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Desacelere el ritmo y viva más ‘slow’

Respeto al medioambiente, consumo responsable y vivir a un ritmo distinto al que impone la sociedad ‘fast’. La idea es parar, ir más ‘lento’, como su símbolo a nivel mundial: el caracol

  • Revista Mujer

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Por: Carmen Gloria Muñoz Producción: María Eugenia Ibarra Foto: Nicolás Abalo Pelo y Maquillaje: Patricia Calfio

1_300“Slow Food Movement”

Promueve formas de producción y de consumo más justas y responsables, impulsadas por los cuestionamientos a cómo la comida está vinculada no solo a la salud, sino también a la economía, el medioambiente y la cultura. Todos, eslabones de una misma cadena que, en el actual sistema, están en crisis: aunque hay comida (1,3 billones de toneladas al año se desperdician), 870 millones de personas pasan hambre (cifras de FAO), y casi 1.500 millones sufren obesidad. Mientras, muchos cultivos tradicionales se pierden y la pobreza golpea a los pequeños agricultores, pues todo lo acapara la industria alimentaria que produce y vende a gran escala. De allí, la alianza que este movimiento plantea entre consumidores y productores locales.

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El comienzo, en Italia

Fue la apertura de un local de comida rápida en Roma lo que llevó al periodista italiano Carlo Petrini, en 1986, a proponer justo lo contrario de tragar a la pasada y sin conciencia alguna de lo que nos llevamos a la boca: recuperar el placer por degustar los alimentos y por la sobremesa. La idea básica pasaba por proteger los productos estacionales, frescos y locales del ataque de las grandes cadenas de hamburguesas y papas fritas. Hoy los seguidores de esta filosofía en la red superan las 100.000 personas.

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Lo que ofrece cada estación

Los supermercados venden de todo y durante los doce meses del año, y lo hacen a un altísimo costo. Para que consumamos lo que se genera en otros continentes, los productos viajan kilómetros, con un gran consumo de combustible y huella de carbono. Los seguidores de lo ‘slow’ proponen escuchar a la naturaleza y alimentarnos de lo que nos ofrece en cada temporada: los tomates en su época y no todo el año, cuando saben a cartón y no huelen a nada. Lo contrario merma la biodiversidad, la pequeña agricultura y la economía en los campos. De paso nos obliga a comer cultivos modificados genéticamente. En Chile también hay comunidades organizadas para comprar productos frescos y cultivados de manera ecológica. No se trata solo de orgánicos, pues acá no hay una certificación tan precisa, pero sí de frutas y verduras sin pesticidas ni fertilizantes químicos.

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Sexo, trabajo, colegio y ciudades ‘Slow’

Como la vida acelerada repercute en todos los ámbitos, la filosofía ‘Slow’ también propone el sexo pausado -recuperar la seducción y el juego-; un ‘slow work’ que aboga por jornadas laborales más flexibles, que algunas empresas visionarias ya han implementado; una ‘slow schooling’ que pretende liberar a los niños de colegios con altas exigencias y cargas horarias, en pos de una enseñanza más lenta, pero basada en aprender a pensar y no a memorizar información. También hay ciudades ‘slow’, donde se intenta mantener un equilibrio entre modernidad y tradición; para lograrlo se han aliado restaurantes, tiendas y municipios con el fin de buscar soluciones más humanas.

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