Destacada Inicio

Paulo Méndez: “Siento que la moda perdió magia”

Paulo Méndez no es el mismo. Cambió en los últimos meses. Dice que ahora quiere disfrutar de su trabajo y convertirse en un diseñador ‘gourmet’, sin preocuparse tanto de los números y el negocio. Ya no está interesado en dar el salto internacional con su marca y hace tiempo que dejó de lado, por propia voluntad, su sueño de ser director creativo de una gran firma de moda. Es más, quizás no se dedique toda la vida al diseño, como siempre había imaginado. ¿Frustración? ¿Desencanto? “No, estoy aterrizado nomás. Veo con los ojos de la realidad”, cuenta.

  • Ana Muguerza

Compartir vía email

Retrato: Raúl Araya

122Ha sido todo un proceso, pero el gran cambio se produjo a mediados del año pasado, después de presentar la colección MEDRA junto al artista visual Felipe Santander. El 2013 fue bien intenso para Paulo Méndez: los desfiles, preparar las vitrinas de la tienda Paris en el Costanera Center, diseñar para Viña… “Colapsé, estaba agotado y no podía hacer nada”, cuenta el diseñador. Sufrió una depresión que lo apartó de su taller durante tres meses, uno de los cuales se encerró en su departamento donde se dejó llevar por el sueño y la pena. La vorágine del mercado, las tendencias, la necesidad de vender. No es eso lo que él quería, y se frustró. No hay mal que por bien no venga. Paulo está convencido de que las crisis tienen su lado bueno y que de ellas se sale fortalecido.

Sigue dedicando prácticamente todo su tiempo al diseño de vestuario, pero ahora porque necesita hacerlo y porque lo disfruta, no tanto por obligación, como cuando comenzó hace cinco años. Le gusta su profesión, pero no la parafernalia que rodea a la moda, y encuentra que ser diseñador en Chile es muy duro. ¿Su gran anhelo ahora? Hacer prendas que puedan exponerse en un museo, convertirse en un diseñador ‘gourmet’.

¿Cómo estás ahora? Estoy muy bien. La depresión me hizo bien y me encanta decirlo. Las crisis son para eso, te remecen un poco, y cuando salí, estaba tranquilo. Ahora tengo las ideas más claras, un mundo absolutamente nuevo y tomé un ritmo diferente. Estoy más dispuesto a disfrutar, a ser más honesto conmigo mismo. No hacer lo que se supone que tengo que hacer, sino lo que necesito y siento que tengo que hacer. Estoy aprendiendo a disfrutar más de la pega y a preocuparme menos de lo que es un negocio. Más allá de vender me interesa hacer y expresar. Empecé a tomar esto como lo que siempre pensé que tenía que ser, por ese lado más romántico.

2¿Cómo ves tu marca en el futuro? Al principio tenía la preocupación de armar una marca que vendiera, pero ahora me doy cuenta de que, a lo mejor, mi marca se perfila de otra manera, no como algo masivo. Me encanta que se vincule más al diseño y al arte que a lo comercial y me encantaría poder hacer que la marca viviese de eso, que es lo que está pasando en los últimos meses. En ese encontrarme estoy, pero también siento que no hay nada definitivo, estoy superflexible, no sé qué va a pasar mañana. Es probable que no sea diseñador toda la vida, que era algo que yo antes tenía superclaro. Hay un montón de cosas que quiero disfrutar y hacerlas bien. Me encantaría estudiar fotografía, aprender pintura y canto o tener un huerto en el sur. Y, siendo diseñador, no lo podré hacer, así que en algún momento tendré que decir ‘basta’.

¿Pero no será algo inmediato? No, para nada, es a futuro. Todavía estoy disfrutando de esto, pero, como te digo, no me cierro a nada y sé que algún día daré un giro.

Tu sueño cuando comenzaste era ser director de arte de una gran firma de moda internacional. Ya no, para nada. ¿Para qué voy a estresarme así? Terminaría internado. Las casas de moda hacen ocho colecciones al año y lo encuentro una locura, todo queda viejo enseguida, hay cantidad de tendencias… ¡Cómo voy a querer llegar a ser eso! Siento que la moda perdió magia. Yo viví otra cosa de niño, era más romántico. A lo mejor no sé evolucionar con la moda, pero tampoco es esta la moda que yo quiero.

