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Visual: Me quedé en Chile

Estos ciudadanos brasileños llegaron buscando una oportunidad de trabajo o porque se enamoraron. Aquí desarrollaron sus carreras, todas vinculadas a la industria de la moda y de la belleza, armaron familia y, por ahora, no piensan irse.

  • Veronica San Juan

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Fotos: Orlando Pallero Producción: Mackarenna Claro

Gisele Luna, modelo de Elite Model Chile


2_okTenía 14 años, vivía en Campinas, cerca de San Pablo, y no sabía qué era el modelaje. Hasta que un día, mientras caminaba por la calle, le preguntaron si quería ser modelo. “¿Significa plata? Bueno, pero yo tengo que ir a la escuela”, respondió, consciente de la crisis económica que vivía su familia. Al poco tiempo ingresó a la agencia Elite y comenzó a viajar a San Pablo aunque nunca dejó de ir a clases. Solo cuando se matriculó en la universidad, dejó Campinas. Pero al segundo año, advirtió que no podría continuar: la carrera era muy cara y era incompatible con sus horarios laborales. Había que viajar. Llegó a Milán, modeló durante tres meses y, cuando obtuvo mejores contratos, se instaló en Austria. Luego se mudó a París: “Trabajaba seis meses en Asia y después volvía. Estaba en el medio del mundo y me resultaba muy fácil trasladarme de un país a otro”, cuenta. Nueva York fue el próximo destino; ahí permaneció tres años: “Viví muy acelerada. Me resultaba sofocante. Además, viajaba mucho. Decidí cambiar de agencia y optar por una mejor calidad de vida”. Buscando esa mejoría, vino a Chile en 2012. “Estaba loca en Brasil; llevaba algunas semanas sin hacer nada, y una amiga me dijo: ‘¿Por qué no vas a Chile? Allá es tranquilo y puedes trabajar’. Sufrí con el clima, pero me enamoré de Chile; geográficamente es bien único. Era bacán estar rodeada de montañas”. Conoció a quien es hoy su pareja, volvió a Brasil, a visitar a su abuela enferma, y al poco tiempo regresó a radicarse en Santiago, donde ha hecho campañas para multitiendas, modelado en desfiles, y hoy mantiene un contrato con Homy. “Este es un país más calmo. Trabajo hace 16 años, tengo 30, y necesito calma. Acá armé un hogar; sé que puedo abrir la puerta de mi casa y tener la tranquilidad que antes no tenía”.

Simone Lindeberg, directora de la agencia New Models


1_okMucho antes de ser dueña de una de las agencias de modelos más prestigiosas de Chile y de que fichara a Tonka Tomicic cuando aún era una adolescente. Muchísimo antes de que expandiera su negocio a México y Europa, Simone Lindeberg fue dueña de un restaurante en Florianópolis y, paralelamente, trabajó como gerente de la fábrica de un amigo, donde se confeccionaba ropa para marcas como Osklen. Todo eso hasta que conoció a un chileno, se casó y vino a vivir a Santiago. Era 1985, tenía 22 años, no hablaba español y desconocía todo sobre Chile. “No sabía ni dónde quedaba”, cuenta. Acá tuvo que acostumbrarse a que la gente volteara la cabeza para observarla. “Llamaba la atención por el tostado de mi piel. Era dorado, algo poco común”, dice. Pero no solo la husmeaban por su color: acostumbrada a vestir bikini o short, trasladó sus hábitos a Santiago. “Usaba unos cortitos, cortitos, cortitos”, ríe. Pronto comprendió que debía cambiarlos por unos más discretos. Se adaptó al frío, imitó la mala modulación chilena y, al poco tiempo, encontró trabajo. “Fui a una agencia de publicidad a visitar a alguien y estaban haciendo un casting para un comercial de zapatillas Bata. Me pidieron que participara, me seleccionaron, pero como tenía tanto susto sugerí que usaran la cara de otra chica, y solo apareció mi cuerpo bailando”, recuerda. En ese rodaje conoció a Tonka Tomicic. Luego comenzaría su historia laboral, en un momento en que en Chile existía solo una agencia de modelos: fue asistente, se asoció con los dos dueños, pronto uno de ellos se marchó y para 1990 figuraba como la única propietaria. Creó el nombre New Models y el negocio se expandió. “Quien empezó a traer modelos extranjeras para las grandes marcas fui yo. Fui muy innovadora en un montón de cosas: en traer marcas, generar trabajo para personas comunes y corrientes”, asegura, y cuenta sus otros logros: llevó modelos a México, trabajó con todas las multitiendas chilenas, formó modelos como Tonka Tomicic, Catalina Pulido y Mane Swett; se hizo cargo del concurso Ford durante ocho años e hizo asesorías de imagen a figuras de la televisión. “Hay chilenos que me dicen: ‘¿Qué estás haciendo acá si antes vivías en la playa?’. Yo les digo que me gusta Chile, la gente. Que me siento como en casa”.

