabajo le dieron el puesto que había estado esperando por años o recibió el reconocimiento que debieron darle a usted; los hijos de su hermana se recibieron de la escuela de negocios y leyes, y los suyos, uno es apostador compulsivo y la otra, después de haberle pagado una carrera en la mejor universidad, no sabe qué hacer con su vida; su discípulo que antes lo veneraba, resultó ser más buenmozo y exitoso que usted; su pareja actual está más comprometida con sus hijos de un matrimonio previo que con su relación; su vecina parece siempre feliz mientras que usted lucha contra la falta de ilusión y el desánimo, etc., etc. Celos, envidia. Sentimientos que lo más probable ha experimentado muchas veces en su vida o que incluso está sintiendo en este mismo instante, mientras lee, al recordar todas esas instancias en las que advirtió esa energía demoníaca subir por su estómago, atravesar su esófago y salir en forma de una palabra hiriente, de un exabrupto, del cual, lo más probable, después se arrepintió.

Un libro recién aparecido del académico Peter Toohey sostiene una teoría interesante con respecto a los celos. A diferencia de quienes dicen que el amor hace girar el mundo, o aquellos otros, menos románticos, que le adjudican esta función al dinero, Toohey sostiene que lo que hace girar el mundo son los celos. Según sus estudios, los celos constituyen una proporción mucho más grande de nuestra vida de lo que imaginamos. Pero lo más interesante es que de sus estudios concluye que los celos pueden tener incluso ciertos beneficios. Según él, estos son “un medio potente para sostener nuestros derechos como individuos y, además, una forma de promover la cooperación y el tratamiento justo”.

Ya Darwin sostenía que los celos son una condición innata de sobrevivencia. Un ejemplo de esto es cuando vemos a los cachorros echar fuera de la tetilla de su madre al resto de sus hermanitos. Toohey menciona estudios con perros y monos que se niegan a hacer tal o cual cosa si se dan cuenta de que sus pares están recibiendo más recompensa que ellos por el mismo esfuerzo. Cada individuo está ‘programado’ para hacer todo lo posible por ser el ‘preferido’ tanto en su familia como en su grupo de amigos y en su trabajo.

Toohey sostiene que los celos son una parte integral de nuestro desarrollo, y que surge del miedo más vital de todos: el de ser excluido del ‘círculo de amor y de estima’. Y aquí viene la ventaja de este sentimiento que a primera vista solo trae destrucción. El miedo a ser excluidos puede ser un medio para buscar formas de cooperación y de crecimiento. Todos sabemos que una actitud negativa, arrogante, despreciativa, y siempre confrontacional, terminará por ponernos fuera de ese círculo, y quien queda excluido, necesariamente sentirá celos. Y sabemos también que actitudes como escuchar al otro, ponerse en su lugar, aceptarlo, etc…., nos ayudará a integrarnos, a ser queridos y, por consiguiente, a aminorar la carga de celos. Si vemos que una cierta actitud de alguien provoca aceptación, lo primero que sentiremos probablemente son celos, pero más tarde quizás intentemos reproducir esa actitud, para también recibir la aprobación de los otros.

Entonces, quizás la próxima vez que sienta ese líquido bilioso de los celos subir por su esófago, no se sienta tan miserable, porque podría ser una oportunidad para observar y ver qué puede hacer para ser una mejor persona de lo que es.