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Carolina Urrejola:“Ni a los 20 ni a los 40 importa mucho el qué dirán”

Luego de cumplir su posnatal completo, la periodista y conductora de Teletarde retomará sus funciones en Canal 13 a fines de este mes. Seguirá amamantando a su hijo Tomás el tiempo que sea necesario y dice que no le importa estar con unos kilos de más mientras tanto, porque preocuparse de eso sería ceder ante una presión social que no comparte.

  • Veronica Marinao

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1_300Últimamente Carolina Urrejola (39 años, cumple 40 en un par de días) lleva a todas partes su fular. No es un pañuelo de esos que se usan para abrigar el cuello o para dar un toque estiloso a la tenida. El de ella es uno que le permite reforzar el apego con Tomás, el hijo que hace casi seis meses tuvo junto a su marido, el crítico de música Mauricio Jürgensen. La periodista y conductora de Teletarde pidió que la sesión de fotos contemplara sí o sí este artículo de crianza, no por una razón estética, sino porque literalmente la ‘envuelve’ una profunda y cotidiana convicción. “Muchas veces las guaguas se quedan en las cunas o en coches, y cuando son tan chicos lo que de verdad necesitan es el cuerpo de la madre. Este fular cumple un poco con lo que siempre han hecho las culturas indígenas, y nos permite replicar a nosotras esa costumbre ancestral de sociedades donde las guaguas lloran menos, tienen menos cólicos y en las que, finalmente, son más felices (…) Lo uso mucho más que el coche. Cuando salgo, pongo a la guagua en su sillita de auto y llevo el fular en la cartera, lo saco, me lo pongo, hago lo que tengo que hacer con él (con Tomás amarrado a su pecho) y es superpráctico. A las guaguas les encanta”, explica, y reflexiona sobre algunos paradigmas de la crianza tradicional: “A veces te dicen ‘sácalo luego de la pieza porque después no vas a poder’ y te preguntan mucho ‘cuánto tiempo pretendes seguir dándole pecho’. Siento que hay una presión social por evitar esta fusión total entre la madre y el hijo, y es una cuestión bien incomprensible, porque no se gana nada separando a la díada. Estas son cosas que uno entiende hoy en día porque está el conocimiento; existen las investigaciones y, afortunadamente, hay organizaciones dedicadas a promover la crianza consciente, hay blogs centrados en eso y realmente lo agradezco demasiado porque es conocimiento que finalmente está a la mano y que cuando uno lo adquiere hace mucho sentido con lo que uno siente. Esas tincadas de la guata que te dicen ‘esto es lo mejor para la guagua’ en este tipo de crianza son las que mandan. Los pediatras están cada vez más conscientes de que -en última instancia- quien más sabe es la madre, y yo creo que cada vez son menos los consejeros que hablan como desde afuera, sin respetar el proceso íntimo de una mamá con su guagua. Ahora es más respetada la intuición y eso es clave; me ha funcionado mucho”, cuenta sobre su guagua, a quien dio a luz 20 años después de tener a su primera hija, Emilia.

“Cuando nació Tomás había gente que me decía ‘mándalo un ratito a neonatología; ahí lo cuidan y así tú puedes dormir’, pero yo he dormido tanto en mi vida que en realidad en ese momento lo único que quería era no dormir. Yo sé que los cuidan bien, pero el mejor lugar donde está una guagüita recién nacida es en su pieza, con su mamá y su papá”, dice. También valora el que las madres actualmente se junten a compartir sus experiencias. “Es superimportante conversar con otras mujeres que han estado o que están en la misma y antes eso era algo que no se usaba mucho”, explica, y dice que le sorprende que cuando a una mujer como a ella le interesan los temas de crianza rápidamente se le considera “una fanática del tema”, como si existiese una ‘hipersensibilidad’ o un ‘prurito social ante las conversaciones sobre la maternidad.