Hercules Heuzebio, vitrinista, personal shopper y asesor de imagen


3_okLlevaba un año estudiando diseño de vestuario, pero no quiso continuar, se cambió a visual merchandising y a los 20 era vitrinista. Como en Chile vivía su pareja, venía a verlo de tanto en tanto hasta que en 2003 se radicó en Santiago. Modeló para la agencia Elite, participó en un reality, en 2007 se convirtió en supervisor de tiendas de Arrow, dos años después Colcci lo contrató como gerente de visual merchandising, fue uno de los cuatro protagonistas del programa Ojo con Clase y, hasta mayo de 2013, fue director de moda de Mega. Hoy, además de asesorar a marcas de ropa y de ofrecer servicios de personal shopper y personal style, está desarrollando junto a su pareja, que es psicólogo, el proyecto más importante de su vida: “Hay que asumir que he trabajado con mujeres que tienen dinero. Pero, ¿qué pasa con esa dueña de casa con cinco hijos, o con la que está desempleada o disconforme con su trabajo y no tiene plata? ¿Qué se hace? Un día desperté en la noche, me puse a escribir en el computador y armé un proyecto relacionado con esto”, dice y profundiza en sus motivaciones: “Es lo que yo haría por mi mamá, por la señora que hace el aseo del edificio o por la que me vende el pan en las mañanas. Quiero hacer que se vean y se sientan bien; que se realicen con lo que son. Desde la señora que hace el aseo en una casa hasta la alta ejecutiva, porque todas, finalmente, tienen las mismas inseguridades”. Como consultora apuntarán a las municipalidades; la primera será la de Copiapó, donde realizarán un taller para las funcionarias, enfocado en aspectos estéticos y en su desarrollo psicológico. “Quiero cuidar a la que está descuidada por consecuencias de la vida. Pero no llevándola a un mall, porque esa mujer no necesita eso”.

Elaine Correa, abogada, dueña de la tienda de zapatos Beneducci


4_okLe dijeron que estaba loca. Que no lo hiciera; que iba a quebrar. Era el año 1999, había arribado dos años antes a Chile, había sido mamá de mellizos y algo no la conformaba: en Santiago no había zapatos de mujer osados, coloridos, vanguardistas. En las vitrinas Elaine solo observaba calzados neutros, opacos, serios. Sin escuchar los malos augurios, decidió terminar con su problema y abrió una tienda de zapatos. “Me gustaba mucho la moda. Como estudiante y después como abogada siempre andaba muy producida. Entonces, para mí era un tema comprar zapatos”, cuenta. Comenzó con una socia, también brasileña, con la marca Vía Augusta; luego continuó sola con Beneducci. “Me fui abriendo a otros mercados para buscar productos entretenidos, distintos, confortables, de calidad”, dice sobre sus incursiones en París y en Milán. Actualmente compra en dos países: en Brasil participa en el desarrollo del producto; en Italia, en cambio, asiste a ferias y adquiere lo que le gusta. En agosto lanzará una colección diseñada en Chile por Raimundo Encina. “Este es un país precioso, seguro. Considero que es el mejor de Sudamérica para educar a los hijos, y en el que hay más contención cuando se tiene hijos adolescentes. Acá hay muy buenas condiciones para hacer negocios y es un país muy amigable con los inversionistas extranjeros”.

Wesley Bittencurt, maquillador, peluquero y socio de Pamelan


5_ok“Estaba un poco cansado de la vida de Sao Paulo. Todo era muy agitado; las fiestas, los desfiles, la vida nocturna”, reflexiona este profesional que ha vivido en Chile durante los últimos siete años. Él cuenta sus inicios: “Empecé a maquillar escondido de mi mamá, cuando tenía 14 años. En ese tiempo conocí a Fabio Fassina, que trabajaba con Celso Kamura, el rey de la peluquería en Brasil. Fabio me dijo: ‘Vas a ser mi asistente’. Y yo pensé: ‘No importa; le voy a cargar su maleta’. Con él descubrí el maquillaje. Un día, cuando tenía 16 años, me mandó solo a un desfile. Salió todo muy bien. Después de esa vez, me dijo: ‘Ya estás listo; no tienes que seguir cargando mi maleta ni pasándome los pinceles’”. Se cambió a la agencia Gloss, donde maquilló a Alessandra Ambrosio, Adriana Lima y Gisele Bündchen, cuando eran adolescentes. Cuando su mamá se enteró de su actividad, él tenía 18 años. Lo supo antes de Navidad, cuando le pidió que le regalara un curso de peluquería. “¿A ver? ¿Cómo?”, preguntó su madre, quien tras escuchar su historia le pagó el curso. En 2006 vino a Chile. “Llegué a una peluquería muy bien conceptuada, pero me fui de ahí cuando me propusieron trabajar en Canal 13, y el dueño me planteó que debía elegir. Yo pensé: ‘Me fui de Brasil para buscar mi identidad y acá estoy cayendo en lo mismo. Le contesté: ‘Muchas gracias, pero ahora voy a caminar solo’. Ese mismo señor me dijo que yo no iba a ser nadie, cuando me fuera de ahí”. Después de un intenso proceso, de varias decepciones y también de buenas oportunidades laborales, Wesley consiguió lo que vino a buscar: El 6 de junio, junto a su socia Pamela Benavides, inaugurará el salón de belleza Pamelan. “Vas a ver una peluquería muy grande, muy bonita. Es uno de mis pasos más arriesgados; si vemos cuando llegué hasta hoy, es un paso tremendo”, analiza y explica qué le gusta de vivir acá. “Santiago es una ciudad muy linda. Puedo llevar una vida más tranquila y mi familia está feliz de que esté en Chile. Si mi mamá me llama a las 11 de la noche, estoy acostado, no como antes que iba de fiesta en fiesta”.