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Luto: La muerte le sienta bien

El luto riguroso desapareció de nuestras vidas. Sin embargo, en una época era una obligación ineludible regida por un código severo. El Anna Wintour Costume Institute del MET de Nueva York presenta la muestra Death Becomes Her, que recorre las modas en materia de luto en su apogeo de 1815 hasta 1915.

  • Florencia Sanudo

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Fotos: Metropolitan Museum of Art 

La reina Victoria con sus hijas, Victoria y Alexandra, y su nieta Alix en 1879, año de la muerte de su nieto Waldemar de Prusia.

A finales del siglo XIX y principios del XX el hombre afrontaba el tema de la muerte de manera muy diferente. Hoy la defunción se esconde en hospitales y tanatorios, lejos de la vista y de la casa familiar; pero antes, para la gente en duelo, la demostración pública de su pena era tanto una necesidad como un deber. Y puesto que en el siglo XIX todo estaba codificado (se vestía de una manera particular para tomar el té, salir a pasear, recibir visitas e ir a la ópera, por ejemplo), el dolor por la pérdida de un ser querido se manifestaba mediante una indumentaria de luto sujeta a una complicada serie de reglas. Básicamente, en negro.

Pero el negro no es el color universal del luto. En Egipto y Etiopía es el amarillo; en Corea, el azul; en Tailandia, el púrpura. En Oriente en general se usa el blanco, pues se considera que el difunto se transforma en luz y se eleva hacia la inocencia y la inmaculez. En Occidente, en cambio, vuelve a la tierra, deviene en cenizas y parte hacia la oscuridad. El negro comenzó a usarse para el duelo cuando, en 1598, la reina Ana de Bretaña lo adoptó tras la muerte de su esposo, Carlos VIII, Rey de Francia. Pero cabe señalar que también era uno de los colores usuales para las novias (junto con el azul, marrón, rojo y gris), hasta que la joven reina Victoria de Inglaterra se casó de blanco con el príncipe Alberto en 1814 e impuso la moda. Irónicamente, es la misma Victoria, quien tras la muerte de su adorado esposo en 1861 se enfundó en ropas negras hasta su muerte, en 1901, cuarenta años después.

Vestido de crepe y muselina, por Karin L. Willis.
Vestido de crepe y muselina, por Karin L. Willis.

Duración y etapas del luto

El tiempo dedicado al luto dependía de las zonas geográficas. En algunas zonas rurales de Rusia o Polonia así como de España, Portugal, Grecia y otros países mediterráneos, aún hoy las viudas visten de negro toda su vida. A principios del siglo XX se esperaba que una mujer llevara luto entre un año y medio y dos años y medio por su marido, de uno a dos años por padres o hermanos, de seis meses a un año por abuelos y niños de más de 10 años y de tres a seis meses por tíos y niños menores de 10. Debido a la frecuencia de la muerte, no solo por enfermedades sino debido a las guerras y la altísima mortalidad infantil, muchas pasaban gran parte de su vida adulta en luto.

¿Qué significaba estar de luto? Por lo pronto, ponía un paréntesis en la vida social. El duelo impedía asistir a eventos mundanos, recibir y devolver visitas a domicilio, excepto las de pésame durante los primeros días, y toda actividad que pudiera interpretarse como entretenimiento.
En lo que se refiere a las reglas que regían la vestimenta del luto, eran sumamente estrictas. El período de duelo se dividía en tres etapas: luto riguroso, medio luto y luto aliviado. Durante el luto riguroso era imprescindible que toda vestimenta fuera en un tejido sin brillo como la lana y el alepín (una mezcla de lana y seda), pero el material por excelencia era el crepe. En los últimos años del siglo XIX se consumía en tales cantidades que su monumental producción hizo surgir varios imperios textiles.

Por el fallecimiento del rey Eduardo VII, la carrera de Ascot de 1910 se vistió de luto.
Por el fallecimiento del rey Eduardo VII, la carrera de Ascot de 1910 se vistió de luto.

