Belleza

Viajar con ‘gracia’

Mundo Ad Portas, el programa de televisión que conduce junto a Eugenio Cox y que se emite por el canal 13C desde 2009, le ha permitido recorrer África, el Sudeste Asiático y Medio Oriente. Pero los viajes de esta fotógrafa comenzaron mucho antes, a los 18 años, cuando su madre la invitó a Buenos Aires. Después, nunca más dejó de hacerlo. “Viajar es una de las mejores maneras que existen de abrir la mente”, asegura.

  • Revista Mujer

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Fotos: Javiera Eyzaguirre Producción: María Ignacia Herrera Maquillaje y pelo: Iván Barría

graciaSi se quisiera marcar en un mapamundi todos los viajes hechos por María Gracia Subercaseaux desde 2009 hasta hoy, habría que poner banderines en Sudáfrica, Botswana, Mozambique, Zambia, las islas Mauricio y Seychelles. En China, Vietnam, Camboya, Laos, Birmania, Indonesia y Tailandia, y también en Egipto, Palestina, Israel, Jordania, Líbano y Turquía. En estos últimos cuatro años la fotógrafa ha visitado cerca de 20 países junto a Eugenio Cox, con quien conduce el programa Mundo Ad Portas, de canal 13C. “La primera temporada la grabamos a mediados de 2009, porque queríamos que saliera justo antes de que empezara el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010”, cuenta. “Aterrizamos en Johannesburgo y de ahí nos fuimos a Ciudad del Cabo, a conocer los estadios que se estaban construyendo. Pero mi primera sensación fue que ahí no estaba el África real, profunda”.

¿Dónde la encontraste? Cuando fuimos el Parque Nacional Kruger, ahí empezó mi fascinación absoluta por ese continente. Crecí viendo películas de safaris, series como Daktari y cosas así, entonces fue bien impactante. Quedé perpleja cuando me bajé de la avioneta y pisé esa tierra café-rojiza, la misma que veía cuando chica por televisión. Pensé ‘no puedo creer donde estoy, qué afortunada soy’. Estuvimos ahí cuatro días. Nos levantábamos a las cuatro de la mañana para hacer los avistamientos de animales: leopardos, chitas, elefantes, cebras, jirafas, búfalos y rinocerontes se paseaban delante de nosotros. Fue majestuoso. Fue meterse en un mundo totalmente desconocido.

¿Nunca sentiste miedo? No, para nada. Hay un montón de reglas que debes cumplir y eso es lo fascinante: llegar al mundo de los animales, al lugar donde son ellos los que gobiernan y no nosotros, que estamos acostumbrados a ser los amos y señores, que hemos sido absolutamente soberbios y avasalladores con la naturaleza que nos rodea. Claro que igual tuvimos una aventura medio peligrosa.

¿Qué les pasó? Yura Labarca, el camarógrafo, un día se bajó del jeep, algo que no se puede hacer por ningún motivo, porque quería grabarnos desde lejos. En eso estaba cuando de pronto el león que estábamos siguiendo comenzó a acercarse. Nosotros empezamos a sudar de pura angustia, al guía se le fue poniendo la cara verde porque si le llegaba a pasar algo le iban a quitar la licencia de ‘ranger’ para siempre, y el Yura… nada, estaba en otra. Le gritábamos, pero no escuchaba porque tenía los audífonos puestos para grabar el sonido del ambiente. Le hacíamos señas y él como que se reía. Cuando se dio cuenta de que algo raro sucedía se devolvió y apenas puso un pie arriba del jeep pasó el león por el lado de él. Estábamos paralizados. Por suerte no alcanzó a darse cuenta porque la reacción normal de un ser humano ante el peligro es correr, lo que también está prohibido. Donde sí sentí miedo fue durante el viaje que hicimos a Medio Oriente, para la tercera temporada del programa.

