Destacado 1/2 2

Unidos por el deporte

Pasar tiempo con los hijos es un regalo mutuo que permite afianzar lazos y enriquecer la relación. Aquí cinco mamás cuentan de qué manera aprovechan el deporte al aire libre para estar con ellos y cuánto han disfrutado en este espacio compartido.

  • Monserrat Molina

Compartir vía email

Fotos: Nicolás Abalo Producción: Claudia Illanes

Carolina de Moras y Mila Khamis


4_5x5

“Con Mila (4) empezamos a subir cerros hace muy poco tiempo. Como todavía es muy pequeña, lo hacemos como un paseo y caminamos lento. Cuando vamos al campo aprovechamos de recorrer los alrededores, hacemos caminatas por las colinas y en Santiago hemos subido el Manquehuito y los cerros que están cerca de mi casa. Esta idea se me ocurrió porque un grupo de amigas lo hacía con sus hijos, y la verdad que es un panorama familiar superentretenido. Hacer este deporte al aire libre, más que entregarme beneficios físicos, porque siempre vamos al ritmo de mi hija, es una instancia en donde ella lo pasa muy bien, compartimos y estamos al aire libre. En Santiago muchos niños van solo a la plaza y este es el contacto más cercano que tienen con la naturaleza. En cambio el explorar y disfrutar los cerros, que es maravilloso, hace que te olvides por un rato del estrés que se vive en la ciudad”.

Francisca Imboden y Consuelo Garcés


5_5x5

“Comencé a hacer yoga en el año 2000 y después de ocho años dejé la práctica constante, porque empecé con otras disciplinas como pilates y gyrotonic. Hoy lo estoy retomando a través del Axis yoga, porque estoy muy interesada en mejorar mi postura. Es una práctica muy completa porque no solo trabajas con tus músculos, también te ayuda a manejar tu voluntad, capacidad de concentración y meditación. Con mi hija Consuelo (18) comenzamos a ejercitar juntas hace un mes. Se lo propuse porque consideraba que se estresaba demasiado con ciertas cosas y eso no la estaba ayudando a enfrentar los estudios. Encuentro que el yoga es un superbuén camino de autoconocimiento que le ayudará a afirmar sus decisiones. Practicamos dos veces a la semana, ambas tenemos mucha flexibilidad y es muy bonito vernos en igualdad de condiciones”.

Virginia Yarur y Benjamín Castillo


1_5x5

“Desde pequeña soy amante de los animales y gracias a mi mamá conocí los caballos y este deporte. Comencé a montar a los 4 años, primero fui jinete de salto y entre los 8 y los 16 años competí en esta disciplina. Más adelante aprendí el adiestramiento. ¡He estado vinculada a este deporte toda mi vida! Creo que la equitación es una forma de vida. Trabajar con un compañero que pesa 600 kilos y poder controlar es un arte, y lograr que coopere y trabaje a la par contigo es maravilloso. Es un deporte que te enseña a cultivar la paciencia, la constancia, la perseverancia y el amor por los caballos. Mi hijo menor, Benjamín (5), comenzó con clases de pony a los tres años. Él siempre me veía montar y me pedía que lo subiera conmigo. Por seguridad los niños chicos montan en un recinto especial en el club y no se mezclan con los caballos grandes. Muchas veces me ha tocado encontrarme con él y me hace señas y me dice: ‘¡Mamá, mira, ando solo!’. Cada vez que lo veo me siento chocha. Me encantaría que siguiera montando conmigo”.

Mariola Arteche y Mia Cummins


2_5x5

“Cuando estaba en la enseñanza media les pedí a mis papás que me dejaran ir al colegio en bicicleta, así es que el hábito lo tengo desde los 17. Con mi hija Mia (9) empezamos a pedalear juntas el año pasado, le compré su primera mountain bike con cambios y hemos hecho paseos superentretenidos. Los domingos nos gusta recorrer la Costanera desde el Parque Bicentenario hasta el Forestal. En Cachagua hemos hecho los Siete Portones, que es una ruta en cerros. Hago harto deporte, y ella es bien compinche conmigo. A veces me acompaña a trotar o a andar en skate y hasta surfeamos juntas. Con mi hijo Cristián, que tiene siete años, también salimos mucho a andar en bicicleta. A mis niños siempre les explico que uno tiene que hacer deporte para estar sano mental y físicamente”.

Paula Zegers y Paulita Domínguez


3_5x5

“Desde hace mucho tiempo que hago caminatas como ejercicio. Cuando estaba estudiando arte me iba caminando desde La Portada de Vitacura hasta la escuela, que estaba en la calle Lastarria, y demoraba casi una hora en este trayecto. Dejé esta costumbre por un tiempo hasta que hace algunos años la retomé casi como una obligación. Es un ejercicio muy completo y agradable, no te das ni cuenta de cuánto eres capaz de caminar. Me hace conectar con la naturaleza y me ayuda a respirar mejor y sentirme libre. Además me tonifica y fortalece los músculos. Con la Paulita (14) caminamos todos los fines de semana, una hora como mínimo por la calle Pocuro. Es muy rico hacer esto juntas. Estamos las dos solas, conversamos sin teléfonos y sin interrupciones,” cuenta la pintora, y su hija agrega: “Aprovechamos de estar juntas, conversar y reírnos. Además es un superbuén ejercicio, que me relaja y me ayuda a mantenerme en forma”