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Desenredando la madeja: La ruta del tejido

Esta antigua técnica doméstica, cálida y acogedora, permite crear y, al mismo tiempo, aquieta los pensamientos de un modo imperceptible, a través del movimiento de las manos y la creación de una trama única. No por nada han surgido agrupaciones en todo el mundo que lo revalorizan y tiendas especializadas que pretenden satisfacer la nueva demanda. Y Chile no se ha quedado atrás.

  • Revista Mujer

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Fotos: Raúl Araya

1_300El sonido metálico de los palillos cuando chocan sus puntas, la reverberación que surge del roce entre la lana y la espadilla de un telar. Las pelusas que sueltan los ovillos cuando se desenredan y caen al suelo. El movimiento de las manos y su coordinación. La concentración que implica y la sensación de estar entrecruzando no solo hebras, sino también pensamientos. Eleonora López, creadora de Telaria, marca de artesanía contemporánea que difunde el conocimiento textil tradicional, lo resume: “Me gusta tejer porque cuando estoy en eso no hay nada más importante, estoy yo y mi tejido. Tejer es un refugio, un misterio, es mágico porque nos permite entrar en un lugar especial, incluso sagrado, donde los problemas quedan fuera y podemos ver soluciones. Es un lenguaje silencioso que habla de nosotros mismos”, dice. “El tejido tiene otro tiempo, no va al ritmo con el que se vive hoy, cuando todo pasa tan rápido y hay tantas cosas por hacer”, agrega.

Cada día son más las personas que quieren aprender a tejer con palillos, croché o a telar, ya sea solas en sus casas o en grupos que se reúnen en tiendas, plazas, cafés o centros culturales. Ese creciente interés se traduce en el sinnúmero de movimientos que han surgido en distintos países del mundo -como LanaConnection, en España; London Guerrilla Knitting, en Inglaterra; KnittaPlease, en Houston, Estados Unidos-, que llaman a usar las lanas como material de expresión, y en la aparición de tiendas especializadas, cursos y eventos, desde al menos cinco años atrás. Y Chile tampoco se ha quedado fuera de la tendencia que ha transformado esta milenaria técnica en una vanguardia.

Encuentros lanero

“El trabajo manual se ha levantado como una opción al consumo rápido y sin historia. Partió como una contrapropuesta cultural, que ahora convive con la tecnología contemporánea y tradicional. Una característica de los jóvenes es que no tienen tantos rollos en analizar y reformular las tradiciones y ocupar el tejido, por ejemplo, para ingresos extra o para intervenciones artísticas. Además creo que lo eligen porque tiene inevitablemente asociados conceptos como la calidez y la protección, y se puede jugar mucho con esos términos”, reflexiona Francisca Quezada, directora de la revista Tejidos Paula, quien se encuentra organizando la nueva versión de Expo Lana, que se realizará entre el 3 y el 6 de julio en el estacionamiento nivel C del Alto Las Condes y congregará a más de 100 expositores relacionados con la producción de lanas y tejidos.

Más adelante, en octubre, se realizará la segunda versión del Lovercrafty Festival, que reunirá distintas marcas, tiendas y agrupaciones que valoran el trabajo manual y el diseño de autor. “Aún no tenemos los días ni el lugar específico, pero nuestra idea es hacer talleres abiertos y gratuitos (o muy baratos) además de exhibiciones. Estamos organizándolo con el colectivo LanaAttack y la agrupación de tiendas chilenas de Etsy”, detalla Melina Rapimán, una de sus organizadoras.
Lo que sí tiene fecha es el Festival de la Lana 2014, que este año se realizará durante el 17, 18 y 19 de octubre en la Casona Nemesio Antúnez. Allí se reunirán artesanas chilenas y argentinas que trabajan con lana como materia prima, con el fin de intercambiar experiencias, fomentar el trabajo colaborativo, las buenas prácticas, el diseño identitario y el comercio justo. Además se realizarán talleres, conferencias y exposición de artesanos destacados ligados al trabajo de la lana.

Siguiendo el ovillo

En Santiago, el circuito lanero comienza en la calle 21 de Mayo, entre Esmeralda y Santo Domingo, donde están las clásicas tiendas de lanas, en las que es posible encontrar de todo para el tejido. También está la ruta de Pedro de Valdivia, avenida donde funcionan empresas laneras como Lanabel, a la altura de José Domingo Cañas, y Reginella, en la calle Los Plátanos.

