Belleza

Vuelven los perfumes Jean Patou: un aroma del pasado

Jean Patou fue uno de los modistos más creativos de la historia de la moda, pero uno de los menos conocidos: inventó la falda de tenis, el primer producto solar, los pulóveres con logo y fue el primero en proponer perfumes personalizados. Hoy la maison celebra sus cien años con la reedición (limitada) de tres de sus perfumes más icónicos.

  • Florencia Sanudo

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Fotos: Agradecimientos Jean Patou

01-400En una época en que surgen cientos de nuevas fragancias por año y la fidelidad a un perfume es cada vez más excepcional, muchos de los grandes nombres de la perfumería vuelven a proponer versiones modernizadas de sus grandes éxitos (ver recuadro). Y cuando, como en el caso de la maison Jean Patou, se dispone de un riquísimo archivo de esencias, lo más natural es recurrir a él.

El año pasado se lanzó una nueva versión del mítico Joy y de los best sellers Chaldée, Patou pour Homme y l’Eau de Patou. Y hoy, en el contexto de la colección Heritage (herencia), para festejar su 100º aniversario, la célebre casa propone la reedición de tres de sus perfumes más innovadores: Deux Amours, Que Sais-je? y Adieu Sagesse. Fueron creados hace ya un siglo y destinados originalmente a tres tipos de mujeres, rubias, morenas y pelirrojas. Para la rubia, Amour Amour (rebautizado Deux Amours pues el nombre original pertenece ahora a L’Oréal), que huele a rosa, jazmín, flor de naranjo e ylang-ylang). Que Sais-je? es para la morena (chipre, pachulí, comino) y Adieu Sagesse, para la pelirroja (gardenia, musk, tuberosa, lirio).

Los perfumes Le Sien, Adieu Sagesse y Amour Amour en sus versiones originales.
Los perfumes Le Sien, Adieu Sagesse y Amour Amour en sus versiones originales.

En septiembre, cuando estén en el mercado, su distribución será selectiva y solo podrán encontrarse en ciertas perfumerías exclusivas y a través de la web de la marca. “Estos perfumes son para aquellas mujeres que buscan lo excepcional, que así como no quieren llevar el mismo vestido que todo el mundo, tampoco quieren usar el mismo perfume”, dice Bruno Cottard, vicepresidente de la marca. El objetivo es seducir a la mujer chic y sofisticada que hizo de Jean Patou una de las casas de moda icónicas del siglo XX.

En los años 20 y 30 este diseñador vestía a las mujeres más elegantes de Europa y América y era el principal rival de Coco Chanel. La diferencia es que mientras ella vivió hasta casi los 90 años, cultivando su imagen, él falleció abruptamente en 1936, a los 49 años, dejando tras de sí una casa con su nombre que otros creadores llevaron adelante. Pero su legado es enorme: Patou popularizó los trajes de baño tejidos, introdujo el concepto de ropa sport y el uso de su logo en las prendas deportivas, acompañó sus modelos con accesorios, acortó la falda de las jugadoras de tenis, lanzó el primer producto solar, puso de moda el pelo corto, la idea del bronceado y llevó la ropa de hombre al guardarropa femenino.

Patou, moderno e innovador

Jean Patou creó para la tenista francesa Suzanne Lenglen una línea de faldas y vestidos plisados de seda blanca, cuyo ruedo apenas cubría la rodilla. Rápidamente esta tendencia fue adoptada por todas sus colegas.
Jean Patou creó para la tenista francesa Suzanne Lenglen una línea de faldas y vestidos plisados de seda blanca, cuyo ruedo apenas cubría la rodilla. Rápidamente esta tendencia fue adoptada por todas sus colegas.

Jean Patou nació en 1887 en el seno de una rica familia industrial parisina. Para escapar a su destino ya trazado en la curtiembre y fábrica paternas, a los 18 años se enlistó en el ejército, donde sirvió tres años, hasta 1908. Dos años después abrió su primera casa de costura, Maison Perry. Sus creaciones, ya entonces de vanguardia, atrajeron a las celebridades de la época pero fue un fracaso comercial. En 1914 inauguró una maison bajo su propio nombre, en un petit hotel ubicado en la muy chic rue Saint Florentin, pero debió suspender su actividad al ser convocado a combatir en la Primera Guerra. A su regreso, en 1919, Jean Patou supo adaptarse como ninguno a la sociedad frívola de la posguerra y a las aspiraciones de una clientela femenina activa, deportiva y liberada de los viejos principios, considerados ‘demodés’. El modisto comprendió la creciente importancia de la ropa sport e instaló en la planta baja de su casa de costura un ‘coin des sports’, es decir, un área donde proponía faldas, abrigos, vestidos, camisas y cinturones destinados exclusivamente a la práctica de deportes. “La silueta deportiva es el chic absoluto”, afirmaba. Sus creaciones enamoraron a la campeona de tenis francesa Suzanne Lenglen, para quien creó una línea de faldas y vestidos plisados de seda blanca, cuyo ruedo apenas cubría la rodilla, acompañados con un chaleco abotonado blanco, una moda que adoptaron todas sus colegas.

