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Diseñadores autores, ¿Los mártires de la moda?

Es difícil moverse en cualquier ámbito profesional, pero hacerlo en esta área es más ingrato. La moda es insaciable. Siempre pide más y se aburre fácil de todo

  • Revista Mujer

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Lo sé, claro que lo sé. Todo comienza como un juego, repleto de esperanzas, proyecciones, idealismo y poesía. Es una carrera contra uno mismo, donde alcanzar la síntesis y una identidad propia puede tomarnos una vida.

El OK de la prensa, el respeto y la admiración del público son objetivos difíciles y no muchas veces se ven claros en nuestras miras. Estoy hablando, sin dudas, de la carrera de diseñador.

La prensa nos ha catalogado de ‘autores’. Esa definición suena cercana a la literatura y es riesgosa. He sido en mi país unos de los primeros ‘autores’, y sé de lo que hablo… He visto crecer y desarrollarse un sinfín de jóvenes talentos, empecinados y sacrificados, y siempre me veo reflejado en ellos en mis comienzos. Por eso va mi mayor respeto a la insensatez y a la locura que los caracteriza.

Es difícil moverse en cualquier ámbito profesional, pero hacerlo en esta área es más ingrato. Ella es insaciable. Siempre pide más y se aburre fácil de todo; su ansiedad por lo nuevo la sobrepasa a ella misma. La vida profesional del ‘autor’ es difícil. Aquí van ejemplos de cómo terminaron algunos genios:

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Alexander McQueen: venerado por el mundo fashion, pero con su marca endeudada, se quitó la vida luego de la muerte de su madre.

Yves Saint Laurent tuvo que luchar largos años contra sus demonios y lo hizo pagando con su salud.

John Galliano, luego de maravillarnos con sus excesos en Dior, fue acusado por sus excesos en la vida real; lo acaban de nombrar director artístico de la Maison Martin Margiela.

Thierry Mugler se ha inyectado en el cuerpo todo lo que ha encontrado a mano, y hoy se transformó en otra persona, ya nada queda de sus geniales creaciones. Hasta su nuevo perfume se llama ¡¡¡ALIEN!!!

Lacroix cerró su casa de alta costura, su último desfile fue gracias a la generosidad de toda su gente; él era el último coutourier.

¿Alguien sabe algo de Claude Montana, Romeo Gigli, Sybila?, parecen haber desaparecido de la faz de la tierra; es como si el negocio de la moda los hubiera dejado al margen, derrotados pero llenos de premios y distinciones.

Ese es el punto difícil, el ‘autor’ se siente satisfecho con el reconocimiento, y vive así, con su ego inflado hasta que su economía colapsa.

Pero no todo está perdido, hay una aliada muy poderosa, que reconocida a tiempo puede salvar a más de uno. Esa socia es la industria. Jeremy Scott, por ejemplo, lleva años asociado a Adidas, en fructífera alianza; lo mismo con Stella McCartney.

Alexander Wang acaba de lanzar su línea para H&M, y también Mary Katrantzou e Isabel Marant. Albert Elbaz en Lanvin, Ricardo Tisci en Givenchy, Francisco Costa en Calvin Klein, Nicholas Ghesquière en Vuitton; han encontrado en estas marcas centenarias su espacio de prédica y desarrollo personal.

La fórmula es clara: genio creativo busca plataforma comercial e industrial para producir, comercializar y difundir sus creaciones. El problema no es ‘ser autor’, el asunto es creérselo.