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Llegó la hora de parir

El destacado obstetra francés, Michel Odent, visitó Santiago para dar una serie de charlas sobre la importancia del parto. Así como considera que es urgente cambiar el paradigma sobre el nacimiento porque se cree que las mujeres no pueden parir por sí mismas, también está convencido de que hay una solución: permitirles que vivan en plenitud, solas y tranquilas ese instante en el que se conectan con su naturaleza mamífera. Lo esencial es devolverles la confianza en su cuerpo, uno que siempre ha tenido todo lo necesario para dar a luz.

  • Revista Mujer

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Foto: Raúl Araya

Michel OdentEl domingo 13 de julio, a las tres de la tarde, las calles de Santiago estaban casi vacías. Lo único que circulaban eran las hojas secas que se habían caído de los árboles, una que otra basura y algunos autos y micros. Se veían muy pocos taxis, y transeúntes, menos. Las selecciones de fútbol de Argentina y Alemania comenzaban a jugar el partido que definiría al campeón de la Copa del Mundo Brasil 2014, por lo que muchos prefirieron instalarse frente a un televisor antes que hacer cualquier otra cosa. Sin embargo, las mujeres que llegaron al salón de la Universidad de Las Américas a esa misma hora estaban ajenas a la efervescencia futbolera. Se reunieron para escuchar a Michel Odent, el obstetra francés que fue pionero en impulsar los partos en un entorno amoroso y en abogar por la libertad que tienen las madres de parir de la forma en la que se sientan más cómodas. Pasadas las 15.00 horas, con la misma atención con la que el guardia de la sede universitaria seguía la final del encuentro deportivo, embarazadas, estudiantes y matronas, entre otros, miraban a este médico corpulento, de ojos celestes y pelo cano, quien les hizo la siguiente pregunta para dar inicio a su ponencia: “¿Alguien sabe qué es lo que hace una partera auténtica?”.

Una de las asistentes contestó que era una mujer que acompañaba a otra en su trabajo de parto de forma ‘espiritual’. Otra, que era una doula, ya que empoderaba a la embarazada y la ayudaba que no le temiera a parir. Uno de los cinco hombres que se contaban entre la audiencia aportó diciendo que era una figura femenina que transmitía autonomía. “En sus respuestas noto que subyace el supuesto de que las mujeres no pueden parir solas”, dedujo Odent, poco convencido con las respuestas. “Bueno, y de lo que usted ha comentado podemos inferir que la figura de la partera también es cultural, porque siempre han existido mujeres que han parido a sus hijos sin la ayuda de nadie”, retrucó una de las oyentes. “Es buena tu acotación porque introduce una pregunta preliminar pero imprescindible”, le respondió Odent: “¿La partera o la matrona es alguien fundamental en el parto? ¿Los mamíferos requieren de una para reproducirse o es una necesidad humana? A menudo en los círculos académicos se dice que la partería es el oficio más antiguo del mundo, pero ¿lo es?”.

A sus 84 años, Odent sabe cómo dirigirse al público para presentar sus ideas, porque también comprende que estas son polémicas. Sus críticas no solo cuestionan la hospitalización y la serie de medicamentos que se les dan a las madres antes, durante y después del alumbramiento, sino también las teorías de parto humanizado. Pero su objetivo no es dictaminar qué opción es mejor ni increpar a la comunidad médica o a los grupos con planteamientos alternativos. El suyo es bastante más complejo que la mera confrontación. Desde los años sesenta, cuando instaló por primera vez una piscina de lona en una sala de parto de la maternidad del Hospital de Pithiviers, Francia -que dirigió por más de dos décadas-, observa la necesidad de reflexionar sobre la importancia del nacimiento, un momento corto pero decisivo para el desarrollo armónico de los seres humanos. Pero las experiencias, análisis y consideraciones que ha plasmado en sus trece libros y que expone en sus conferencias alrededor del mundo, lo han convencido de que para que eso ocurra hay algo que la sociedad debe entender antes: que las mujeres están dotadas y tan preparadas para parir como el resto de los mamíferos del planeta. Esto es solas, tranquilas y con la ayuda de nadie más que de ellas mismas.

