Belleza

“Lo heredé de mi mamá”

No pueden negar a sus progenitoras porque al mirarlas hay un parecido evidente: tienen un rasgo específico, como el color del pelo o la forma de los ojos, que las mimetiza y las conecta. Además qué mejor manera de aprender a querer nuestro físico que a través de la experiencia de una madre. Aquí, hijas y mamás comparten la alegría de tener un ‘clon’.

  • Valentina Ossa

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Fotos: Nicolás Abalo  Producción: Antonia Bordali Maquillaje: Tere Irarrázabal  Asistente de maquillaje: Valentina del Solar

Oda al colorín


mamá

Aunque Fabiola Villanueva tiene el pelo más café que sus hijas Valentina Sichel (25) y Florencia Sichel (19), cuenta que cuando adolescente su cabello era igual de anaranjado que el de ellas, pero que con los años se volvió un poco más oscuro. Hoy luce un color castaño con reflejos colorines, una tonalidad que llama la atención de una manera similar a las cabelleras rojizas de sus dos retoñas.
Pareciera que el gen colorín es bastante fuerte ya que además de sus dos pequeñas, Bruno, su hijo menor, también nació con el cabello anaranjado. “Mi papá tiene el pelo café, pero todos los demás somos colorines, es la característica que une a mi familia. Cuando chica me cargaba porque quería ser igual al resto de mis compañeras de colegio, pero ahora me encanta. Es una suerte porque es un color distinto que pocos tienen, además da personalidad”, asegura Florencia.

Labios definidos


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Catalina Miquel y su hija Sofía Mayol (3) no solo comparten la forma de la boca sino también unas paletas prominentes: “Es gracioso porque es un rasgo que heredé de mi mamá, y la Sofi tiene los mismos labios (gordos en el centro) y paletas grandes con espacio al medio, igual que yo cuando chica. A mí se me arreglaron los dientes cuando me crecieron las muelas del juicio, pero mi mamá todavía tiene esa apertura y me encanta. Es un signo distintivo así que feliz de que mi hija también lo tenga”, enfatiza esta diseñadora de vestuario.
Para Catalina, la boca y la nariz de Sofía son muy de ella, pero dice que lejos en lo que más se parece es en la personalidad. “Es muy femenina, le encantan las cosas bien de mujer como la ropa y el maquillaje. Por ejemplo, yo suelo pintarme los labios rojos y cuando ella me ve hacerlo goza y altiro me pide que la pinte”, relata entre risas.

Cejas poderosas


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La similitud en la forma del rostro, el tamaño, la figura y el estilo de vestir es lo primero que llama la atención al ver a esta pareja de mamá e hija. “Nos complementamos muy bien. Yo soy diseñadora de vestuario y mi mamá tiene una tienda de ropa en Talca que se llama igual que ella, Verónica Meyer. Hace un mes abrí en Santiago una sucursal de su boutique, así que ahora además del vínculo familiar estamos unidas porque somos socias”, cuenta Valentina Prieto (26). Y no solo eso. Además del gusto por la moda Valentina heredó de su madre un rasgo deseado por muchas: unas cejas gruesas y definidas como las de la modelo Cara Delevingne. “Me encantan, son el marco de los ojos. Pero antes era mi trauma porque tenía el pelo cerca de la cara muy rubio y las cejas oscuras, entonces lo encontraba raro. Ahora me gustan y aprendí de mi mamá a dejarlas naturales, ella se las perfiló un par de veces y nunca más las volvió a tocar”.

Ojos seductores


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Ana Correa es mamá de dos niños: Amelia Aigneren, de casi dos años, y León, de cuatro. Su hijo es bastante parecido al papá, más rubio y con piel blanca, dice, pero Amelia tiene su misma mirada, colorido y pelo. “Los ojos grandes, bien oscuros y levemente hacia abajo son un sello de las mujeres de mi familia. Yo lo heredé de mi mamá y ahora ella de mí. Es chica todavía pero uno lo reconoce de inmediato, veo fotos mías a esa edad y la verdad es que somos una copia”, comenta.

Ricitos idénticos


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La melena crespa de Sara Freire (7) no sería así de voluminosa ni con las ondas formadas perfectamente si su mamá, Macarena Gajardo, no tuviera el mismo pelo que ella. Quizás, si no fuera por esa similitud, su cabello no tendría rulos sino frizz como muchas crespas que descubren sus maravillosas cabelleras en la pubertad cuando sus madres dejan de cepillarlas insistentemente. “De chica me peinaban con el pelo seco, y eso es lo peor que se le puede hacer a una rulienta. A la Sara la escobillo en la ducha y después no le toco ni una mecha para que sus ondas se formen al natural”, cuenta Macarena.
El parecido de sus cabellos ondulados las ha llevado a realizar diversas campañas de publicidad juntas. “Yo soy actriz y la Sara siempre me acompañó a los castings hasta que un día me dijo: ‘Mamá yo quiero hacer lo mismo que tu’. Ella es una miniactriz, somos compinches y lo pasamos muy bien juntas”.