Hombres

Andrés Olmos

Desde la peluquería orgánica que lleva su nombre, este estilista educa sobre una belleza consciente y promueve un pelo sano y libre de químicos.

  • Josefina Strahovsky

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Por: Josefina Strahovsky Fotos: Orlando Pallero

1.okCuando todavía era un colegial, Andrés Olmos (38) ayudaba en la peluquería de su mamá en Antofagasta. Aunque comenzó como una obligación, pronto le tomó el gusto al negocio familiar. “Pero igual entré a estudiar Leyes y duré tres años. Cuando me retiré de la universidad, ya todos en mi familia suponían lo que quería hacer”, recuerda.
De pequeño notaba que muchos peluqueros (incluida su madre) tenían sus manos irritadas y alterado el sentido del olfato después de años expuestos a productos químicos. “En esos tiempos todo era supertóxico. Y era muy común que las clientas se quejaran por el olor de las tinturas o porque les ardía la cabeza”, cuenta desde uno de los sillones del salón orgánico que lleva su nombre en Providencia. Fueron esos recuerdos los que lo motivaron a jugársela, casi una década después, por un proyecto más amigable con el medioambiente, con sus clientas y, sobre todo, con sus trabajadores. “Si es contaminante para alguien que viene una vez al mes, imagínate lo que significa para una persona que trabaja todos los días con esos químicos”, explica.

La primera peluquería orgánica la vio en Londres. A los 28 años se perfeccionó en esa ciudad en la reconocida escuela de Tony&Guy, pese a que no sabía ni una gota de inglés. “Como no tenía plata, iba a los cursos gratis que se dictaban para emigrantes. Lo bueno es que en peluquería son términos parecidos”, dice.  “Lo que más me llamaba la atención cuando trabajaba con peluqueros chilenos más viejos era que ellos no tenían un método de trabajo. Usaban las técnicas básicas, pero no seguían un procedimiento. Los ingleses, en cambio, son muy exactos y pulcros. Allá todos los peluqueros poseen técnica y cortan bien; lo que los diferencia entre ellos solo son los productos que usan”.

Volvió a su país en el 2005 con la ilusión de abrir una peluquería orgánica, pero se dio cuenta de que los productos que necesitaba no estaban disponibles. Demoró un par de años en importarlos y certificarlos, hasta que el 2010 inauguró su empresa tal como él quería. “Mi objetivo es desintoxicar la peluquería. Liberarla de las sustancias corrosivas (como el formol, los parabenos, el sulfato de sodio y las siliconas, entre otros) y usar los materiales que no dañan. La gente cree que nosotros trabajamos solo con componentes naturales, pero eso es técnicamente imposible”.

[block_quote cite=] “Mi objetivo es desintoxicar la peluquería. Liberarla de las sustancias corrosivas”.[/block_quote]

Una y otra vez debe explicar que la duración de la tintura es la misma que la de una tradicional y que los productos orgánicos logran igual cobertura de canas. “Por eso gran parte de mi labor comienza al educar a la clienta. Sobre todo en los cuidados post, porque si yo le hago una coloración y después ella se lava en su casa con un champú con sulfato de sodio, el color se deteriorará mucho más rápido”.

A su peluquería, dice, llegan tres tipos de clientes: “el’  verde’, que conoce del tema y anda buscando este tipo de alternativas; los ‘conscientes’, no son tan ambientalistas pero sí buscan tratamientos más amigables y saludables, y los que vienen por moda, de estos últimos algunos se quedan”.  Para Andrés Olmos, definitivamente su propuesta no es una tendencia pasajera, sino más bien un estilo de vida que toma cada vez más fuerza. “Este es un trabajo a largo plazo, creo que en unos cinco años esto se consolidará y se exigirán productos más amigables con el medioambiente y la salud”, dice.