“Hemos llegado al fondo de un abismo”, opina. “La única manera de salir de ahí es comprendiendo cuáles son las necesidades de una mujer que va a parir. Debemos entender mejor la fisiología del nacimiento para introducir un nuevo paradigma: uno que no consista en ‘apoyar’ o ‘asistir’ a la mujer que está dando a luz, sino uno que la proteja. Esa es la palabra clave. Solo cuando pensemos como fisiólogos modernos sabremos lo urgente que es ‘mamiferizar’ el nacimiento”, enfatiza.

Invitados de piedra
Odent recalca esa palabra porque a menudo su nombre aparece relacionado a la idea de ‘humanizar’ el parto, una asociación poco aguda, tendida por el lenguaje y sus trampas. “Lo que postulo es exactamente lo opuesto. Uso el concepto mamiferizar porque el nacimiento se viene humanizando desde la revolución del neolítico”, aclara. “Es importante volver a este punto de quiebre porque existen suficientes documentos que prueban que las mujeres de las sociedades preneolíticas se comportaban como todos los mamíferos cuando parían: se aislaban. Algunas iban a los arbustos, otras al río, y lo lograban”, cuenta.

Para el obstetra, este período de la historia es fundamental pues considera que fue ahí cuando el nacimiento comenzó su transformación de proceso biológico a cultural. “Antes nuestros ancestros vivían de lo que la naturaleza ofrecía. Pero cuando descubrieron la agricultura, todo cambió: dominaron su entorno”, relata. Este hallazgo trajo consigo la noción de territorio, lo que generó distintos tipos de conflictos, y la organización de todas las etapas de desarrollo de los seres humanos. Si era posible tener bajo control la naturaleza, indómita e impredecible, se podía hacer lo mismo con el cuerpo y su fisiología. “Desde ese momento ha habido una tendencia a sociabilizar el nacimiento, de rodearlo de factores culturales, de mitos, creencias y rituales. Lo mismo ocurrió con el encuentro de las parejas, con la sexualidad. Así fue como nuestro condicionamiento cultural se desarrolló y hoy impera la creencia de que las mujeres necesitan la asistencia de un otro para parir”.

Un ejemplo que sirve para explicar esta sociabilización es la costumbre de cortar el cordón umbilical, rito que refuerza la necesidad de que haya alguien que se encargue de hacerlo apenas se produce la salida de la guagua. Otro es la medicalización del parto, una de las prácticas que más le preocupan. “Hasta hace muy poco la mujer debía liberar oxitocina de forma natural para tener contracciones y así expulsar la guagua. Pero hoy este proceso se reemplaza por el goteo de oxitocina sintética, lejos la intervención más común y subestimada que se hace durante el parto”, afirma. Y añade: “Hemos llegado a una situación extrema a nivel planetario: el número de mujeres que pueden dar a luz gracias a esta hormona, que es la que se conoce científicamente como la ‘hormona del amor’, se está haciendo cada vez menor. ¿Qué significa esto? ¿Por qué cada vez somos menos capaces de producirla? ¿Qué consecuencias podría tener eso en el futuro? No lo sabemos”.

Entender al cuerpo

La fisiología es una de las disciplinas que más le han permitido a Odent comprender la importancia del nacimiento. Considera que esta contiene la herramienta que se necesita para que se genere una nueva conciencia sobre este, que es estudiarlo como un proceso involuntario del cuerpo humano, tal como si fuera respirar o tragar. Y pone un ejemplo para explicarlo: “Después de desayunar no estamos preguntándonos todo el día qué podemos hacer para facilitar el paso de la comida desde el estómago al duodeno. Pero imaginemos que un terrorista aparece en la puerta con una pistola. Esa situación interferiría con nuestra digestión, sin duda alguna”, asegura. Por lo tanto, a los procesos involuntarios hay que resguardarlos de los factores que los inhiben, y los avances de la ciencia lo permiten, pues es posible identificar cuáles son estos. “Cuando el nacimiento es entendido así, se abre una perspectiva totalmente nueva, que difiere de los condicionamientos culturales que existen: el ‘coach’, concepto que se usa mucho en los grupos de parto natural, y el ‘manejo del trabajo de parto’, que es lo que practican los médicos. Ambas corrientes son un reflejo de la misma forma de pensar: dan por sentado que se debe interferir”.

