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Tres miradas a un Brasil menos conocido

Tal vez no le suenen nada porque estos destinos están lejos de ser masivos. Su turismo está más relacionado con lo sustentable, con la cultura y la naturaleza. En el norte, centro y sur de Brasil, le presentamos tres sitios que están dando que hablar.

  • alejandra.villalobos

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Por: Gonzalo Argandoña Mc. Fotos: Embratur

Bonito, Más que un puro nombre


Bonito

Nadie pone un pie acá sin antes hacer una reserva, pagar una tasa de visita y contratar un guía. No señor, la cosa no es al lote y por algo Bonito ha sido considerado como el mejor proyecto de turismo sustentable de Brasil y también como el mejor destino de ecoturismo. Para llegar a este trozo de naturaleza tan bien preservado, que se encuentra en el estado de Mato Grosso do Sul, cerca de las fronteras con Paraguay y Bolivia, bien al sur del país, es necesario combinar un vuelo desde Sao Paulo hasta Campo Grande, desde donde hay buenas carreteras para alcanzar Bonito y el atractivo y mítico Pantanal. Pero traiga paciencia porque llegar a algunas atracciones exige horas de camino. Pero cuando toque el momento de toparse con la naturaleza, relájese. (No hay líneas de buses, por lo que resulta ideal, si no ha contratado un tour completo, arrendar auto).

¿Vale la pena tanto esfuerzo? Con creces.

Imperdible es realizar la flotación -flutuação, en portugués- en las cristalinas aguas en donde nacen los ríos Prata y Sucurí, para ver cientos de peces coloridos a centímetros de nuestra nariz. Premunidos de trajes de neopreno, máscara y snorkel, metemos la cabeza bajo el agua e inmediatamente vemos cardúmenes de pacús, gigantes peces azules, pasando a ínfima distancia. Nos dejamos llevar por la corriente, que es suave y parece mecernos, sin hacer esfuerzo alguno, mirando hacia abajo plantas acuáticas y otros peces como dorados y piraputangas, que son tan lindos como sabrosos. La excelente visibilidad de los ríos se debe a la alta concentración de piedra caliza, que funciona como purificador.

Otra de las atracciones de Bonito es la Gruta del Lago Azul, inspiradora del turismo en la zona. Llena de estalactitas, estalagmitas y miles de formaciones rocosas, es un gran espectáculo que impresiona al ver el azul cristalino del lago en el fondo de la gruta. Tiene 87 metros de profundidad y 120 de ancho, y su acceso tan bajo inspira temor por parte de algunos turistas, además de una bajada de 294 escalones irregulares y sin pasamanos. Pero créanos: todo tiene su recompensa. La mejor época para visitarla es en diciembre y enero, de 8.30 a 9.00 am., cuando el sol entra por la boca de la gruta e ilumina el azul del agua.

Fernando de noronha, playas y aventura


Fernando-de-Noronha

Cuando volábamos rumbo a este archipiélago, que se ubica bien al norte del país, en el estado de Pernambuco -a 545 km de Recife-, los cinco periodistas latinoamericanos que íbamos a bordo prometimos una cosa: no mencionar la palabra ‘paraíso’ en nuestros artículos. Era tal el exceso de adjetivación en revistas, folletos y material de difusión que habíamos visto los días previos sobre Noronha, que antes de conocerla ya nos producía cierta incomodidad su excesiva definición paradisíaca. Los días siguientes fueron una dura prueba para no caer en la tentación de la sobreadjetivación. Compuesto por 21 islas de enorne belleza y con un estupendo estado de conservación natural, este archipiélago fue declarado en 2002 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y tiene todo para ser llamado un verdadero edén.

