Hombres

José Luis Reppening

El periodista y conductor de Ahora Noticias, de Mega, cuenta cómo se ve reflejado en su padre ahora que es papá de Valentina, de tres años y medio, y de José, de dos. “Trabajaba mucho, pero siempre estaba y se preocupó de dejarnos claro a mis hermanos y a mí que éramos lo más importante para él”

  • Revista Mujer

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Foto: Nicolás Santa María

José Luis Reppening“Ser papá ha sido una de las experiencias más espectaculares de mi vida. Es tanto el amor que siento por mis hijos, que nada ha sido difícil. Lo único que me preocupa es que estén y lo pasen bien. Me angustio cuando se enferman o cuando no hemos podido llevarlos a pasear. Quiero que sean felices las 24 horas del día”.

“Mi papá Trabajaba mucho, pero siempre estaba y se preocupó de dejarnos claro a mis hermanos y a mí que éramos lo más importante para él. Pese a ser un tipo alto, canoso, con barba, de ser un medio ‘pescado’ que inspira respeto, era y es tremendamente querendón y divertido. Como somos cuatro hombres, de repente se expresa con cierta brutalidad, pero es más para hacernos reír”.

“Mi papá es mi referente de integridad, nunca lo vi negarle ayuda a nadie. Como es médico, siempre fue un tipo muy demandado. Cuando hay alguien hospitalizado o enfermo no sabes de dónde agarrarte y uno tiende a desesperarse, entonces su presencia ha dado seguridad y tranquilidad en mi familia”.

“Mi abuela era chillaneja y mi abuelo era un alemán que llegó acá porque era ingeniero en minas. Mi papá nació en Chillán, proviene de una familia tradicional de agricultores de allá, entonces se crió en el campo. Ve las cosas de otro modo, quizás de una forma más simple, y por eso también habla con muchos dichos. Cada vez que quiere justificar algo dice ‘cualquiera por descansar se sienta un rato’”.

“Mi esposa siempre me dice que hago lo mismo que mi papá. Y es cierto: yo también me doy cuenta. Desde la forma que tengo de decir las cosas hasta en cómo los quiero educar: con severidad, pero con mucho cariño. Mis hijos son chicos todavía, entonces no podemos ser tan rígidos, aunque sí tenemos horarios establecidos y ciertas normas de convivencia”.

“Adoro al viejo. Me puse a jugar golf para compartir con él y con mi mamá. Podemos estar tres horas jugando, entonces conversamos, nos reímos y él me enseña a jugar. Me corrige todo. No juego con ninguna otra persona y en ninguna parte que no sea en Santo Domingo, donde mis papás tienen casa”.