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No es solo una cuestión de actitud

Si una mujer común y corriente se complica con qué vestir para un evento importante, imagine lo que debe ser elegir el atuendo para el día en que se asumirá la presidencia de un país. A 48 horas de que Michelle Bachelet sea investida por segunda vez con la banda presidencial, analizamos los looks de algunas de las candidatas electas más emblemáticas el día que se convirtieron en mandatarias. ¿El color preferido por ellas? El blanco.

  • Maria Paz Maldonado

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Por: María Paz Maldonado O. Fotos: Agencias

1.michellebacheletEn el momento en que el actual ministro de Hacienda, Felipe Larraín, anunció que el Congreso destinaría $595 millones de pesos para la ceremonia de traspaso de mando, las críticas llegaron como acto reflejo. El principal argumento de la aún opositora Nueva Mayoría, fue que la administración bacheletista había destinado $870 millones cuando fue Sebastián Piñera quien se enfundó en la banda presidencial. El enfrentamiento, que terminó con un aumento del 10% del presupuesto, refleja la importancia del evento que da la partida oficial al nuevo gobierno. Una ceremonia protocolar en la que nada queda al azar, mucho menos qué vestirán sus protagonistas.

“Los ojos del mundo están puestos en la ceremonia de investidura. Los votantes, la prensa internacional, todos están pendientes del traspaso de mando. Durante ese momento y los años de gobierno que le sigan, la vestimenta, al igual que el discurso político, transmiten un mensaje potente. Es una herramienta política crucial que debe ser abordada con astucia”, explica la socióloga especialista en moda Susana Saulquin.

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“En política el blanco es un color que marca el comienzo de algo positivo, es un buen augurio. Además inspira esperanza y tranquilidad, que es lo que un presidente desearía transmitir, sobre todo el primer día de su período gubernamental”, dice la socióloga Susana Saulquin.
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Una decisión acertada, aunque parezca banal, ayuda a conquistar y convencer a los ciudadanos. “Las personas que se dedican a la política son muy elocuentes con sus elecciones, con el modo que tienen de componer su imagen en la esfera pública. Se expresan, se manifiestan y se someten a la mirada de otros que decodifican el ser y el estar”, opina Ana Torrejón, periodista especialista en moda y directora editoral de la revista Harpers Bazaar’s Argentina.

La clave está en la consistencia. “En política no es tan importante si nos gusta o no el look de un candidato, lo relevante es que el mensaje no verbal, es decir la imagen, y el verbal sean coherentes. La apariencia de un político debe ser consecuente con la ideología del partido o del individuo, el contexto y su propia personalidad”, argumenta Patrycia Centeno, periodista española experta en el análisis de la estética como herramienta de comunicación política y autora del libro Política y Moda, la Imagen del Poder (Península 2012).

Las damas de blanco

Cuando Michelle Bachelet asumió la presidencia en el 2006, marcó un hito en la historia de Chile al ser la primera mujer electa para el cargo. Entonces vistió un conjunto blanco crudo, compuesto por una chaqueta de cuello mao -que se volvió una seña de identidad durante su gobierno- y una falda tubo. Los complementos mantuvieron la sobriedad con sus clásicos anteojos sin marco y unos aros de perlas.

Al año siguiente, cuando Cristina Fernández recibió el bastón de mando de manos de su marido, Néstor Kirchner (1950-2010), también optó por el color albo, aunque en un diseño bastante más osado, de encaje y ceñido al cuerpo, complementado por joyas doradas. “Muchos la criticaron porque parecía una novia. Además ella juega bastante con el look de una muñeca con ese pelo frondoso y maquillaje recargado”, menciona Saulquin.

Las-tres-blancoEl 2010 fue el turno de Laura Chinchilla en Costa Rica. ¿El color que escogió? Blanco aperlado, en un traje sastre de seda de la marca alemana Escada que le regalaron sus padres. “Yo había andado con mamá viendo cosas; a veces soy indecisa para ciertas cosas de ropa. Mamá me metió el empujón, pero me pareció muy caro. Me hubiera encantado ir con algo menos formal, pero se requiere así. Lo bueno es que es un vestido formal, pero de tela muy fresca”, contó al diario La Nación, de Costa Rica. En la misma paleta cromática, la carismática Presidenta de Brasil, Dilma Roussef, confirmó que la elección del tono, que por definición carece de color, no se trataba de una coincidencia, vistiendo un elegante traje de chaqueta y pantalón blancos, y prominentes aros y collar de perlas anacaradas.

“El blanco se asocia con la pureza y con la elegancia impecable. Cuando lo lleva una mujer, además de seriedad, le suma calidez y cercanía. Eso sí, su suavidad exige llevarlo en trajes de una manufactura perfecta, con buen diseño y con materiales de altísima calidad”, describe la asesora de imagen Fernanda Zamora. “En política el blanco es un color que marca el comienzo de algo positivo, es un buen augurio. Además inspira esperanza y tranquilidad, que es lo que un presidente desearía transmitir, sobre todo el primer día de su período gubernamental”, agrega la socióloga Susana Saulquin.