Su rica y exótica fauna marina es uno de los grandes imanes para el turismo. También lo son sus playas, tres de ellas lideran las listas de las mejores 10 de todo Brasil, y una oferta de aventuras al aire libre tan variada que promete divertir hasta al más hiperactivo. Además, su naturaleza prodigiosa se vive sobre y bajo el mar. Bucear en el parque nacional es como caer en una piscina de aguas transparentes, repleta de los más formidables seres vivos. Numerosas son las empresas que ofrecen bautismos (unos US$ 150), ideales para quienes nunca han buceado. Con traje y tanque de oxígeno, basta sumergirse para descubrir un mundo del que no solemos tener conciencia. Un universo lleno de colores, texturas, burbujas y repleto de vida. Los peces, en cardúmenes como las amarillas xiras, o solitarios como el largo pez trompeta o el bello pez papagayo, pasan junto a uno sin temor alguno, mantarrayas y tortugas hacen lo propio con un suave ritmo.

En la isla no hay ni grandes hoteles ni extensos resorts, sí pequeñas y refinadas posadas -la mayoría nada de baratas- e incluso alojamientos familiares, que reciben a mochileros de presupuesto holgado. Y es que hasta aquí no llega el turismo masivo. No solo porque no sea un destino barato, sino porque el ingreso está controlado y no se permiten más de 1.000 turistas a la vez. Son unas 500 personas las que llegan diariamente y 500 las que salen, con dos vuelos diarios desde Recife y uno desde Natal.

Tiradentes, barroco con buen sabor


Tiradentes

Historia, arte colonial y la más rica gastronomía ‘mineira’ -considerada de las mejores de Brasil- mezcla este pequeño y precioso pueblo barroco del estado de Minas Gerais, situado en las laderas de la Sierra de Sao Jose, a 200 kilómetros de Belo Horizonte y poco más de 300 de Río de Janeiro. Se dice que de todas (y que son hartas) las ciudades históricas del estado, Tiradentes es la que mejor ha sabido mantener la fórmula entre su pasado bien conservado y eventos llenos de novedades. La Muestra de Cine de Tiradentes, en enero; el Encuentro de Seguidores de Harley Davidson, en julio, o el Festival de Cultura y Gastronomía, en agosto, solo por nombrar algunos, son momentos en que sus hoteles -en su gran parte posadas de gran calidad- se repletan y sus restaurantes quedan sin mesas disponibles. Algo similar pasa cuando alguna producción del cine o la televisión hace de las calles de la ciudad escenario de sus grabaciones.

Pero este pueblito de 7 mil habitantes es casi un desconocido para el turismo internacional. Sitio ideal para arrancarse de a dos, caminar -con zapatos cómodos- de la mano por sus irregulares calles de piedra, admirar la belleza de su iglesia matriz, comer en restaurantes pequeñitos y totalmente gourmets o dormir en posadas con gran estilo, Tiradentes es una verdadera sorpresa para el visitante y una de las ciudades históricas con más estilo de todo Minas Gerais.

Su nombre es un homenaje a Joaquim José da Silva Xavier, más conocido como el Tiradentes (sacamuelas en español), verdadero héroe nacional que gestó la Inconfidencia Mineira (o Conspiración Minera), primer intento independentista brasileño.

¿Qué probar de su cocina? Muchas recetas de la comida minera remontan a los tiempos de la esclavitud; otras, a la época de oro, pero ambas destacan por sabores llenos de ‘tempero’, es decir, bien condimentadas, con influencias indígenas, africanas y portuguesas. El plato más conocido es el feijao tropeiro (poroto cocido, harina de mandioca y longaniza), que solían comer quienes transportaban mercancías a lomo de burro.

No puede perderse la iglesia matriz de Santo Antonio, considerada la segunda más rica en oro del país, y, si tiene suerte, coincidir un viernes a las 19.30, cuando se dan conciertos con el órgano original traído de Portugal, en 1788. Nuestra Señora dos Pretos fue construida por esclavos en 1708 y su altar es rococó.

Un visita a Tiradentes tendrá un final redondo si regresa hasta São João del Rei en la María Fumaça, una locomotora que recorre los 12 kilómetros en un romántico viaje de 40 minutos bordeando el río das Mortes.