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Manguitos: De manos atadas

La simpleza de su forma se potencia con la sofisticación innegable que aporta al vestuario de invierno. A pesar de que en las vitrinas nacionales son escasos, mientras las temperaturas bajan los manguitos se alzan como prueba de que el frío es la razón perfecta para entregarse a las capas y complementos de piel.

  • Maria Paz Maldonado

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Fotos: Agencias

01-400Aunque este accesorio de piel dibuje en nuestra mente la idea de las frías Rusia o Escandinavia, las estrechas calles y puentes de Venecia fueron el escenario donde se paseó por primera vez, envolviendo las manos de las cortesanas durante el siglo XVI. Fue ahí donde su simple estructura de piel, tubular y abierta en los costados, se complementaba con la ostentación decorativa de vestidos, máscaras, tocados y abanicos característicos de la moda renacentista.

“En la época de las cruzadas, el lujo de las pieles fue llevado a su apogeo en Europa occidental; es a fines del siglo XVI que aparece esta pieza. En Venecia, sin embargo, se encuentran vestigios de manguitos desde fines del siglo XV; las cortesanas célebres y las nobles damas ya los usaban como pequeñas casitas de perros minúsculos”, explica Acacia Echazarreta, socióloga y curadora de arte del Museo de la Moda de Santiago.

Con los ojos puestos en Italia, los países vecinos no se demoraron en adoptar esta pieza y antes de que finalizara el siglo XVI los manguitos ya eran un accesorio de moda para hacer frente al invierno europeo. “Desde allí (Italia) ingresan a Francia, donde se decoran con toda clase de ornamentos. Bajo el reinado de Enrique III devienen en un accesorio codiciado en la corte, se fabrican en satén y terciopelo, y se forran con piel para darles mayor resistencia y calidez. En Inglaterra, la reina Isabel hace de ellos una de sus piezas favoritas”, apuntó la historiadora de moda Pía Montalva en su columna Fetiche en revista Mujer.

02-400Pieles exóticas y de fantasía
Originalmente esta pieza fue fabricada con dos rectángulos de piel, pero fue sumando notas ‘modernas’ como aplicaciones de seda, satén y terciopelo, que hacían juego con el vestido de las mujeres que lo lucían. “Durante la época de Luis XV (1715 a 1774) en Versalles las damas de la corte usaban manguitos de piel de gato, perros, castor y también leopardo. Los de piel de armiño fueron usados con profusión desde 1810 a 1814”, enfatiza Echazarreta.

Aunque su uso tradicionalmente es asociado con las mujeres, poco después de su creación se convirtió en parte del guardarropa masculino. Hombres y mujeres lo usaban indistintamente para proteger sus manos del frío o cargar efectos personales. Aunque existían ciertas diferencias en la forma de llevarlo, ya que muchas veces los hombres lo usaban atado a la cintura.

La Revolución Francesa marcó el relego de la suntuosidad en pos de la practicidad, y el manguito junto con otros complementos de vestuario cayó en desuso. “Las líneas ostentosas y poco naturales del período rococó dieron paso a la simplicidad y naturalidad que ejemplificaban la ideología igualitaria de la Revolución”, describe la historiadora especialista en moda Mairi Mackenzie en su libro Ismos para Entender la Moda (Editorial Turner).

La cálida pieza quedó olvidada durante algunas décadas antes de renacer con fuerza a fines del siglo XIX como símbolo de posición social. “Alcanza dimensiones sorprendentes, que bordean el metro de largo, transformándose en uno de los primeros símbolos de estatus de la naciente burguesía”, menciona la historiadora Pía Montalva.

En adelante su uso será excepcional en contraposición con la creciente popularidad de los guantes, y si bien hoy es un accesorio poco común, el manguito mantuvo su vigencia en las pasarelas internacionales para el otoño-invierno 2013/2014, demostrando que la historia repercute en cada una de las colecciones que se dictan por temporada. Eso sí, esta vez abandonó sus características tradicionales y renovó su forma y materialidad.

En París la diseñadora Phoebe Philo para Céline los presentó en una sola mano, como una especie de mitón supersized recogido en el brazo, y en colores claros como blanco y beige y otros encendidos en naranjo y amarillo. Haider Ackermann también apostó por la forma mitón XL, pero en tonos negro y gris, y abrigando ambas manos.

Sobre la misma pasarela, Givenchy los mostró como una muñequera que cubrió desde el torso de la mano hasta la parte superior del brazo en una sedosa piel que combinó café y negro. BCBG Max Azria y Balenciaga fueron probablemente quienes lo rescataron en su forma más literal: sujeto con las dos manos por delante del abdomen; mientras que en Nueva York, la diseñadora estadounidense Tory Burch le dio un giro práctico al agregarle una correa de cuero que lo sujetó al cuello, permitiendo así descansar las manos sobre él y cumplir el doble rol de cartera/manguito.

El escondite perfecto 


“Existe bastante evidencia gráfica que confirma la forma tubular de los manguitos, aunque también hubo unos modelos más grandes tipo sobres, que se aprecian desde esa misma época en los cuales las damas podían esconder cosméticos y otros elementos”, agrega Echazarreta. Esta idea fue replicada por Alicia Silverstone y Stacey Dash en sus personajes de Cher y Dionne en la popular serie de los 90 Despistados, cuando deciden crear una línea de manguitos con prácticos bolsillos para llevar el celular y el maquillaje, luego de verlos en una fotografía de la Revolución Rusa. La multifunción, para nada ‘despistada’, ha sido reproducida por marcas como Chanel, Louis Vuitton, Alexandre Herchcovitch y BCBG Max Azria, quienes entendieron que para una mujer puede resultar útil guardar con glamour sus secretos bajo la manga.