Belleza

Depilación masculina, una costumbre que va en aumento

Culturalmente, depilarse siempre ha sido asunto de mujeres, pero hoy la historia tambalea: varios de los que alguna vez fueron ‘piernas peludas’ eligen volverse lampiños. La comodidad, higiene e incluso la simple voluntad están arrojando a los hombres a arrancarse los vellos, aunque todavía con pudores.

  • Revista Mujer

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Por: Pedro Bahamondes Fotos: Getty Images

depilación_300La primera vez que se depiló el pecho, Andrés -31 años, publicista- la recuerda así: “Me comí el grito como si fuera la más apetitosa de las hamburguesas, directo hasta el fondo de las entrañas. Si hubiera abierto la boca, me habría salido un grito tan agudo que ni yo mismo hubiese creído que se trataba de un hombre como yo dentro de una sala de depilación”. No lo dice en vano: mide más de 1,85 metros, pesa sobre 80 kilos y tiene la voz ronca y áspera como una lija.

Andrés es casado, tiene dos hijas y creció siempre rodeado de mujeres. Su padre abandonó a su madre al nacer, y desde pequeño le tocó auxiliarla a ella y a sus hermanas en quehaceres domésticos. Pero no solo eso. “Como yo era el menor, se aprovechaban de mí jugando. Entonces tenía que usar su ropa, jugar a las tacitas, ver películas para niñas y, ya más grande, la cosa empezó a ponerse dura”, ríe. “Cuando tenía como doce años mi hermana me obligó a depilarme la mitad de la pierna, de puro juego. Me dolió tanto que la acusé con mi mamá, y ella en vez de retarla me dijo que yo ‘alharaqueaba’ mucho, que a ver si esto me servía para darme cuenta de lo que significaba ser mujer”, cuenta.

A medida que fue creciendo, Andrés le tomó el gusto a sentir su piel más suave y sin pelos. Porque, claro, a los 18 años ya tenía cubiertas casi por completo las piernas, los brazos, el pecho, la barbilla y parte de la espalda. “Las piernas y la cara no me acomplejaban, obviamente, pero mis amigos me molestaban por ser tan peludo. Me decían el Tío Cosa”, cuenta.

Pero no fue hasta que conoció a su actual mujer, hace siete años, que ella misma lo motivó a sacarse los prejuicios de encima y, de pasada, algunos cuantos vellos. “Fuimos a su depiladora en un departamento en Providencia y yo estaba mudo, no decía nada. Parecía un cabro chico asustado”, recuerda. Tan callado estaba que fue Elena, con quien entonces pololeaba, quien le dio todas las indicaciones a la mujer de bata blanca. “Se sacará de la espalda y del pecho”, le dijo.

Andrés se tendió sobre la camilla, resignado al siguiente paso. La primera tela con cera cayó tibia y milimétricamente sobre su pecho. “Yo me había sacado los pelos antes con gillette, pero me crecía más grueso y al final era peor, porque además picaba y se irritaba. Por eso terminé rindiéndome”. La primera tirada dolió como parto, dice; la segunda, tercera y cuarta, también. Y hasta hoy es igual.

Su caso no es el único. Según la doctora Daniela Zecher, directora médica de Clínica Medici, en la última década los hombres han atravesado el umbral del machismo, antes cerrado con candado a temas de belleza como la depilación. “Para muchos siempre ha sido cosa de mujeres, pero en los últimos años se ha ido disparando la demanda de hombres que llegan aquí a depilarse, aunque con cierta vergüenza; pero hay otros que vienen muy seguros de lo que quieren”, dice. “Es sabido, por ejemplo, que los deportistas y bailarines se depilan, pero nunca fue tan común como hoy que apareciera un hombre común y corriente por nuestra consulta queriendo sacarse -y solo por estética o higiene- pelos de la espalda o para reducir la barba por la foliculitis (pelos encarnados), irritación o molestia por el sudor o el roce con la ropa”, afirma Zecher.

Tal es el caso de Julián, de 25 años, quien desde la adolescencia llevaba en su rostro un severo acné que lo avergonzaba al punto de no poder alzar la voz en sus clases de derecho. “Todo empezó como un típico desorden hormonal. Fui a varios dermatólogos para tratarme porque me acomplejaba y pude sanarlo bastante y por harto tiempo, hasta que empecé a afeitarme. A esas alturas ya no me molestaban los granitos, pero tener que afeitarme encima se me hizo molesto y doloroso. Tenía que asumir que además de granos, ahora tenía pelos que me hacían picar la cara”, cuenta.