En la época en que los desfiles eran silenciosos y sin sabor, Patou les dio teatralidad. Planificados y ensayados hasta el último detalle, desde 1921 estos tenían lugar por la noche y eran el evento chic de la vida parisina al que asistían los más elegantes de los mundos del teatro, deportes, prensa y alta sociedad. Sus creaciones, de una sofisticada sencillez y una modernidad a toda prueba, se impusieron en Francia pero también en Estados Unidos, un mercado cuya importancia Patou reconoció rápidamente y que se dedicó a seducir en numerosos viajes a ese país. La seducción, por cierto, marchó por ambos lados: en 1924 ‘importó’ seis modelos americanas, quienes con sus tobillos finos y casi ausencia de caderas encarnaban los nuevos estándares de belleza.

Las nuevas versiones de Adieu Sagesse, Que Sais-je? y Deux Amours (ex Amour Amour) de Jean Patou. / El año pasado se lanzó una nueva versión del mítico perfume Joy, creado en 1930.

La pasión por los perfumes

Patou fue un precursor en el campo de la moda y también en el universo de la perfumería, pues si bien no fue el primer modisto en concebir fragancias bajo su nombre (Poiret ya había creado varios perfumes), rápidamente se dio cuenta de que había que pensar en líneas de productos: así, cada perfume era declinado en colonias, polvos, jabones, esmaltes de uñas y lápiz de labios. En 1923 creó una división de perfumes a la que en 1925 se unió Henri Alméras como maestro perfumero. En 1929 se lanzó el primer aroma unisex, Le Sien, “un perfume con dominante masculino que conviene perfectamente a los hombres pero también a las mujeres modernas que juegan al golf, fuman y conducen a 120 por hora”, explicó entonces. Pero Jean Patou deseaba una fragancia icónica para su maison. En 1930 Alméras le propuso una mezcla de esencias de rosa y jazmín en proporciones gigantescas: más de diez mil jazmines de Grasse y veintiocho docenas de rosas de Grasse y de Bulgaria eran necesarios para obtener tres centilitros de perfume. A pesar del costo, Patou lo aprobó con entusiasmo y lo bautizó Joy -una sola sílaba moderna y anglosajona que significa alegría- y lo lanzó al mercado utilizando un eslogan audaz (considerando la crisis económica posterior a 1929): “El perfume más caro del mundo”.

La súbita desaparición de Patou en 1936 -por una apoplejía o una embolia, nunca quedó claro- dejó atónito al mundo de la moda y desamparada a su maison. Durante cincuenta años, su inmensa sombra veló por el destino de la casa, pero este quedó en manos de los estilistas que lo sucedieron, entre ellos Marc Bohan (1953-1957), Karl Lagerfeld (1958-1963), Michel Goma y su asistente Jean-Paul Gaultier (1963-1974), Angelo Tarlazzi (1973-1976) y Christian Lacroix (1981-1987). Hoy los rumores de regreso corren cada vez con más insistencia. Bruno Cottard calma a los ansiosos -“lo haremos cuando estemos listos”, ha dicho-, pero arroja grandes esperanzas cuando confirma: “Es evidente, una gran maison necesita de la alta costura”.

Una vida a la moda


04-400Un libro -”Jean Patou: Un Vie sur Mesure/ A Fashionable Life” (Flammarion)- recorre la vida del modisto a través de 280 páginas y 250 ilustraciones. Su autora, Emmanuelle Polle, pudo investigar entre miles de documentos, inéditos en su gran mayoría, puestos a su disposición por los herederos.

Iguales pero diferentes


05-400Las fórmulas olfativas no son intocables piezas de museo, sobre todo cuando las nuevas legislaciones europeas, al prohibir el uso de ciertos ingredientes, obligan a todas las casas de perfumes a modificar y actualizar sus creaciones. Una verdadera y benéfica revolución que permite, a la vez, adaptar los ‘jugos’, algunos de ellos creados hace cincuenta, sesenta años o más, a las sensibilidades olfativas de nuestra época. Se trata de un delicado trabajo para los maestros perfumistas actuales, que deben conservar la esencia de las creaciones originales. Así, renovados, volvieron Ivoire de Balmain, Ma Griffe y Le Vétiver de Carven, In Love Again y Opium de Yves Saint Laurent, Vivara de Emilio Pucci, Ma Dame de Jean-Paul Gaultier, Diorissimo de Dior y Shalimar de Guerlain, entre otros.