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Fascinantes zapatos

De Cenicienta a Carrie Bradshaw, los zapatos ejercen una profunda fascinación en la psiquis femenina y provocan graves efectos en nuestro bolsillo

  • Florencia Sanudo

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Mucho antes de los tacos de alturas inconmesurables y de diseñadores estrellas, las mujeres ya éramos locas por los zapatos, y ahora la ciencia nos dice el porqué. En efecto, si un nuevo par de zapatos nos es fundamental para modernizar un conjunto o hacernos sentir supersexi, ¿explica eso nuestra adicción?  Solo en parte. La ciencia ofrece un esclarecimiento adicional: al hacer este tipo de compra, el cerebro libera dopamina, un neurotransmisor que provee un sentimiento de bienestar, similar al de una droga. No solo eso: al comprar un par de zapatos se estimula también un área del córtex prefrontal del cerebro relacionada con el gusto por el arte y la pulsión por adquirirlo.

Y los zapatos, como bien lo sabemos, son un objeto de colección. Al  agregar un nuevo par a los que acopiamos en nuestro clóset, sentimos una inmediata subida de adrenalina. Más aún, esta maravillosa sensación se intensifica si se trata de zapatos de taco alto. “Como la mayoría de los animales, estamos condicionados para asociar altura con poder -decía Helen Fisher, profesora de antropología de la Rotgers University a la revista estadounidense Cosmopolitan-; los tacos acarrean un significado histórico, pues en siglos pasados solo los poderosos podían usarlos, el resto debía contentarse con un calzado apto para el trabajo. Los zapatos eran una medida de clase”. A todo esto se le agrega el componente sexual, ya que la zona del cerebro que comunica con los genitales está pegada e interactúa con la que se ocupa de los pies. Resultado: los zapatos, además, pueden ser eróticos. libro_250

No es de extrañar, pues, que estos hayan sido objeto de numerosos estudios y libros. Uno de los últimos, The Shoe Book, de Nancy MacDonell (Ed. Assouline), recorre los estilos, los materiales, los desarrollos tecnológicos y la historia de este accesorio.

Uno de los primeros calzados fueron las sandalias. Mientras que para los egipcios y los indios eran una opción más que una necesidad, los griegos las consideraban amaneradas y poco estéticas. Sin embargo, los romanos, que los emularon en todo, no compartieron esta aversión y conquistaron aguerridamente el mundo antiguo calzados con ellas. Más aun, en Roma, los zapatos eran un indicador social: los esclavos iban descalzos, mientras que los ciudadanos usaban sandalias con lazos y suelas bien clavadas.

 

[block_quote cite=] Con la expansión del cristianismo se impuso la idea de que exponer el cuerpo, incluidos los pies, era inmoral. [/block_quote]

Con la expansión del cristianismo se impuso la idea de que exponer el cuerpo, incluidos los pies, era inmoral. El modelo dominante durante toda la primera Edad Media era chato y de punta redondeada, aunque en el siglo XII, Eleonora de Aquitania, reina de Francia e Inglaterra, y la mujer más poderosa de su tiempo, impuso a las mujeres de su corte un calzado en punta, el primero de los modelos incómodos y dolorosos que torturarían a las mujeres en los siglos venideros (en este caso, aprobado por la Iglesia, que consideraba el soportarlos como un signo de piedad).

zapatosxivEn el siglo XIV, la moda y el calzado (hasta entonces prácticamente igual para hombres y mujeres) comenzó a diferenciarse según el sexo. Durante mucho tiempo, todo el calzado era una suerte de media corta en cuero, a excepción de las ‘chopines’, un calzado con una plataforma de madera exageradamente alta (hasta 55 cm), especialmente popular entre las aristócratas venecianas que las usaban para dar apenas unos pasos y que requerían la asistencia de un par de sirvientes. El mensaje (no tan) subliminal: el status de quien las usaba estaba por encima de los demás.

En el siglo XVII, los adelantos en la manufactura del calzado permitieron agregar el taco. Luis XIV, rey de Francia, desde cuya corte se dictaba la moda que se seguía en toda Europa, era un fan de los tacos, especialmente en rojo, al punto de que este se conocía como el ‘taco Luis’, que usaban tanto hombres como mujeres, si bien, poco a poco, los tacos femeninos fueron afinándose. En el siglo XVIII, con el rococó como estética dominante, el calzado femenino devino en aun más refinado y liviano, cuyo modelo más evocativo era la chinela de taco alto, frívola y coqueta, el tipo de calzado al que la Revolución Francesa puso fin.

Durante fines de ese siglo y principios del siguiente reinó una discreta sobriedad que se manifestó través de los botines extremadamente apretados. Curiosamente, fue recién en los años 1880 que comenzó a diferenciarse la suela del pie izquierdo y del derecho. Hasta principios del siglo XX, era habitual que las mujeres  llevaran ropa y zapatos incómodos. Pero con los cambios de la sociedad, los movimientos feministas comenzaron a influir en la moda. Las sufragistas rechazaban la ropa y el calzado opresivos que limitaban sus movimientos. En consecuencia, los dobladillos subieron y se impusieron los zapatos Mary Jane, característicos de los años 20, ideales para bailar el charleston.

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Marilyn Monroe, en La Picazón del Séptimo Año / Jane Fonda, en Barbarella / Sarah Jessica Parker, en Sex and the City.

La crisis del 29 calmó los ánimos de las ‘flappers’ y nuevamente los vestidos por arriba de la rodilla fueron reemplazados por trajes de corte severo, mientras que los tacos se ensancharon y bajaron unos centímetros. En cambio, reapareció la atrevida sandalia, mostrando los dedos de los pies por primera vez en siglos. Pero solo en la noche, jamás de día.

La revolución en botas y zapatillas

Así como en los años 50 el foco erótico se encontraba en el busto, en los 60 se desplazó a la pierna, y esta década trajo un aire de innovación en la moda que no había sido visto desde los años 20. Los corsés y fajas pasaron al olvido y las piernas y rodillas salieron a la vista de todos, aun si Emma Peel (de la serie Los Vengadores) o Barbarella (protagonizada por Jane Fonda), personajes icónicos de la época, las cubrían con largas botas.

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Bota: Cesare Pacciotti

Las botas altas llegaron al guardarropa femenino, de donde nunca más se fueron, pero sobre todo, fueron las zapatillas deportivas las que transformaron la manera de vestir, caminar y, por supuesto, de hacer deporte.

Los grandes nombres del diseño de calzado ocupan un lugar a la par de los grandes  modistos. Nombres icónicos como Roger Vivier (inventor del taco en forma de coma),  Charles Jourdan, Salvatore Ferragamo, Jimmy Choo, Christian Louboutin o Manolo Blahnik despiertan idéntica admiración que Karl Lagerfeld, Marc Jacobs o Raf Simons. En la última década,  nuevos creadores se han sumado a la ola renovadora, entre ellos Nicholas Kirkwood, Cesare Pacciotti, Tabitha Simmons, Charlotte Olympia; una generación que con gran desparpajo y ‘know how ‘ se han hecho un lugar en este  jugoso business. Más aun, los grandes nombres de la moda -Dior, Saint Laurent, Alexander McQueen, Chanel, sin olvidar que Coco fue una pionera con su célebre escarpín beige de punta negra y talón descubierto- se subieron al tren de este interminable mercado para producir sus modelos.