¿Por qué? Porque llegamos en plena guerra civil de Siria. Estuvimos en el Líbano, en Jordania, a kilómetros de Siria, y se respiraba un clima bélico, denso. Para mí fue entrar en un mundo absolutamente político y religioso. Después fuimos a Palestina, Israel, para hacer la ruta de los patriarcas, de Jesucristo, de la Tierra Prometida y todo eso. Fue muy intenso.

Antes de ir a Medio Oriente fuiste al Sudeste Asiático a grabar la segunda temporada del programa, donde también la política y la fe se mezclan. Después de ambos viajes ¿qué opinión tienes sobre la religión? Me di cuenta de que me emociona mucho lo espiritual. Pero también de que me podía sentir así en Hong Kong, en Tailandia o mirando una puesta de sol en la playa, que no necesito ese camino para tener fe. Creo que la religión es bastante el opio del pueblo, pero respeto profundamente a la gente que la necesita para ser feliz, a la gente que le da consuelo, que le da un sentido para vivir.

Pero cuando estás triste ¿eres de las que dicen o piensan algo así como ‘Señor, dame tu fortaleza’? Sabes que igual rezo para que mis hijos estén bien, por si acaso, porque ¿qué pasa si Dios existe? Que me los cuide todo el rato, por favor, no estoy preparada para que les pase algo. Si hay una energía superior o un algo que yo pueda conducir para protegerlos, para ayudarlos, o que sirva para que la gente sea más bondadosa, para que nuestro mundo sea mejor, me parece fantástico.

No vas a misa, me imagino… No, estás loca, cómo se te puede llegar a ocurrir (risas). Lo que sí encuentro es que hay sacerdotes que tienen una prédica que me conmueve profundamente. Por ejemplo, Felipe Berríos, que me parece un tipo brillante. Ha puesto todos los temas difíciles sobre la mesa, ha destapado la olla, ha dicho las cosas que la gente no quiere oír. Es uno de los pocos que están haciendo lo más difícil, que es decir la verdad. Eso es lo que uno espera de un sacerdote: que trabaje por quienes necesitan cobijo.

02-400Fortaleza femenina

María Gracia hace veinte años que vive con sus dos hijos, Augusta, de 18 años, y Pedro, de 16, en un departamento al frente del Parque Forestal. Allí es donde regresa después de cada viaje que efectúa por Mundo Ad Portas y Terruá -programa de turismo y enología que también conduce y se emite por canal 13C-, y donde realizó sus desnudos, aquellos autorretratos en blanco y negro que marcaron su vida y cambiaron su rumbo de un modo insospechado. “Todas las personas pasamos por procesos fuertes que te van formando. A algunos les pasa antes, a otros después, y para mí fue ahí cuando comencé a conocerme y descubrir qué quería hacer”, resume.

En aquellas fotografías lo único que cubría parte de su cuerpo era su pelo. Una cabellera larga y lustrosa que empezó a cultivar después del nacimiento de su hija. “A los 23 años me corté el pelo igual que ahora y al año siguiente nació la Agu. De tanto ver a mujeres de pelo corto en las revistas, me dieron ganas de cortármelo de nuevo”, dice a propósito del estilo garçon que luce desde el 1 de abril de este año.

Entonces no lo hiciste por algún quiebre amoroso, que es lo típico que creen algunos cuando alguien se corta el pelo de forma drástica. No, para nada (risas). A mi pololo le encanta. Al principio me dio susto no verme bien porque el pelo largo te ayuda desde cualquier ángulo. Como que te abriga, te cubre.

Trabajas en radio y en televisión, por lo tanto estás más expuesta a las críticas. Además viajas mucho y te ha tocado ver realidades bien duras. ¿Cómo lo haces para proteger tu ánimo, tu equilibro mental? Fotografío. Cuando viajo, mi refugio ante la soledad, la angustia o el desamparo es la fotografía. Me aferro a la cámara y a un objetivo. Durante los viajes de Mundo Ad Portas, por ejemplo, me preocupé de registrar a las mujeres que están haciendo la pega: criando, cocinando, arando la tierra, bordando, cosiendo, haciendo artesanía. Todas esas mujeres que están todo el día, pero todo el día, preocupadas de llegar con algo a sus casas, de llevar alimentos a sus hijos, de cuidar a los suyos.

