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Amor líquido

Tengo una amiga que es un imán para los hombres casados.

  • Carolina Pulido

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columnaTengo una amiga que es un imán para los hombres casados. Imaginemos que se llama Camila, que es soltera y muy guapa. Lleva un buen rato buscando al amor de su vida, pero por cosas del universo no lo ha encontrado. Trabaja en un lugar mayoritariamente habitado por hombres y suelen rondarla muchos especímenes que usan argolla, moscardones aburridos con su rutina y con ganas de poner a prueba su encanto. Por suerte, Camila ha aprendido muy bien a trazar los límites con delicadeza, y la mayor parte de las veces no cae en las redes de estos seductores. Curiosamente, el tipo que más la deslumbró en el último tiempo no era de su mundo de poderes masculinos. Lo conoció en un bar. Él, muy decidido, la abordó fascinado con su belleza. Conversaron, se tomaron un trago y, luego de dejarle su teléfono, ella se despidió. El tipo apareció a la mañana siguiente a través de WhatsApp. Le pidió a mi amiga su mail y mandó el primero de una seguidilla de correos seductores, coquetos, divertidos, íntimamente profundos y finalmente eróticos, a los que Camila respondió entusiasta. No tardó mucho, eso sí, en descubrir que el hombre guapo y perfecto para ella estaba casado. Él fue honesto. No mintió ni adornó la realidad. Ni siquiera insinuó que su relación pasaba por un mal momento y hasta reconoció amar a su mujer. Dijo que simplemente quería conocerla, que le parecía bella y misteriosa, y que fantaseaba con tocarla. Mi amiga se rehusó a salir con él, pero fue incapaz de resistirse a sus mails, que de tan honestos y hermosamente escritos se transformaron en adicción. Así fue como Camila se enamoró de un hombre casado.

Cuando ya estaba metida hasta las rodillas en el asunto, nos juntamos a conversar una tarde de mayo. Le hablé con el mayor cariño acerca de mi teoría sobre ella: que los casados entraban en su vida porque inconscientemente los elegía como escudo contra el compromiso.

Los hombres están líquidos, me dijo. Los que no están comprometidos están paralizados. Las mujeres en busca de amor salen con su arco y flecha sin dejar pasar ninguna oportunidad. Van y toman lo que quieren. Seducen sin pudor al que les gusta, se lo llevan a la cama y luego esperan a que él se enamore, lo que, claro, pasa poco, porque ellos están en shock. Por una parte, se sienten encantados con esta hembra que toma la iniciativa y, por otra, están desmotivados: ninguna opción parece suficientemente tentadora para pasar a algo más profundo. Los hombres no están haciendo nada por conquistar y la gran excepción la representan los casados, que cuando encuentran a una que les gusta simplemente van y la seducen. Y yo quiero que me conquisten, quiero hombres como los de antes.

Como vio que mis ojos se abrían con cara de preocupación aun mayor (nada bueno podía salir de un discurso acerca de hombres líquidos y en shock), decidió hablarme de la lectura que la mantiene ocupada cuando su amante hace vida familiar. Así conocí la teoría del amor líquido, un concepto del escritor polaco Zigmunt Bauman, quien reflexiona sobre nuestros tiempos en que los sentimientos cambian de un día para otro y experimentamos la imposibilidad de encontrar relaciones duraderas. El amor como un bien de consumo y, por tanto, descartable. Y eso es lo que describe mi amiga: relaciones que no duran. Una liviandad que se apodera de todo, también del amor. Hombres que solo quieren sexo. Mujeres frenéticas. Me asalta una secuencia de imágenes certeras: la gente ya no se casa, se divorcia por minuto, no quiere hijos, aprueba las relaciones paralelas y la ansiedad parece gobernarlo todo.

Entonces le digo: Pero los hombres casados también están atrapados en este modelo. El hecho de enfrentarse a la infidelidad con tamaño ímpetu no habla sino de su liquidez, de su descompromiso. Lo sé, y lo peor de todo es que también habla del mío, responde.

El resto de la tarde caminé por la ciudad pensando en el mundo líquido. Me pregunté cuál sería el nivel de responsabilidad de Internet y las relaciones virtuales en todo esto. Pero sobre todo me pregunté por mi vida y mis relaciones, y el porcentaje de agua que cada uno de esos ítems podría llegar a tener.