Era costumbre que la viuda, para asistir a la ceremonia o durante los primeros días, llevara un velo negro que le cubría el rostro. Más adelante este velo se echaba hacia atrás, “a la americana”. Hasta 1910 la capota, un sombrero que escondía el rostro, era de rigor para una mujer enlutada, por lo menos durante el primer año.

Durante el medio luto se daba lugar a textiles más ricos y a vestidos menos severos, a los que se podían añadir algunos adornos en muselina de seda mate, broderie, guipure, lazos, flecos o cintas en terciopelo o seda. En este segundo período podían utilizar los sombreros de fieltro adornados con alas y plumas, hojas y flores negras y velos más cortos. En el período del luto aliviado se empezaba a usar ropa normal siempre y cuando fuera en colores apagados como gris, blanco, púrpura o malva. Pero este cambio era sutil y gradual y comenzaba primero con adornos en esos colores -moños, cinturones y botones de colores- sobre vestidos negros. A estos se los llamaba de transición.

¿Y los hombres en todo esto? Para ellos era más corto y más sutil. Llevaban trajes oscuros, corbatas de seda lisa, un crespón en el sombrero y algunas veces una banda en el brazo, el único signo que perduró hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Los niños no estaban ajenos al proceso y también había reglas para ellos: luto blanco hasta los siete años, de siete a doce se combinaba blanco con negro o con gris, y a partir de los doce años se les hacía llevar luto completo. Incluso se cosían cintas negras o púrpura en la ropa de bebés.

De luto sí… pero a la moda

Los accesorios también debían ser de negro riguroso. Izquierda: sombrero de 1915. Centro: sombrilla de seda. Derecha: espalda de un vestido largo de luto.
Los accesorios también debían ser de negro riguroso. Izquierda: sombrero de 1915. Centro: sombrilla de seda. Derecha: espalda de un vestido largo de luto.

Si una mujer se veía obligada por las circunstancias a vestir de luto, no por ello debía olvidar su elegancia. Pasados los primeros días, un vestido de luto tenía que estar a la moda. Por ello en las revistas femeninas abundaban los consejos sobre qué ropa usar y qué etiqueta seguir durante ese doloroso período. En efecto, si bien más lentamente que la moda en general, la moda del luto evolucionaba, solo que con otros colores y materiales.

La invención de la máquina de coser en 1870 hizo posible la industrializacion textil y el consiguiente abaratamiento de las prendas. Ante la demanda surgieron los grandes almacenes de ropa que contaban con secciones especiales para la ropa de duelo. En realidad, el luto constituía una rama independiente de la confección que se caracterizaba por la celeridad de su servicio, pues no era posible esperar pacientemente por un vestido negro.

Jackie Kennedy junto a sus hijos en el funeral de su esposo.
Jackie Kennedy junto a sus hijos en el funeral de su esposo.

La industria de accesorios de luto también vivió en ese entonces un período fasto. En lo que se refiere a joyas, se podían llevar agujas de sombrero, broches y sautoirs de madera negra. En la era victoriana, el azabache era la piedra más popular de la joyería de luto, así como los broches y pendientes que contenían un mechón de cabello del difunto. Los guantes eran primero de gamuza negra y más adelante de cabritilla. Los mangos de los paraguas y las sombrillas debían ser de madera negra sin brillo y las armaduras tenían que estar empavonadas para evitar la nota clara del metal. En cuanto a las pieles, solo se admitía el astracán.

Y después…

Aun pasado el período de luto no era correcto vestir colores vivos y chillones y se pasaba progresivamente a otros tonos discretos. Ya al final el negro se sustituía con blanco, gris, malva, violeta y morado. Las reglas comenzaron a simplificarse gradualmente y en los años 20 era aceptable para ambos sexos vestirse en una variedad de colores discretos durante el año posterior a la muerte de un familiar. A mediados del siglo XX, el negro perdió su connotación funeraria para convertirse en sinónimo de chic y elegancia. Sin embargo, algunas imágenes, como una enlutada Jackie Kennedy despidiendo a su marido con su rostro cubierto con un velo, guardan un gran impacto en el imaginario colectivo.

“Death Becomes Her: A century of mourning attire”, The Costume Institute, Metropolitan Museum de Nueva York, a partir del 21/10/14 al 2/2/15