Con todo ese bagaje, ¿qué opinas de las mujeres de hoy? Que no es una cosa territorial, de si se vive en África, en el Sudeste Asiático o en Medio Oriente: el sexo femenino es dueño de un tesón, de una perseverancia que impacta. En todos mis viajes reparé especialmente en las mujeres no porque yo sea mujer, sino por la fortaleza que hay que tener para acarrear 30 litros de agua para cocinarles a los hijos, para trillar el arroz manualmente a todo sol, o para construir sus casas con la guagua colgando de la pechuga. Todavía hay muchos países donde el machismo no tiene límites. En África, por ejemplo, las mujeres se casan vírgenes. Sus maridos suelen ser polígamos, por lo que no es raro que tengan sida, que allá es una epidemia. Cuando las contagian y ellas se enferman, las abandonan porque ya no son dignas. En cambio, cuando ellos son los enfermos, ellas los cuidan hasta la muerte. Entonces, si me preguntas por todas las mujeres que he visto durante mis viajes, solo te puedo decir que las admiro. Aunque piense distinto, aunque viva al otro lado del mundo. La fuerza que tenemos, simplemente, es sobrecogedora.

El secreto

Si bien gracias a su programa de televisión ha conocido buena parte del mundo, el primer banderín que habría que poner en el mapamundi de María Gracia sería en Argentina, ahí comienza su hoja de ruta. “De chica no viajé tanto porque no teníamos los recursos. Pero cuando cumplí 18, con mucho esfuerzo, mi mamá me invitó a Buenos Aires. Esa fue mi primera salida al extranjero y después comencé a viajar mucho por trabajo”, cuenta. Se refiere específicamente al período entre 1994 y 1998, en el que se desempeñó como diseñadora de vestuario en la fábrica de tejidos Tipy Town, donde una de sus misiones era ir a Nueva York dos veces al año, a buscar colecciones nuevas. “Fueron mis primeros años laborales y les tengo mucho cariño porque me permitieron cumplir mi sueño de vivir sola”, dice.

Pero entre el viaje iniciático con su madre y los que realizó como profesional, hizo uno en secreto por el más puro y simple placer: “Con un pololo me fui en auto a recorrer Argentina y tuve que inventar unas mentiras para que me dieran permiso. Le dije a mi mamá que me iba de viaje con su familia, si no, no me hubiera dejado”, detalla.

¿Qué te dijo cuando le contaste? Como le conté mucho tiempo después, se rió nomás. Debo haber sido un año más grande que la Agu ahora.

¿Ella nunca ha hecho algo así? No, no que yo sepa. Su experiencia de vida ha sido muy distinta a la mía. Yo era superresponsable y matea, pero cuando tenía ganas de irme con mi pololo tenía que mentir porque si no, no podía. A la Agu, en cambio, le tocó una mamá superabierta de mente, creció en una casa donde todos los temas se hablan en la mesa. Entonces no tiene ninguna necesidad de mentir: me preguntaría si le puedo pagar el pasaje. Además le tocó nacer en una época maravillosa donde los jóvenes pueden informarse y luchar por sus derechos. Y no solo ellos sino que todos, desde los ecologistas hasta las minorías sexuales. Están pasando cosas muy interesantes en Chile y en el mundo a las que hay que prestarles atención.

¿Siempre te ha gustado viajar? Sí, es lo que más te permite crecer, es una de las mejores maneras que existen para abrir la mente. Siempre me ha gustado aprender, estudiar. Y para Mundo Ad Portas tuve que hacerlo, si apareces en cámara tienes que saber de lo que hablas. Viajar no solamente me ha despejado la cabeza, sino que me ha permitido entender la historia del mundo, cómo hemos llegado hasta acá, y eso es maravilloso. Se te ordena el mapa mental cuando ves las ruinas del imperio romano, cuando vas a Palestina y entiendes de qué se trata el conflicto. Todo eso me hace pensar en lo afortunada que soy.

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