¿Qué diferencias ves entre tu primer parto y el de ahora? Fue superdistinto, en términos de que hoy hay más conocimiento respecto de cómo es el ideal de la llegada al mundo de una guagua. Antes, socioculturalmente no era un tema el apego temprano o el hecho de que la madre pudiera tener un control de lo que pasaría en el parto. Son cosas sobre las que se ha empezado a tomar conciencia en el último tiempo, entonces fue gratificante aplicar esos conocimientos y sentirme más a cargo del parto. Yo creo que a muchas mujeres les pasa que con sus primeras guaguas se sienten un poco objetos de toda esta operación médica, y que en muchos casos no son consultadas y que después, cuando tienen un segundo o tercer hijo, se dan cuenta de que pueden ser una voz mucho más protagónica y, en definitiva, se empoderan. Eso es un signo de los tiempos, un proceso sin retorno: que las mujeres seamos protagonistas de nuestros partos. Yo lo siento así y de hecho con mi pareja se lo pedimos al equipo médico y fueron muy receptivos, superabiertos.

¿Fue un parto normal? Fue una cesárea por una razón estrictamente médica. Cuando nació mi primera hija tuve una cesárea que yo no sé si entonces realmente era tan necesaria. Ahora sí lo fue porque tenía una operación anterior y no había forma de zafar. Yo quería hacer un parto normal, pero entiendo perfectamente que si no se puede, no se puede nomás. Pero las cesáreas también pueden ser mucho más cálidas, fue un momento superrico, muy de los tres (con su marido). De hecho el anestesiólogo estaba emocionado y decía “yo recibo hartos partos pero son muchas las parejas que están en otra, los papás que salen a hablar por teléfono para contarle al compadre que nació la guagua y a ustedes los veo con mucha intención de hacer de este un momento especial”, y al tener esa intención, las cosas pasan. Terminamos todos bien contentos y sentimos que logramos lo que planificamos.

Y al estar más madura ¿tuviste menos miedo que la primera vez? ¿ O el temor siempre existe? Creo que hay cosas que no tienen que ver con la edad. Como tú dices, el temor o las aprensiones de las primerizas son siempre los mismos, tengas 20 o 40 años. La sensación de que no se está preparada para ser madre tampoco tiene edad, es algo tan fuerte, tan transformador, que uno no puede sentirse preparada, porque realmente te da una vuelta completa. Sentí menos miedo a los 20, fíjate, porque tenía toda la fuerza de la juventud, entonces no me hacía muchas preguntas.

Aperrabas nomás. Sí, en ese sentido era mucho más de batalla mi actitud frente al embarazo, al parto y a la crianza, era como la sensación de que tenía que armar un nido en tiempo récord, ¿cachái? Una cosa casi como de boy scout, porque evidentemente fue un embarazo sorpresivo y había que reaccionar con las herramientas con las que contaba y finalmente se transformó en una gran sorpresa, porque se me hizo fácil y, claro, a esa edad se tienen bien pocos miedos. Tener una guagua cerca los 40 es una cosa mucho más meditada, buscada y más reflexionada, y creo que eso también da un poco más de espacio a las aprensiones y a los temores, pero lo bueno es que tanto los 20 como los 40 años son edades en que a uno no le importa mucho el resto, el qué dirán, no eres tan susceptible a las presiones del entorno. Las edades intermedias son más complicadas.

¿Ves diferencia con relación a la paciencia, la edad y la crianza? Sí, yo creo que cuando uno es mayor tiene más paciencia.

¿Más?, ¿no menos paciencia? No, fíjate, es más. Creo que uno tiene más paciencia, porque de alguna manera ya viene de vuelta, no tienes esa ansiedad de que te puedes estar perdiendo algo. Cuando eres joven y la mayoría de la gente de tu edad está en otra, evidentemente te sientes un poco excluida (…) Cuando tuve a mi hija a los 20 fue algo que funcionó muy bien para mi personalidad, para mi naturaleza. No fue un proceso disruptivo, como que siempre fui maternal y me gustó lo que ocurrió, no fue una cuestión que me saliera a contrapelo. También estaba en pareja entonces y fue un proceso resguardado y contenido.