Para romper con la rutina le gusta salir a bailar los fines de semana. Viernes y sábados seguidos, si es posible. “Me encanta, y me obligo a hacerlo para olvidarme un poco de la semana, pero antes me acomplejaba y hasta me daba lata salir”. Lo cuenta en pasado, porque, curiosamente, hoy casi no tiene rastros de acné sobre la piel de su rostro, tampoco de barba. “A fines del año pasado decidí depilarme con láser todos los vellos de la barba. No fue doloroso ni nada, quizá sí algo molesto al principio, porque sentí que me picaba mucho más la cara, pero creo que era pura sugestión mía. A los pocos días noté que ya no me crecía vello y que los granitos empezaron a disminuir”, cuenta.

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La dermatóloga y profesora asistente de la Universidad de Chile Rosamary Soto explica las posibles razones de la disminución de las espinillas en la piel de Julián: “En el caso de los hombres, depilarse es todo un tema, no solo culturalmente, sino por su fisiología. Tienen la piel más gruesa y el vello también, por lo que la depilación puede causar mucha irritación que puede ser controlada con astringentes o antibióticos locales. Sin embargo, la depilación láser actúa más profundo en el folículo piloso y no lo afecta, pero sí lo debilita. En esto hay que ser claros: ninguna depilación es definitiva, eso es solo cuestión de marketing, pero la de láser sí retrasa considerablemente la salida del vello en cualquier zona del cuerpo”.

“Muchos hombres, casi todos de edad media, se están depilando en zonas específicas. Lo que más piden es espalda, barba y tórax, por temas estéticos, pero también hay otros que lo hacen por higiene. Acá en el centro nos ha tocado depilar a hombres por completo, incluidos los muslos, glúteos y genitales”, afirma la doctora Daniela Zecher. Sin embargo, varios de ellos llegan casi a escondidas o con anteojos oscuros. “A muchos les da vergüenza contar que se depilan por miedo al qué dirán. Otros no tanto, pero son la minoría. Casi todos prefieren mantenerlo en secreto o contárselo solo a su círculo más cercano. Si de diez personas que atendemos, tres son hombres, dos al menos piden confidencialidad absoluta”. Esto se debe, según Devanir Silva, antropólogo de la Universidad de Chile y quien ha dedicado su trabajo a temas de masculinidad y género, a que “si bien la depilación siempre ha estado enfocada hacia las mujeres, el incremento de hombres que lo hacen tiene directa relación con los cánones de belleza. La publicidad de una rasuradora por estos días puso en tema esto mismo, y pone a un hombre mitad peludo y mitad lampiño. Lo que saca en limpio al final es que las mujeres los están prefiriendo sin tanto vello, porque está asociado a la imagen del mono o del hombre más primitivo, no así menos masculino”, afirma.

Jorge, de 36 años, es el tipo de hombre que bien podría ser considerado un metrosexual. Le gusta comprarse mucha ropa, invertir en perfumes, cremas y lociones para la piel y el pelo, y además se depila por completo. Sin embargo, no fue su trabajo como personal trainer en un conocido gimnasio en el centro de Santiago ni las clases de natación que imparte en verano las razones por las que optó por dejar de ser velludo. “Lo hago porque me parece cómodo, limpio y hasta atractivo”, afirma. Pero hay un detalle: “Hace por lo menos cinco años que me depilo entero, pero hace tres conocí a mi pareja. Ella aún piensa que soy lampiño de verdad”, confiesa. “Como me ve tan rubio y de piel clara, es difícil creer que yo sea en realidad un tipo tan peludo, pero naturalmente soy como un oso de pelaje clarito”. Y como tampoco se ha atrevido a confesárselo por miedo a que ella lo deje, Jorge prefiere pedir su hora bimensual tal como lo viene haciendo desde hace varios años.

“Es un caso aislado el hecho de que él se lo oculte a su pareja. Por lo general, un hombre se lo ocultaría a otros hombres, porque no es común que un tipo le cuente a otro que se depiló. Quizás esta persona tiene miedo a que si vuelve a ser peludo no le guste a su novia como lo hace ahora”, afirma la antropóloga Devanir Silva.

“Con los años los hombres se dedicaron a esculpir más sus figuras, a mostrar más, incluso usando ropa. Yo creo que a medida que avancen los años habrá menos prejuicios con los cuales lidiar. Así como decidieron sacarse los vellos de encima, lo hicieron también con los viejos preceptos de lo que significa ser hombre en estos días”, resume la doctora Zecher.