Destacado 1/2 2

Fin de año no te metas conmigo

Si esta época del año la deja al borde del colapso nervioso, ponga atención a estos consejos que la harán salir invicta de situaciones incómodas e incluso agarrarles un gustito a a estas fechas

  • RevistaMujer

Compartir vía email

Por: Francisca Colussa Ilustración: Amelia Strong
1_350

¡No tengo tiempo! Ni para ir al baño. Es la frase que más se escucha entre las mujeres en estos días. Es que entre el trabajo -y todos sabemos lo que significa fin de año: balances, informes y planificación del año siguiente-, las fiestas típicas, los compromisos sociales y familiares, y las responsabilidades diarias, es fácil llegar a la ‘locura’ o, al menos, rozar esos límites. ¡Respire! Antes de llegar al colapso recuerde que siempre podemos organizarnos con tiempo, usando nuestro celular como agenda, calendario de eventos, organizador electrónico y hasta para hacer compras online. La tecnología está de su lado, úsela a favor de su salud. Si no logró coordinarse y está corriendo contra el tiempo, “intente llevarlo a cabo con una actitud positiva”, sugiere la sicóloga Claudia Pinto, del Centro Reantú.

La búsqueda del regalo perfecto puede alterarle los ánimos a cualquiera. Las mujeres tendemos a buscar la perfección y encontrar el regalo ideal se puede transformar en una verdadera pesadilla, lo que genera un nivel de estrés alto que no nos lleva a ninguna parte. “El regalo es la representación material del afecto”, explica la sicóloga de Clínica Avansalud Constanza Zúñiga, y coincide con Claudia en que “vivimos sumergidos en la influencia de cumplir con estereotipos que no siempre corresponden a lo que sentimos”. Es por eso que las especialistas recomiendan bajar un poco las expectativas y volver al contenido detrás del regalo: demostrar. “Expresar los sentimientos en una carta, una flor, un dibujo cariñoso o hasta un mensaje de texto representa un regalo también”, dice Zúñiga.

Los platos por la cabeza serían el peor final para la cena en Nochebuena. Pero por más contradictorio que parece, es mucho más común de lo que se cree. Claudia explica que “en estas fechas la gente está más propensa al estrés, lo que genera una mayor irritabilidad y menos tolerancia frente a sus interacciones en general; se produce un efecto de sobreexigencia frente a lo que se establece socialmente respecto de la Navidad y de la llegada del año nuevo”. Esto ocurre por la expresión de una emocionalidad diferente. “Todos nos ubicamos en la nostalgia de evaluar qué hemos hecho y cuáles son nuestras perspectivas para lo que viene, y desde ese lugar nos ponemos más exigentes con nosotros y nuestros familiares”, agrega Constanza. Y claro, los famosos tiempos de balance generan la tensión suficiente para estallar y soltar todo lo que se ha callado/aguantado durante todo el año -y no de la mejor forma-. Por eso no espere a que la gota rebase el vaso y evite que se transforme en una pelea. Como dicen las expertas, exprese sus emociones, no se sobreexija y piense en que no es necesario cumplir con los regalos, la cena y el ambiente, quizás tan solo se trata de disfrutar el compartir con las personas que uno más quiere.

Comida donde los suegros, cena con los jefes, los shows en el colegio de los niños… ahí es cuando nos acordamos de Mafalda cuando dice “¡Paren el mundo que me quiero bajar!”. En esta fecha la agenda está saturada de compromisos sociales de toda índole y mientras eso ocurre, la vida normal sigue y se siente el agobio por la falta de horas en el día. ¡Alto ahí! No pierda la conciencia, respire y piense antes de confirmar a cuánta invitación le hagan. Aprenda a decir que no, no es obligación que asista a todas y que en el proceso lo pase pésimo y viva angustiada, no es necesario. Es importante hacer el ejercicio de bajar la presión y recuperar el sentido de estas celebraciones: compartir y recobrar el sentido del encuentro. Por otra parte, si lo anterior no le interesa y su participación en el compromiso es inevitable, lo recomendable es revisar la actitud con la que se decide participar en estos eventos: “La forma con la que cada uno se dispone frente a la situación será el resultado que se obtendrá”, afirma Claudia. Y agrega: “Por eso es bueno ser positivo y sostener esa disposición, aunque resulte forzada al comienzo, le llevará a sentir que todo está perfecto; el cerebro no distingue realidad de ficción”.