Y tu hija ¿cómo tomó la llegada de este ‘hermano-hijo’? Ella está chocha, muy contenta, enternecida con este hermano, en la casa se derrite y juega con él y lo toma, y también es de mucha ayuda porque son brazos útiles. Pienso en mujeres que tienen una guagua y también otros niños chicos y realmente las admiro porque yo he podido dedicarme por completo a esta guagua y solo he tenido ayuda de mi entorno, de mi marido, de mi hija. Ahora también tengo la posibilidad de contar con una señora que trabaja con nosotros y a los 20 años eso no era posible; las circunstancias son mucho más fáciles ahora. Mi hija está chocha y cuando carga en brazos a la guagua, lo único que espera es que piensen que es su hijo, ella no lo desmentiría. Es bien tierno lo que se produce cuando ellos dos están juntos.

Ha sido fluido para todos, entonces. Sí, existe esta idea de que los hijos cambian la vida. Efectivamente es una transformación por lo que implica, pero no ha sido un trastorno mayor o que tengamos que privarnos de ciertas cosas. Yo creo que ese es uno de los beneficios de ser padres entre comillas ‘viejos’; de verdad uno tiene cierta tranquilidad y de esa forma también se genera una tranquilidad ambiente que hace que las cosas fluyan.

No es que se estén cuestionando permanentemente cómo ser mejores padres. Exactamente, no nos ponemos tensos, vamos viendo y hasta ahora nos ha ido superbién, hemos llevado adelante el estilo de crianza que queremos; por supuesto que lo hacemos con humildad porque uno no sabe los caminos de la vida, no es que tengamos un plan rígido preestablecido, sino que es básicamente fluir y nos ha ido bastante bien.  2_350

Esa crianza ¿tiene que ver con volver a lo natural? Sí, tiene que ver con una cosa simple, pero es más que volver a lo natural o a lo estricto en términos de alimentación; por ejemplo, donde todo tenga que ser 100 % orgánico. Por supuesto que es algo que nos preocupa, pero no nos interesa que eso se vuelva una religión. Sí nos mueve tener una vida simple, que esta guagua crezca consciente del país en el que vive y para eso es bueno ver cómo nuestros propios papás nos criaron; yo creo que hay harta sabiduría en eso, además la información que hay ahora gracias a la sicología ha hecho que uno tenga más conciencia y que pueda mejorar cosas que nuestros papás no hicieron por desconocimiento. Por ejemplo, no queremos una rigidez excesiva pero sí una disciplina. Tampoco deseamos atiborrar a nuestro hijo o nuestros hijos ni de juguetes ni de aparatos ni de pantallas siempre prendidas, creo que es una aspiración bien sencilla, que tenemos la mayoría de los papás; no nos gusta la ostentación, la acumulación ni el lujo, eso no es parte de como somos nosotros, entonces creemos que nuestro hijo tiene que ser también consciente. Uno no se quiere convertir en el ogro que anda parando a los hermanos y a los primos para que no le regalen cosas al niño porque, en algún nivel, es una pesadez, pero sí nos hemos planteado, por ejemplo, decir que para la Navidad un regalo por familia está bien, que no son necesarios 10, son cosas pequeñas pero que son importantes. Ese es el tipo de decisiones que nosotros creemos que sirven para que el niño crezca más conectado, más consciente, que se aprenda a aburrir, que invente cosas, que recicle, que herede cosas.

Y quizás entre una tablet y una bicicleta preferirán que le regalen una bicicleta. Claro, tratar de retrasar lo más posible la tablet. Obviamente yo tengo sobrinos y veo como conectan tan bien con la interfaz de los iPhone; realmente están diseñadas para mentes curiosas y en desarrollo como la de los niños, entonces también prohibirle ese tipo de cosas es difícil, pero bueno, en cada etapa del desarrollo iremos planteándonos nuevos desafíos.

El colegio que elegirán será uno de esos desafíos. Hay un colegio municipal acá en la esquina de mi casa y uno tiene el sueño de que fuese así de automático, de ir y poner al hijo en el colegio municipal de la esquina, pero uno sabe que desgraciadamente no es igualmente competitivo con la educación particular. Qué más quisiera yo que de aquí a cuatro o cinco años la educación en Chile fuera un poco más justa, de calidad, equitativa, para que nuestros hijos pudieran relacionarse con todos los niños que componen la sociedad chilena, que no sea una cuestión tan excluyente. Las conversaciones que hemos tenido (con Mauricio Jürgensen) tienen que ver con eso, con qué lata que por tener que optar por una educación de calidad tengamos que meter a nuestro hijo a un lugar excluyente donde hay solo un tipo de gente, esa es una de las grandes tristezas del sistema educativo chileno ( …) Creemos que el mejor colegio es que el queda cerca de la casa, porque vivir en Santiago trasladándose en auto es algo que será cada vez más difícil.

