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Mathieu Guilhaumon

A los seis años decidió ser bailarín y a los doce, coreógrafo. Llegó a Nueva York siendo un adolescente y trabajó con figuras como William Forsythe y Maurice Béjart. Nacido en Perpignan, Francia, dirige el Ballet Nacional Chileno, compañía con la que el 26 de abril estrenará L’Heure Bleue / La Hora Azul: “Es el momento en que la naturaleza se tranquiliza. Un tiempo que, además, puede ser el paso entre la vida y la muerte”, dice.

  • Revista Mujer

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Por: Ignacio Tobar  Foto: Raúl Araya
Mathieu Guilhaumon
Mathieu Guilhaumon“Lo de bailar debe venir por mi abuela, quien trabajó en la pequeña ópera en Francia. A los cuatro años bailaba,  preparaba funciones y mi hermano se encargaba de la parte técnica. Éramos una compañía, les cobraba entradas a mis padres… Tenía sentido del negocio”.

“Cuando tenía 17 años gané un concurso y me fui becado a Nueva York, a la escuela de Alvin Ailey. Después de pasar por el Conservatorio de Perpignan, donde comencé a los seis años, viví un choque cultural al llegar a Nueva York. Ahí aprendí a vivir. No tenía a nadie y por primera vez estaba lejos de casa”.

“Crear una coreografía es como escribir: tenemos letras, luego palabras y después una frase. Después se ponen los puntos, pero sin palabras, con pasos y con el cuerpo”.

“De niño, antes de dormir, en mi cabeza creaba imágenes con bailarines, escenarios, aunque no tenía ni una idea de lo que significaba bailar. Pero no fui como Billy Elliot (el personaje de la película homónima); mi historia es distinta porque mis padres me apoyaron”.

“En 2013 creé la obra Añañucas para el Banch, y luego me ofrecieron ser el director. Había dejado de bailar hacía dos años y no creí que tendría una propuesta así de rápida. Estaba viviendo en el sur de Francia y me vine”.

“La hora azul es el momento en que el cielo tiene ese color oscuro, pero menos oscuro que el de la noche; cuando los pájaros cantan de nuevo y la naturaleza se tranquiliza. Es una transición; el pasaje entre un mundo y otro. Es el momento cuando las cosas pierden su forma y todo se mezcla un poquito y no sabemos bien lo que pasa”.

“Los artistas tenemos la suerte que muy poca gente tiene. Mis padres me dijeron: ‘Hemos trabajado en la oficina por 45 años y es muy aburrido. Queremos que nuestros hijos hagan algo que realmente quieran’”.