El tono, el corte y el diseño, el maquillaje, todo cuenta. “El atuendo escogido para la inauguración de un mandato se interpreta como una declaración de intenciones de lo que traerá su política, por eso la importancia de elegir bien. Además de la coherencia, un presidente debe fijar un vestuario que le ayude a equilibrar tres factores claves en política: seguridad, seriedad y cercanía”, complementa la periodista Patrycia Centeno.

Al ‘esperanzador’ blanco que han vestido las presidentas latinoamericanas de la última década, se les opone el negro riguroso -en traje de chaqueta y pantalón- que ha llevado para sus tres juramentos consecutivos la Canciller alemana, Angela Merkel. “Al inicio de su carrera era bastante más femenina que ahora. De hecho, cuando alcanzó el poder se sometió a un gran cambio de look, como mechas rubias y maquillaje. Lo que ocurrió es que rodeada permanentemente de sus homólogos masculinos, todas las críticas se dirigían a ella. Por eso decidió mimetizarse en la sobriedad de sus compañeros y enfundarse su sempiterna chaqueta de tres botones de cualquier color conjuntada con pantalón negro. Si bien eso no la exime de críticas, le sirve como coraza y armadura”, opina Centeno.

El negro también fue el color que vistió Cristina Fernández para su reelección en 2011, como signo del luto tras la muerte de su marido. En esa ocasión recibió la banda presidencial y bastón de mando de manos de su hija Florencia. “Vestir el luto para el cambio de mando claramente fue una estrategia política para empatizar con la ciudadanía”, infiere Saulquin. Eso sí, el negro fue interrumpido por los destellos de un reloj Rolex de oro y diamantes modelo Lady Date Just en su mano izquierda.Negro

El estilo Bachelet

Los clásicos trajes de dos piezas monocromos, compuestos por chaqueta y pantalón o falda, a los que la Presidenta reelecta nos tenía acostumbrados fueron, aparentemente, guardados en el clóset durante el período que Bachelet estuvo radicada en Nueva York ejerciendo su cargo como directora de ONU Mujeres. Su nuevo estilo sumó notas orientales y algo hippies, como estampados y túnicas, lo que el diario La Segunda calificó como “new look pachamámico” (29 de noviembre de 2013).

“Durante su primer gobierno (Michelle Bachelet) mantuvo un estilo unisex, algo mucho más protocolar e institucional, pero durante su estadía en Nueva York mostró una faceta más personal en su vestuario. Se liberó. Se le vio con ropa más cómoda y con mayor identidad. Es como si ahora ella eligiera de acuerdo con su gusto personal”, opina la diseñadora de vestuario Romina Meier, quien creó dos de los atuendos que la candidata electa usó para los debates presidenciales el año pasado. Ocasión (segundo debate) en la que a pesar de pasar inadvertidos, calzó un exclusivo par de zapatos italianos Salvatore Ferragamo.

“La Michelle de esta fase me da la idea de que tiene mucho de Michelle Obama, no en el sentido de ser una referencia en la moda, sino que de ocupar el vestuario para entregar un mensaje de cercanía y cotidianidad, y ya no ser la madre de Chile (como fue su primera etapa) sino la mujer trabajadora, que sabe mezclar y acomodar las tendencias pero de forma práctica. Creo que el collar de perlas, que la acompañó durante mucho rato, lo debería llevar menos”, dice Ulises Henríquez, sociólogo y autor del blog de moda Ponte los Pantalones.

Ahora la expectación está en si volverá al estilo estructurado que mantuvo durante su primer gobierno o si se arriesgará con algo más osado como lo hizo en el último debate presidencial, cuando sorprendió con una chaqueta de corte oriental y estampados tornasolados en color tierra. “Me gustaría verla con un atuendo que conjugue los códigos de protocolo que exige la ceremonia, pero también con su sello personal”, opina Meier.  “Espero que no vaya de blanco como la primera vez. Me da la idea de que podría ocupar un color turquesa o celeste en cortes simples, pero con su chaqueta más holgada y con mejor ajuste”, especula Henríquez.

“Cuando la Presidenta asiste a un acto relacionado con derechos humanos o bien se reúne con Evo Morales o Hugo Chávez, lo hace de rojo. Para ella este color significa lealtad. La autoridad también es roja, especialmente cuando preside los cambios de gabinete.

El poder, en cambio, brilla en la superficie de una de sus telas predilectas: el shantung”, publicó la historiadora especialista en moda Pía Montalva en el 2008 en el diario La Nación. De blanco, rojo, traje de seda… probablemente solo ella y su círculo más cercano sepan la elección. “En el look no la asesora nadie, eso es un mito. Es ella, y nadie más, quien elige qué se quiere poner”, dijo una fuente de su equipo de prensa consultada para este reportaje.

¿Señales de lo que podría usar para la asunción de mando? Nada. Solo queda esperar y ver con qué sorprenderá (o no) el 11 de marzo cuando camine por la alfombra roja más importante de la política nacional.