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Ramón Llao: “Más que actor me considero un trabajador como cualquier otro”

Así como va, arreglándoselas para trabajar en televisión, en la radio y en teatro, siempre caminando -no maneja-, bien podría ser el sucesor del compadre Moncho, más bien de Adriano Castillo, a quien muchos dicen ver en todas partes al mismo tiempo. “Nooo, no quiero ser compadre de nadie, Moncho hay uno solo”, dice riéndose. Y un Llao también.

  • Revista Mujer

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collageLa Picá de Uno es un programa que se transmite todas las mañanas, de lunes a viernes, por la radio Uno. Lucho Hernández es su conductor, y en él Ramón realiza una sección llamada CasteLlao, donde comenta algunos giros idiomáticos propios de los chilenos. Hace un mes, para promocionarlo a través de las redes sociales, Lucho modificó digitalmente una fotografía del grupo de música punk los Ramones -esa en la que aparecen Johnny, Tommy, Joey y Dee Dee con chaquetas de cuero negras, jeans y zapatillas de lona, apoyados sobre un muro de ladrillos- y reemplazó el rostro de cada uno de los integrantes por la cara de Ramón. Un recurso simple y efectivo, que resumió magistralmente los rasgos más distintivos de este actor de 46 años: su sentido del humor, su desparpajo y su tendencia a interpretar personajes chambones. El más reciente es Lázaro Barrientos, de Centro de Alumnos, serie infantil que transmite Mega todos los sábados, donde personifica a uno que podría ser el opuesto de un punki. “Es un ex marino que dirige un colegio como si fuera un barco y que a los alumnos les dice grumetes. Es un perfecto imbécil”, dice. “Como que siempre hago personajes así, medio ‘ahueonaos’, pero no me complica para nada. Me gustan porque se construyen desde el humor”. Ramón lo pasa muy bien trabajando indistintamente en teatro, en teleseries, en programas de televisión -fue notero de CQC, condujo Entrecomunas en LivTV y fue panelista de Alfombra Roja-, en la radio -es uno de los conductores de Los Guardianes de la Parrilla, también de Radio Uno- y en eventos variopintos. Y si bien sus comentarios y su estampa despaturrada hablan de su comicidad y rebeldía, también revelan su habilidad para moverse con holgura por los medios. “Sabes que aprendí a no opinar. Que la gente haga lo que quiera, cada uno sabe lo que hace. Más que actor me considero un trabajador como cualquier otro. Entonces si hay un cheque de por medio lo acepto, es pega. Además que es un deber trabajar cuando tienes responsabilidades”, opina. Por eso cuenta que no da pie para las críticas, menos para las que provienen desde Twitter. “Si un hueón me dice fome, lo bloqueo”, sentencia. 

Pero en Alfombra Roja Prime te decían cada cinco minutos que eras feo y no podías bloquearlos. Es que siempre he sido feo. Ese hueveo partió con la Renata (Bravo) y el (Eduardo) Caroe, que tenía unos chistes muy buenos. El que más me gustaba era uno que decía que mis amigos eran el bueno y el malo, porque obvio que yo era el feo. De verdad que no me afectaba; me importa bien poco lo que digan de mí. 

Buena, Iron Man. Algo te tiene que enojar. Es que creo que incluso soy mejor que Iron Man (risas). Hace años que no discuto con nadie, para qué. Tiene que ver con las prioridades, y las mías son mi hijo y jugar Playstation.

¿Nunca te has agarrado a combos? No, te juro que nunca he sido mochero. Cuando era curao, más curao que ahora, me quedaba dormido. Hoy las curaderas son menos y más controladas. Esa es la madurez: cuando uno tiene conciencia de la caña que vas a tener al otro día.