Su opinión pone entredicho la figura de la matrona y de la doula, tan de moda hoy. Pero Odent no se demora en aclarar: “Hay doulas que asisten y otras que protegen el espacio. Pero no se trata de ser partera o doula, sino de en cuál paradigma se ubica cada una”, diferencia. “Lilian (Lammers), la doula que mejor conozco en Londres, tuvo una operación a corazón abierto el año pasado. Un mes después volvió a trabajar y le tocó un parto en casa. En dos horas tuvo tres oportunidades de comportarse como una persona que protege. La primera fue al llegar. Cuando vio al papá cubriendo las alfombras con plástico, inmediatamente supo que el bebé no nacería en esa pieza. Pero no dijo nada y él siguió ocupado”, sonríe. “Después, durante la fase activa del parto: cuando le dijo a la partera que no era necesario que le dijera a la madre que siguiera respirando, pues lo estaba haciendo. Y la última, cuando la cabeza de la guagua se asomó: la partera se disponía a usar sus manos para acomodarla, pero Lilian se abrió la blusa. Se distrajo y el bebé nació. Esa es la diferencia entre una y otra”.

Dejar de pensar

El neocórtex es la zona del cerebro responsable del razonamiento humano. Entre otras, de la capacidad de responder a los estímulos. Su incesante funcionamiento es la fuente de la mayoría de los factores que impiden que actividades como parir se desencadenen de forma plena. “Dar a luz no es negocio del intelecto”, afirma Odent. “La solución que la naturaleza encontró para que parir fuera más fácil, fue darnos la capacidad de disminuir el trabajo neocortical”, explica. “Todavía hay quienes saben que las mujeres pueden parir sin problema cuando no se les da ningún fármaco, cuando se les permite que se desconecten del mundo. Cuando se les da la libertad de comportarse de maneras que son consideras inaceptables: cuando gritan, dicen garabatos o se mueven raro. Es decir, cuando se comportan como cualquier otro mamífero”, describe.

Suena fácil dejarse llevar por el instinto, pero para llegar a un estado así las mujeres deben estar protegidas de elementos que llamen su atención. La luz, el frío, la posición y las acciones de quienes las rodean interfieren en el parto puesto que activan el neocórtex automáticamente. “Imaginen a una pareja que está en un estado preorgásmico, y de repente la mujer le dice a su compañero: ¿qué quieres comer? Inevitablemente se interfiere el proceso fisiológico. Lo mismo sucede cuando se le hacen preguntas a una mujer con contracciones”, grafica. “Para entender la mamiferación del nacimiento hay que comprender que se debe eliminar todo lo específicamente humano, como el lenguaje. Deshacernos de todas las creencias y ritos que han amplificado las dificultades para parir. Dejar de separar por rutina a las madres de sus hijos recién nacidos”, propone. Y dice a modo de conclusión: “En todas las sociedades, uno de los efectos de estas regulaciones ha sido asociar a algo negativo algunas fases de la vida reproductiva. Pero cuando pensamos como fisiólogos, podemos identificar todas las similitudes que existen entre ellas. Por ejemplo, entre el reflejo de eyección del feto, de la leche y de los espermatozoides. Todos tienen el mismo patrón: una etapa pasiva y una de expulsión. También son similares en términos hormonales, en la liberación del cóctel de oxitocina y endorfinas, que son las que hacen posible sentir éxtasis. He sugerido que todas esas experiencias son caminos directos hacia estados trascendentales de conciencia. Que son una manera de tener acceso a una realidad que va más allá del espacio y del tiempo. Pero en nuestras sociedades, como se controla la sexualidad y los procesos reproductivos, es el medio cultural el que acepta cuáles son las maneras correctas de trascender porque son más fáciles de manejar: rezar es aceptable, ayunar, escuchar algunos tipos de música. Tenemos miles de años de humanización de nacimiento y ahora hay que mamiferizarlo. Debemos cambiar las perspectivas dominantes, conectarlas para permitir que la mayor cantidad de mujeres puedan parir a sus hijos y sus placentas gracias a la liberación del cóctel de hormonas del amor. Un camino es seguir son las lecciones de la fisiología moderna. Ahí están los fundamentos que tienen el poder de revertir miles y miles de años de condicionamiento cultural”.