Belleza

La química del placer

A menudo sucede que se obtiene tal goce, que se busca repetir la experiencia cuando y tanto se pueda. Mientras recuerda esos momentos de regocijo, conozca cómo es que su cuerpo experimenta esas emociones que, a largo plazo, entrenan las preferencias y gustos de cada persona.

  • Janet Barra

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Foto: Agencias

400-interiorNo existe onomatopeya suficiente para describir la sensación de placer -que se mantiene por escasos minutos- tras disfrutar al máximo de una situación particular. Pero para llegar a este estado de exaltación han sucedido diferentes procesos en el cerebro, conscientes e inconscientes. “Tiene que ver con la estimulación de ciertas vías neurofisiológicas que pertenecen al circuito de recompensa e implica la liberación de dopamina, que se asocia a una sensación tan grata que invita a la repetición”, explica el doctor Jaime Santander, profesor del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica. Toda esta activación cerebral cumple una función biológica: dar respuestas a necesidades básicas del ser humano. “Si falta hidratación, alimento o abrigo el cuerpo busca ese ‘algo’ y activa una serie de mecanismos para encontrarlo, y cuando sucede el cerebro envía una señal para detener la búsqueda, por eso sentimos placer”, dice el doctor Pedro Maldonado, investigador del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica de la Universidad de Chile. Si el resultado satisface, entonces se buscará obtener esa placentera sensación una y otra vez.

Gozando se aprende

Aparte de las motivaciones básicas de todo ser humano existen otras mundanas que se entienden como ‘gustos entrenados’: comprar un par de zapatos deseados, practicar una disciplina deportiva en particular, ver una película o leer un libro. “Ahí entramos en un área que depende de la historia de cada cual, de aquello que lo motiva y por lo tanto le genera satisfacción”, cuenta el doctor Jaime Santander. La aceptación social, por cierto, juega un rol importante en este aprendizaje pues también activa el circuito de recompensa.

Paralelo a esta actividad cerebral se liberan distintos químicos y elementos, especialmente la dopamina, una hormona que es liberada por el hipotálamo. “Tiene muchas funciones. Entre ellas influye en el comportamiento, el sueño, el humor, la atención y el aprendizaje”, enumera la doctora Dina Schachter, endocrinóloga de la Clínica Santa María, entre las funciones de la dopamina. En conjunto se estimulan otros elementos como la endorfina, la serotonina y la oxitocina.

El ejercicio físico es uno de los mejores ejemplos de un ‘placer’ aprendido, porque en estricto rigor no se considera como una necesidad esencial para la sobrevivencia. Sin embargo, al practicar un deporte se movilizan varias hormonas, entre ellas las endorfinas, que generan un estado de bienestar y energía en quien lo practica y que aumentará en la medida en que la actividad sea intensa (sobre el 60% del consumo de oxígeno). “Se ha descrito que el efecto de las endorfinas dura períodos cortos, en general unos 60 minutos. Por lo tanto la rutina física se debe practicar de forma regular, al menos tres a cuatro veces por semana para lograr el efecto esperado y mantener esa sensación en el tiempo”, describe el doctor Gonzalo Fernández, jefe de Medicina del Deporte de Clínica Alemana. Por lo tanto, la producción de endorfinas también se puede entrenar.

Cada vez que una persona satisface una necesidad primitiva se libera dopamina y la consecuente sensación de placer. El resto es puro aprendizaje de los gustos, según la historia personal de cada uno. Primero viene el ‘necesito comer’ y luego ‘qué es lo creo que es sabroso para probar’. Según la naturaleza de la acción es que se liberan hormonas que aportan emociones alternativas:

Endorfinas: estimulan un bienestar generalizado, de manera que fortalecen el sistema inmune. Se liberan con un deporte, un baile y las experiencias sexuales.

Oxitocina: principalmente vinculada a la lactancia, también interviene en los lazos de afecto con quienes nos rodean. Se presenta en situaciones como la caricia de un ser querido, durante un masaje, al disfrutar de un trozo de chocolate.

Serotonina: este neurotransmisor inhibe el mal humor y la agresividad. Se condiciona por la luz solar, por lo tanto en primavera y verano se da un aumento ‘natural’ de la sensación de bienestar.