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La nueva (y exclusiva) manera de vitrinear

La originalidad se ha convertido en un producto exótico y silenciosamente surgen espacios diferentes que proponen a una clientela acomodada no lo que se usa… sino lo que se va a usar. Just one Eye, en Los Ángeles, es un ejemplo.

  • Florencia Sanudo

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Para comenzar, está muy lejos de las calles comerciales de Beverly Hills y West Hollywood, donde se encuentran todas las mejores tiendas de Los Ángeles. Ubicada en 7000 Romaine St., en una zona industrial, en el edificio art deco donde antiguamente funcionaba el estudio de cine de Howard Hughes, Just one Eye se presenta discretamente, casi con cautela. Sin vidriera ni letrero evidente es imposible caer allí por casualidad. Ni siquiera es posible entrar por la puerta principal, siempre cerrada, sino que debe tomarse una entrada lateral donde un hombre, perfectamente trajeado, recibe a los visitantes y los acompaña por un largo corredor, a través de varias puertas metálicas, hasta el enorme espacio central de 800 metros cuadrados.

En las paredes, obras de arte: fotos numeradas, un tríptico de desnudos de Murakami, una pintura de Damien Hirst. Diseminados aquí y allá, una mezcla de muebles vintage entre los cuales un sofá realizado con un balcón de iglesia gótica, un extraño trono de Carlo Bugatti, un gigantesco biombo de metal y vidrio, sillas en papel maché, lámparas industriales, escritorios italianos de los 60 y sillones-puercoespín en cuero, del estudio de diseño Blackman Cruz, que parecen salidos de una película de Tim Burton. Todo está en venta. O casi (ni el más encaprichado millonario podrá hacerse con las pinturas de Hirst y Murakami, favoritas de su propietaria). La ropa que cuelga de los exhibidores de metal dispersos a través del gran espacio proviene tanto de oscuros diseñadores como de algunas de las marcas de lujo más conocidas y reconocidas.

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Just one Eye es la idea de Paola Russo, su cofundadora (el nombre de su asociado/a es un secreto), quien lanzó el concepto, primero como tienda virtual en noviembre de 2011 y en su versión física en enero del año siguiente. Tunecina criada en Francia, trabajó para Ann Demeulmeester y fue directora artística de Maxfield, tienda cool de Los Ángeles. Russo frecuentó esta ciudad durante más de 20 años hasta que decidió instalarse definitivamente. Desde allí destila su ‘visión’, de ahí el nombre de la tienda, Just one Eye (solo un ojo). “Quería realizar mi propio proyecto, un concepto diferente, inusual, un sitio original pero donde la gente pudiera sentirse cómoda, tomar un café”, dice. Una idea donde comercio online y espacio físico van de la mano. “Creo que un espacio físico es necesario para construir la confianza de aquellos clientes que prefieren la experiencia de tocar y probar la mercancía antes de comprar online”, explicaba a Los Angeles Times.

Para todos los gustos… pero no para todos los bolsillos
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“Tenemos colecciones exclusivas, de creadores muy conocidos y marcas más pequeñas, cuyos diseñadores son también muy talentosos. Quiero dar una oportunidad a todo el mundo”, dice. Por ejemplo, para mujeres eso significa vestidos metálicos de Paco Rabanne, camisas y pulóveres de Anthony Vacarello, piezas de cuero y gamuza de Jean-Claude Jitrois; así como prendas de Christophe Lemaire, Pedro Lourenço, Valentino, Bouchra Jarrar (ex mano derecha de Nicolas Ghesquière), Proenza Schouler, The Row, Alexandre Vauthier (cuya ropa ceñida es favorita de Beyoncé y Alicia Keys) o Maiyet, una marca de ropa sostenible pero muy chic. La ropa para hombres, que representa el 30% de la propuesta, es también una mezcla de nombres establecidos -como Costume National, Valentino o Yohji Yamamoto- y otros que lo son menos, como el canadiense Raif Adelberg o el francés Séraphin. Pero todos tienen algo en común: son terriblemente cool. No por nada este enorme hangar se ha convertido en el terreno de compras favorito de los ricos y famosos.

Desde su apertura, Just one Eye llamó la atención por sus proyectos especiales; por ejemplo, una extravagante edición limitada de mochilas en cocodrilo adornadas con círculos o pastillas de colores, entre el artista inglés Damien Hirst y The Row, de las mellizas Olsen, al astronómico precio de US$ 55.000 (¡y agotada!); una colección cápsula de Converse Chuck Taylor fabricada a partir de una tela del artista Nate Lowman (US$ 25.000) o con la joven firma de joyas Hoorsenbuh, cuyas piezas vanguardistas cuentan con el favor de Kristen Stewart, Katie Holmes y David Beckham, cuyo showroom funciona en un espacio privado en el local. “Hacemos algunas colaboraciones, aunque no me gusta la palabra, está muy explotada. Prefiero hablar de ‘trabajo de equipo’ -decía Russo a LA Confidential, la revista glossy de Los Ángeles-, creo que el mundo va demasiado rápido para un solo cerebro, necesitamos colaborar, compartir y dar más…”.
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Para Paola Russo, la clave del estilo es la mezcla. “Me gusta combinar la cultura con el arte, la moda, las texturas diferentes”, dice. Por eso la ropa es solo parte de la experiencia Just one Eye. Los coleccionistas pueden adquirir los rinocerontes pop de Victor Douieb (US$ 15.000), fotos de Andy Warhol (US$ 100.000), o alfombras inspiradas en dibujos de Alexander Calder (por alrededor de US$ 40.000). Aquellos que lo tienen todo quizás se dejen seducir por una colcha de cachemere y visón (US$ 12.000), un sofá de cerámica en forma de labios de Anacleto Spazzapan (US$ 22.000) o un juego de plato y dos cubiertos de madreperla (US$ 5.950). Las ricas seguidoras de moda probablemente se tentarán con los clutchs de Olympia le Tan (alrededor de US$ 2.000), un abrigo multicolor de Chloé (US$ 4.200) o los zapatos en PVC y cocodrilo de Gianvito Rossi (US$ 2.845). Aquellos con un presupuesto más reducido pueden optar por las velas originales del Hotel Costes de París, un mug Sopa Campbell, un rallador de queso en acero inoxidable, un tank top de ATM o las camisetas de Gofast. Pero no mucho más: para comprar en Just one Eye hace falta una cuenta de banco bien aprovisionada y ningún complejo de culpa.

Sin embargo, no hay mejor lugar para husmear las tendencias. “Queremos que la gente se pregunte ¿qué es lo que viene ahora?, dice Russo. Por eso las instalaciones, agrega, cambian cada tres semanas. “LA es la ciudad ideal para experimentar, pues aquí hay mucha libertad y espacio y es lo que la hace interesante” dice. No sólo eso. “Paola tiene una visión de águila – confiaba su amiga Mary Kate Olsen a Los Angeles Times – ella sabe llevarte a un lugar diferente cada temporada”. Y lo hace de una manera a la vez desmesurada y totalmente discreta. En todo caso, una certeza: en una ciudad que ha visto más que su cuota de cosas excesivas, Just One Eye, llama la atención. No es poco.