¿Y cómo ves el panorama de la moda en Chile? ¿Sabes qué? Es superduro ser diseñador en este país. Admiro mucho a mis colegas y a las generaciones anteriores de diseñadores porque yo llevo solo cinco años, pero hay gente que lleva veinte y treinta años. Y para hacer esto tanto tiempo hay que quererlo mucho, sobre todo aquí. Imagina que queda solo una tienda emblemática de diseño de autor en Santiago (Porquetevistes, donde tiene lugar esta entrevista). El resto ha cerrado, los malls se comieron la ciudad y se van a comer Chile. Eso no pasa en otros países.
[block_quote cite=] Es superduro ser diseñador en este país. Admiro mucho a mis colegas y a las generaciones anteriores de diseñadores porque yo llevo solo cinco años, pero hay gente que lleva veinte y treinta años”.[/block_quote]

Pareces decepcionado, frustrado… No, estoy aterrizado nomás. Veo con los ojos de la realidad. Cuando todo es una ilusión, como cuando estaba en la universidad, es mágico, pero cuando estás ahí, eso se aterriza y pierde brillo. La verdad es que lo que me gusta a mí es diseñar y no el glamour de la moda.

Y al diseño sigue dedicando Paulo Méndez prácticamente las 24 horas. Durante el día en su taller de Puente Alto, donde dibuja y cose escuchando los diálogos de la serie española de televisión Aquí No Hay Quien Viva -“me encanta, la encuentro genial”- y, por la noche, en su casa. No importa si llega tarde, prepara una taza de té rojo, abre un cuaderno y se pone a dibujar, hasta las cuatro o las cinco de la mañana. “No puedo dejar de crear. Es una necesidad, de verdad”. En eso no ha bajado el ritmo, aunque ahora produce dos o tres colecciones anuales, en lugar de las seis con las que partió. Precisamente hace unos días presentó la última en el desfile Viste La Calle. Como todas sus colecciones anteriores, esta también tiene mensaje porque necesita que su trabajo “diga cosas”.

4Háblanos de tu última colección. Es chiquitita, solo siete outfits. No tiene pretensiones de ser comercializada y la hice, simplemente, porque necesitaba hacerla. Siento que hoy me puedo dar el lujo de invertir en una colección que hago solo porque quiero. Son volúmenes que se escapan del cuerpo y hay ropa transparente. Se llama Everything is Love, y cuenta que el amor no es solo placer, también es dolor y eso, según lo veo, nos convierte un poco en masoquistas porque, a pesar de que terminamos relaciones y sufrimos, seguimos buscando el amor. Tiene una estética sadomasoquista.

¿Y cómo será la próxima? Empezaré ahora a afinar los detalles de la colección comercial, la de invierno, que debe estar lista en un mes. Nada está cerrado, todo lo voy viendo en el camino, pero tengo claro que quiero que sea ropa amigable, fácil de usar, solidaria con el cuerpo y el ropero de mis clientas. Serán prendas más livianas, a lo mejor porque yo me siento más relajado también.

 ¿Tienes pensado el tema? Es posible que tenga que ver mucho con el tema de la colección que recién terminé, el amor.

Te gusta colaborar con artistas, ¿tienes algún proyecto inmediato con alguno? En mi última colección, las máscaras que utilizamos las diseñó Angello García, un artista gráfico que es increíble. Aprendo mucho de la gente con la que trabajo y aprendo también a trabajar en equipo, aunque eso me cueste porque soy supercerrado de cabeza, de ideas fijas. Hay varios artistas con los que he conversado para proyectos, pero es difícil gestarlos, ahora me lo tomo con más calma.

¿Cuáles son las claves que caracterizan tus diseños? No sé, estoy tratando todavía de definir mis características como diseñador. Diría que mi manejo del color es bien plano -mis colecciones y tenidas son monocolores: negro, rosado…-, no hay mucho matiz en mi paleta. También me gusta lo sofisticado, me gusta mucho esa palabra que no habla de elegancia, sino de una complejidad. Hace poco vi con una amiga un programa de cocina del canal Gourmet. El chef preparó raviolis pero en vez de hacerlos de pasta, elaboró la masa con jugo de tomate y la convirtió en una lámina casi transparente. Después los rellenó con espinacas, una locura. Eso es sofisticado, y cuando lo vi le dije a mi amiga: “¡Eso quiero ser yo, un diseñador ‘gourmet’!”. Alguien que haga de las cosas fáciles algo complejo”. Ese es mi sueño con el diseño, hacer piezas que puedan considerarse dignas de un museo.

¿Qué porcentaje de tu éxito corresponde al talento y cuál al esfuerzo? Diría que un 70/30. Un 30% al talento y 70% al esfuerzo. El talento vale muy poco si no se trabaja.

Pero mucha gente te considera un genio… Habrá que preguntarle a la gente por qué. Yo creo que es mucho esfuerzo. Mi madre sí que es un genio… No soy yo, es ella… ese es mi secreto (se ríe). En serio, ella no se da cuenta pero en su cabeza todo funciona, es capaz de resolver la construcción de una prenda de una manera increíble.