Columnas

¿Quién se pone los tacos?

Sí, nos hemos subido a nuestros tacos, y no tenemos por qué renunciar a ellos.

  • Carla Guelfenbein

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1_okLa primera mujer que entró a estudiar medicina a la Universidad de Chile debía, por mandato, asistir a clases de la mano de su madre, y ambas debían permanecer tras un biombo en las lecciones de anatomía. La visión, por una mujer, de un cuerpo desnudo (aunque sin vida) era considerada inmoral. Hemos recorrido un largo trecho desde entonces.

Esas mujeres que hace un siglo tenían que pedir permiso para acceder a la educación hoy se han transformado -según plantea la periodista Lenka Carvallo en su último libro, Descolocados- en “reinas Alfas”. ¿Qué es una “reina Alfa”? Una nueva generación de mujeres que, según la periodista, está “demasiado firme sobre sus tacones”. Mujeres que en su camino por rebelarse contra el machismo terminaron por adquirir una supremacía sobre los hombres y aplastar su virilidad. Ellos, ‘descolocados’ ante esta nueva generación de pares, se han retirado a sus rincones y las observan expectantes y desconcertados. Son varios los testimonios de hombres que dicen añorar nuestra feminidad, nuestra vulnerabilidad, nuestro segundo plano en el cual estuvimos rezagadas por siglos, que anhelan volver a ostentar el control absoluto sobre las cosas. Uno de ellos nos pide por favor que nos bajemos de los tacos, dado el hecho de que en Chile el promedio de los hombres no mide más de 1,67. Hablan de las mujeres ‘empoderadas’, que desde sus altas camionetas 4×4, y pegadas a su celular, miran el mundo desde sus ventanillas, dispuestas a arrollarlo si es necesario.

Un planteamiento sin duda interesante el de Lenka Carvallo, que nos abre la posibilidad de reflexionar. Para empezar, creo que es importante distinguir las cosas. Como decía, el camino que hemos recorrido ha sido largo y arduo, y sin duda ha valido la pena. Hoy no tenemos que pedirle permiso a nadie para aspirar a nuestros sueños. Hoy es posible que una mujer escale en las esferas de poder, que se independice económicamente, que tome las riendas de su vida, que aspire a relaciones maduras, que anhele estar al lado de un hombre que no solo la apoye en sus decisiones, sino que no se achique ante ellas, un hombre que en lugar de considerar su autonomía como una amenaza, se sienta orgulloso de ella. Sin duda que la feminidad y la delicadeza son atributos esenciales en nosotras las mujeres. Y los hombres están en lo cierto en apreciarlos. Así como también lo son en ellos la caballerosidad, la iniciativa, la disposición a la acción. Hay atributos esenciales que nos definen como mujeres y como hombres y que echan a andar los mecanismos de la atracción y de la seducción. Pero esto no significa que la mujer tenga que volver a ser sumisa, débil, dependiente y limitada para atraer a los hombres, para lograr tener una relación que satisfaga a su pareja. ¿Por qué habríamos de renunciar a nuestros logros, que son el resultado de generaciones de mujeres a lo largo del mundo? La verdad es que sería demente. Un retroceso evolutivo.

Es importante aquí distinguir entonces entre esas mujeres ‘agresivas’, las “reinas Alfas” como las ha denominado Lenka Carvallo, por quienes los hombres no se sienten atraídos y a quienes temen, y las mujeres que con esfuerzo han alcanzado su independencia, que son autónomas, que quieren de la vida lo mejor y luchan por conseguirlo, que no están dispuestas a vivir una vida mediocre, ni un amor mediocre. Sí, nos hemos subido a nuestros tacos, y no tenemos por qué renunciar a ellos. Tal vez, en lugar de pedirnos que nos bajemos, aquellos hombres que se ven intimidados por nuestros logros podrían subirse a sus propios tacos, cualquiera estos sean, y ponerse a la altura de las mujeres a las que aspiran. ¿Por qué, si los hombres no se sienten cómodos con los logros de sus mujeres, habría el mundo entero que descender varios escaños, en lugar de subirlos juntos?