Hombres

Javier Barría

Más de la mitad de las canciones de sus nuevos discos nacieron en aviones o buses, de ida o de vuelta entre diversas ciudades de Chile y el continente. Javier Barría, uno de los más inspiradores cantantes y autores chilenos de la nueva generación, también ha sido uno de los más nómades. “Siempre intuí que la música me iba a llevar a viajar”, dice.

  • Veronica San Juan

Compartir vía email

Foto: Raúl Araya

Javier BarríaCada verano los mosquitos Aedes albifasciatus se apropian de la ciudad argentina de Córdoba, atraídos por el calor, la lluvia y la humedad de la región. No transmiten el dengue como sus parientes, los Aedes aegypti, pero las hembras pican tan fuerte que provocan urticaria. Cuando empieza el otoño se retiran. No mueren, solo se resguardan. Es posible que el zumbido de un enjambre sea molesto, pero un músico puede encontrar en ese bullicio un sonido útil para un disco.“Era como una orquesta de mosquitos. El ruido que hacen es alucinante”, resume Javier Barría (34) sobre ese caluroso día de noviembre de 2012 en que atrapó en su grabadora la ‘música’ de esos enjambres. Como si fuera un instrumento más, aquel sonido encontrado en Córdoba quedó incluido en una de las canciones de su próximo disco, el noveno de su carrera. Lo mismo hizo con el canto de unos pájaros que avistó en Caleta Tortel y con el sonido ambiente del lago General Carrera, ambos lugares en la Patagonia chilena. “Este  es un disco más viajero”, dice sobre esas canciones, que lanzará en octubre.

Su vagabundeo partió bastante antes, aunque de manera virtual: en la era preFacebook, Javier Barría subía su música a MySpace, la red social más visitada en el mundo hasta 2008. “En 2006 me di cuenta de que había personas de Colombia y de Argentina a las que les gustaban mis canciones. También me dejaban mensajes de Antofagasta y de Concepción. Hasta ese momento yo tocaba únicamente en Santiago; entonces mi primera motivación fue hacer presencia en esos lugares”, cuenta.

Un par de mails enviados a bares de Buenos Aires a fines de 2007 impulsaron la itinerancia. “Siempre intuí que la música me iba a llevar a viajar. En ese tiempo era tan fome tocar en Santiago. Yo tenía ganas de salir, de vivir afuera, de itinerar o hacer la suma de ambas cosas”. Muchas canciones de sus discos recientes -Introducción a la Geometría (2009), El Diminutivo del Frío (2010) y Llorar en la Calle (2012)- nacieron en la ruta a Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Bogotá, Barranquillas, Medellín, Valparaíso, Montevideo, Concepción y Lima, o en estadías en esos lugares, donde ha tocado en bares, salas o casas. “Cada visita genera más público y más ruido para mí, que no tengo rotación en las radios ni en MTV”, dice. En cada ciudad a la que llega ha formado bandas con músicos locales: “Como me quedo semanas se arman vínculos, amistades; durante estas residencias algunos me dicen ‘¿toquemos?’, y tocamos. Son cosas espontáneas. En Rosario conocí a unos músicos muy buenos, cuando volví un año después ensayamos un par de veces y listo. La mitad de las canciones de los últimos discos nacieron en aviones o buses”.

Un ejemplo de esos viajes es Uruguay, el país natal de Jorge Drexler, declarado admirador del trabajo de este cantante y autor chileno. “Cuando estuve en Montevideo, por ejemplo, me llamó la atención que los uruguayos se refirieran a su país como ‘paisito’. Y escribí la canción Paisito”, dice Javier Barría, el hombre que en uno de sus discos sugirió el diminutivo del frío y que en esta canción acuñó además el diminutivo de país: el tamaño necesario para llevar en el bolsillo un país en miniatura cuando llegue el próximo viaje.