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Las joyas orgánicas de Valentina Rosenthal

Se formó durante cuatro años como joyera en Goldschmiedeschule Pforzeim, una de las escuelas europeas de mayor prestigio en esta disciplina. Aprendió un enfoque artístico que, al regresar a Chile en 2008, complementó con materiales orgánicos propios del país, como cobre, piedras de la cordillera, fibras naturales como la pita o tramas textiles de la cultura mapuche. Todo eso sin olvidar la elegancia del diseño, el sentido visual y sus posibilidades de uso cotidiano.

  • Veronica San Juan

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joyas orgánicasEn Pforzeim, al sur de Alemania, no existen casas medievales ni calles empedradas, símbolos arquitectónicos de la región. No perduraron porque el 23 de febrero de 1945, casi en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, Pforzeim fue bombardeado por las fuerzas aliadas. Ese día casi todas las construcciones se desplomaron y unas 20 mil personas -un tercio de los habitantes- murieron. Entre quienes fallecieron hubo una nómina importante de relojeros, joyeros y orfebres, tres oficios fundamentales en el pueblo: en el siglo XVIII se comenzó a desarrollar ahí la industria relojera y joyera, un negocio tan próspero que Pforzeim era conocido como Goldstadt (Ciudad del Oro).

Ese 23 de febrero de 1945 los edificios y casas cayeron, pero los artesanos sobrevivientes al ataque pronto levantaron sus talleres, retomaron los materiales y herramientas, crearon nuevas piezas y continuaron educando a los aprendices. Tal como hoy se enseña en la escuela Goldschmiedeschule Pforzeim, una de las instituciones europeas de mayor prestigio en esa disciplina. Hasta ahí llegó en 2004 la chilena Valentina Rosenthal -fundadora de la marca VR Jewerly-: “De chica tuve una fijación por la joyería. A los 14 años ya coleccionaba  joyas antiguas”, cuenta la orfebre, quien como descendiente de alemanes optó por formarse en el mismo país en que su abuelo Hans Rosenthal y su padre Cristián estudiaron ingeniería técnica cerámica. Cuando estaba en cuarto medio en el Santiago College comenzó a investigar; al egresar y para convencerse tomó clases de esmalte sobre metal, dibujo técnico y manufactura y diseño de joyas en la Escuela de Artes y Oficios del Fuego. Ya segura, elaboró un portafolio junto al artista visual Alexander Zutolov, y luego postuló a la carrera de diseño de joyas y artefactos de Goldschmiedeschule Pforzeim, fue seleccionada, viajó, se matriculó en un curso intensivo de alemán en Friburg, por tres meses, y se instaló en Pforzeim. Tenía 19 años, cuatro años de formación por delante y un escaso dominio del alemán: “Me sentía libre trabajando en el taller. Era como el paraíso, pero como me costaba el idioma hablaba lo justo y necesario. No hablaba, pero trabajaba”, ríe.

Al terminar la carrera y en la disyuntiva de continuar o no en Alemania, regresó en 2008.  “En Chile me sentí desencajada; me daba la sensación de que la gente no entendía mi trabajo. Miraban mis joyas y decían: ‘Qué raro’, y pedían algo más tradicional. En un momento quise volver a Alemania”, cuenta. Eso hasta que un día caminando por Rosal, en el barrio Lastarria, entró a la hoy extinta galería de orfebres de Chile. “Era lo más parecido a lo que estaba acostumbrada en Pforzeim”, dice. Ahí conoció al reconocido joyero Francisco Chepi, su actual marido. “Me incorporé a su taller, aprendí de joyería fina, de aleaciones, de piedras, y también entendí el negocio. Hicimos clases juntos, empezamos nuestra relación y decidimos que cada uno seguiría su línea de trabajo. Así que mandé a buscar mis máquinas a Alemania y armé mi taller en un subterráneo”, resume.

Mientras se adaptaba, diseñó piezas para la joyería italiana Duicci Bijoux y fue invitada como expositora a Eurobijoux & Accessories, en Menorca, España, feria de referencia para la bisutería y los accesorios europeos. En 2010, y gracias a un trabajo que publicó en su blog, fue seleccionada para participar en el proyecto Walking the Gray Area, iniciativa que conectaba a 20 diseñadores de joyas latinoamericanos y 20 europeos para desarrollar un diálogo sobre joyería, movilidad global, identidades contemporáneas y sus implicaciones colectivas y personales. Para esa convocatoria elaboró una colección inspirada en la arquitectura que estaba desapareciendo en Chile, con collares que referían a molduras de edificios y a cañerías de cobre. Para entonces sus piezas se habían expuesto en museos como MAD Museum Nueva York, con la muestra Think Twice (2010), y Bellevue Art Museum Seattle, Washington, con la exhibición grupal New Latin American Jewellery (2011). Luego vendría la exposición colectiva Joya Viva, muestra chilena que ha circulado por Australia, Bolivia y México.

03-400Las piedras, el cobre y la pita

Primero experimentó con materiales orgánicos, como conchitas de playa y algas, y desechos que iba recogiendo. Probó y probó hasta que llegó a las piedras de la cordillera de los Andes, a través de un recolector que subía a los cerros y lo convirtió en su proveedor. Piedras rojas, verdes, matizadas, se transformaron en joyas. También le interesó el cobre. “Era el material de Chile. Tenía un significado”, dice. Luego indagó en fibras, tramas, iconografías y técnicas artesanales como el mimbre, el telar y la cestería mapuche, siempre con la idea de reinterpretar esos lenguajes. En esa búsqueda conoció a Silvia, descendiente de mapuche que hacía cestería en pita, y cuyo hijo se rehabilitaba en un centro de la Teletón. Después de ese encuentro, Valentina entendió que su oficio podía ser algo más que el diseño de piezas bonitas y en 2011 presentó a la Teletón un proyecto de taller para las madres que acudían con sus hijos. “Llegaron seis. Cada una tenía un talento escondido y, de acuerdo a eso, vimos qué hacer y creamos una colección”, recuerda. Terminado el taller, en 2013, comenzó uno nuevo con las mamás de niños que al cumplir 18 años culminaban su ciclo de rehabilitación en la Teletón. La Municipalidad de Estación Central les cedió un espacio para reunirse; las mujeres van con sus hijos, ellos pintan en telas y ellas crean insumos para las colecciones de Valentina. “Este proyecto nos retribuye a todos; no lo veo como una ayuda mía para ellas. Es al revés. Es muy gratificante ver que cumplen sus sueños. Además de que pueden ganar plata”.

¿Qué te interesa proyectar con tus joyas? Que llamen la atención por la materialidad, el diseño o la técnica. Son joyas con elementos que sorprenden, pero también son elegantes, ‘ponibles’. Me interesa lo visual, lo estético y que tengan muchos detalles. Además, intento que mi trabajo tenga  un sentido social.
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