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De izquierda a derecha: Isabel Margarita Pérez, dueña de la tienda que lleva su nombre; Claudia García, de Hilar, Tejidos y Palillos, y Marina Torreblanca, de RevesDerecho.com
  • En Providencia está la tienda Isabel Margarita Pérez, que lleva dos años y medio instalada en Las Urbinas 23, local 45, en la parte posterior de la Galería Drugstore. “A los 40 años dejé mi carrera, la arquitectura, y me dediqué al arte textil”, cuenta su dueña, del mismo nombre. “Tenemos lanas chilenas, peruanas, bolivianas y españolas, todas ciento por ciento naturales, no tengo nada con acrílico. Ese es el concepto de la tienda, volver a lo natural, a valorizar el trabajo con las manos, que siempre está hecho con mucho cariño y dedicación”, explica. Además de vender todo lo necesario para hacer un buen trabajo textil, en una pequeña mesa de madera rústica se realizan talleres de palillos, de croché y de textiles andinos. “Son cursos personalizados, de no más de cinco personas y tres horas cada uno, porque con menos tiempo no se aprende”, asegura.
  • En Avenida Ricardo Lyon 222, local 5, acaba de abrirse la segunda sucursal de RevesDerecho.com, tienda de doscientos metros cuadrados donde no solo hay una gran cantidad de tipos y marcas de lana, como ovillos Martha Stewart y Hook -lana hecha de tela reciclada-, sino un sinnúmero de utensilios para hacer todo tipo de manualidades: hay desde set de agujas, máquinas de coser, botones, utensilios para hacer pompones hasta artículos para scrapbooking. “La primera tienda es la Casona Revés Derecho -Dr. Raimundo Charlin 655, Recoleta-, pero la venta y los talleres que allá se imparten solo están enfocados a las lanas, el fieltro y el tejido”, puntualiza Marina Torreblanca, directora comercial y autora del blog homónimo que creó en noviembre de 2005, que impulsó la creación de ambas tiendas. “La idea surgió de la necesidad de hacer algo distinto a lo que había en el mercado, que era muy tradicional y que ofrecía básicamente lo mismo desde los años ochenta”, cuenta. Y agrega: “La gente que consume lana lo más probable es que también haga otro tipo de manualidades. Además que las técnicas se pueden cruzar, mezclar, por eso hicimos algo integral”, dice.
  • Claudia García, dueña de las tiendas Hilar, Telar y Palillo -Camino El Alba 11865, local 9, Las Condes, y Embajador Doussinague 1750, local 11-A, Vitacura-, nunca imaginó que heredaría de su madre el gusto por las lanas. “Ella era espectacular tejiendo, pero a mí nunca me gustó hacerlo cuando estaba viva, no quise aprender. Después de que falleció empecé a hacer pequeñas cosas y cuando mi hija nació y creció un poco, comencé a estudiar arte textil. No volví a trabajar en relaciones públicas, quería hacer algo que me permitiera estar con mi hija y que me gustara por sobre todo”, cuenta. En ambas sucursales vende lanas argentinas, italianas y españolas -como por ejemplo de la marca Katia- y otras elaboradas con fibra de bambú, leche de soya, mohair y seda de gusano de mariposa, además de accesorios para tejer y ropa tejida a mano.

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Corriendo con tijeras.com
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Camila Larsen dice que cree que aprendió a tejer antes que a nadar o andar en bicicleta. “Afortunadamente tuve una abuela paciente que me enseñó muy bien. Después, hace unos ocho años, me perfeccioné tragándome libros y tutoriales en YouTube, que fue lo que me permitió tener una técnica bastante avanzada”, cuenta. Corriendo con Tijeras es el nombre de su blog, en el que publica todos los datos de los talleres que imparte en su casa: tejido libre, bordado, frivolité y amigurumis. “Es muy satisfactorio hacer algo con las manos, al que luego vas sumando detalles: que el tejido quede perfecto, que el diseño calce bien y que no se noten los eventuales errores. Es como el montaje de una película, si no se nota cómo fue hecha al punto de que parece un pedazo de realidad, es porque está muy bien. En el tejido pasa lo mismo: si parece que la prenda nació espontáneamente, sin hilos colgando ni costuras mal hechas ni pedazos con mala tensión, es que la cosa funciona bien. Y eso se siente delicioso”.

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Pupol.cl
5_3x4Hace siete años su hijo estaba viendo unos dibujos animados y le dijo algo de ‘pupol Elena’. Ella no entendió a qué se refería, miró la pantalla de la televisión y vio que era un pulpo. “Ahí se me prendió la ampolleta. Como hago de todo, desde ser dueña de casa, mamá, ilustradora, hacedora de manualidades varias, hasta algo de adiestramiento canino, pensé que era el nombre más adecuado para mi proyecto”, cuenta Patricia Stockebrand. Su proyecto es esta tienda online en la que vende hilados que elabora y teje ella misma, accesorios para amigurumis -técnica japonesa para tejer muñecos a croché-, cuentas corridas de distintos colores y agujas rusas o mágicas -que se usan para bordar-. Uno de los más llamativos son las cajas de accesorios, pequeños baúles de plástico que traen todos los utensilios necesarios para tejer, bordar y coser: “Vienen palillos auxiliares -para hacer trenzas-, reserva puntos -para dejar puntos en espera-, marcadores de punto -que indican cuándo hay aumentos, disminuciones o cambios en estos-, topes de palillos -para no pincharse ni enganchar los puntos ya tejidos-, huincha de medir, descosedor, tijeras y agujas”, detalla.

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Telaria.cl
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Eleonora López es historiadora de arte de la Universidad de Chile, tejedora a telar y creadora de esta marca con la que difunde el arte textil chileno. Empezó vendiendo sus tejidos y se fue adentrando tanto en el tema, que realizó una investigación sobre tejidos precolombinos en el Centro de Arte Textil Pawllu. Para perfeccionar su técnica, en diciembre de 2010 viajó a Chiloé, donde estuvo cuatro meses aprendiendo telar chilote con la maestra Adriana Tureuna. “Ella ha capacitado a todas las mujeres que quieren tejer en el quelgo -el telar chilote-, en la localidad de Quemchi. Es una mujer amable que respira su oficio heredado por su madre, que vive en el tiempo de la tejedora y quien me enseñó a vivir a ese ritmo y espacio”, recuerda. Eleonora realiza todos los talleres que imparte Telaria, menos el de bastidor cuadrado, y vende telares de distintas medidas y sus herramientas -navetas, ñerehues, reglas, peines y agujas de madera, todo elaborado en mañío y raulí-, además de bolsos que permiten transportarlos sin que se dañen.