Esbozaste en una respuesta la idea de un tercer hijo. No sé, no nos cerramos a la posibilidad, tampoco es algo que vayamos a buscar si no ocurre naturalmente, pero no sabemos, por ahora puede que sí o puede que no.

Carolina Urrejola tomará su posnatal completo. El 25 de mayo Tomás cumplirá seis meses. Al día siguiente, la periodista se reintegrará a sus funciones en Teletarde. Dice que le dará pena, claro, pero que también tiene ganas de volver a trabajar.

No tuviste temor por estar mucho tiempo fuera de pantalla. No, nunca lo he tenido, yo creo que los tiempos han cambiado en ese sentido, uno parte de la base de que nadie es irreemplazable, entonces tampoco se saca mucho con estar tenso porque alguien va a venir a reemplazarte. Uno es periodista y forma parte de un equipo. Desde fuera uno puede reencantarse con la profesión y ver sus defectos, sobre todo ahora con coberturas importantes donde el trabajo en televisión es tan clave que yo puedo ver con más distancia el malestar de la gente con el trabajo de los periodistas.

Con la cobertura del incendio de Valparaíso fue bien evidente ese descontento. Con el terremoto en el norte estaba terminando de decantar y con lo de Valparaíso terminó de instalarse ese malestar. Los televidentes están mucho más vigilantes, a veces siento que es un poco injusto porque obviamente en una cobertura de cinco horas un periodista puede repetir mal una frase, conjugar mal un verbo o decir una palabra no adecuada, pero en el fondo lo que se critica es la falta de sensibilidad y de empatía, el querer ser protagonista, el cosificar el dolor, el sufrimiento, el transformar muy rápidamente una tragedia en un espectáculo, y yo creo que todas esas son críticas que son válidas y que tenemos que recoger absolutamente. (…)Un departamento de prensa es una cuestión muy compleja y uno se siente orgullosa (de pertenecer a él), porque es realmente difícil el trabajo y por eso tenemos un sentido de cuerpo tan fuerte y tendemos a defendernos de las críticas, pero todos somos bastante conscientes de que es bueno parar y reflexionar e implementar reglas o nuevas formas de abordar este tipo de cosas. Todo eso yo lo puedo ver porque estoy fuera, y eso es positivo porque creo que volveré con una mirada más fresca y más positiva y un poco más consciente.

El peso de las madres es un gran tema en nuestra sociedad. Culturalmente a las mujeres se nos exige recuperar la figura rápidamente después de tener un hijo. Sí, en eso yo he pensado mucho; trato de abstraerme porque solo es una presión que no corresponde, que no tiene sentido, que va contra la naturaleza. Es normal que te demores en volver a tu peso normal, pero socialmente se celebra mucho a las mamás que a los poco meses están delgadas y en la misma talla que tenían a los 18 años. Eso se premia, no a la madre que sigue con los kilos de más después de cinco meses. Dicen que la lactancia ayuda a bajar de peso, pero eso es relativo porque la lactancia también da hambre; tienes que producir 800 calorías más y debe ser leche con grasa, entonces no puedes comer como un pajarito ni contar las calorías. Yo creo que presionar a las mujeres para que tengan que decidir entre ser flacas o dar papa es bastante fuerte. (…) Es una cuestión bien difícil que se hace pesada.

En tu caso la presión debe ser mayor porque trabajas en televisión y la tele más encima ‘engorda’. Sí, exactamente, y dar papa es un factor extra, pero no estoy dispuesta a estresarme y a pagar el costo de esa presión. Yo creo que la gente entiende perfectamente que si uno acaba de tener guagua, estará redondita un tiempo y más pechugona o más gordita que antes. Mientras a uno no le importe, a la gente tampoco le importa. Si uno realmente se lo vive con relajo no debiera ser un problema para nadie.