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Fin de semana en Mercedes Benz Fashion Week Madrid

El show continúa en las pasarelas madrileñas. Este fin de semana otros 15 diseñadores mostraron sus colecciones otoño-invierno 2014/15

  • Paula Olmedo

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Por: Paula Olmedo, desde Madrid.

/Día 2/

María Barros: Trajes de diva con botines masculinos


Mostró volúmenes asimétricos en siluetas de cintura marcada con aires de antiguas divas hollywoodenses. Los vestidos, chaquetas y abrigos –todos de cintura muy definida- marcaban las formar del cuerpo, pero en el caso de los vestidos, sin ajustarse a él. Los volantes en un hombro daban aires glamorosos mientras el colorido evocaba intensidad y pureza. La diseñadora dejó para el final un conjunto de vestidos de  noche de estilo griego confeccionados en seda. El único detalle levemente masculino (pero no por eso dejado al azar) era el calzado: Barros escogió botines en tonos gris y plata para todas las tenidas. Un contraste que daba buen resultado.

Martin Lamothe: Armaduras femeninas


Los abrigos oversized y la reminiscencia a las armaduras medievales de algunas chaquetas y el impecable corte de cada pieza revela datos de la persona que está detrás, y aquí vale la pena detenerse en un brevísima biografía: Elena Martin es la directora artística y diseñadora de Martin Lamothe, pero además es docente universitaria en España y México, trabajo que combina con su actividad como coolhunter. Estudió en Central Saint Martins College en Londres, y trabajó por dos años como asistente para Viviene Westwood y Alexander McQueen. Su historia pero por cierto también su talento es la fuente de colecciones de piezas con estructura robusta como las de la colección recién presentada.

Ailanto: Moda botánica


La Shirley Sherwood Gallery of Botanical Art de Londres es la única galería dedicada exclusivamente al arte botánico. Y este lugar fue la inspiración de los diseños creados para el próximo otoño-invierno europeo por los hermanos catalanes  Iñaki y Aitor Muñoz. Vestidos con estampados vegetales, colores que recordaban a las mariposas y brillos que parecían alas de libélula homenajeaban el trabajo de artistas, entomólogos y naturalistas, y a la vez, enmarcaban la figura femenina con sutileza y elegancia. Agregaron un detalle que otorgó aun más unidad a la colección: cada modelo llevaba un collar con un gran colgante en forma de mariposa.

Francis Montesinos: Ruta entre Oriente y Occidente


No cabía duda de que el inicio de su colección estuvo en la observación de Montesinos del plumaje de los pavos reales. La llamó “Silk on the Road” y con ella quiso recrear el viaje con el que Marco Polo estableció la ruta de la seda. Todos los trajes (hubo diseños para hombres y mujeres) homenajeaban esta travesía y la mayor parte de las prendas contaba con este estampado. La paleta de color se movía entre el azul y el verde, con algunos escapes hacia tonalidades más cálidas en trajes sorprendentes. Solo al final el concepto giró, seguramente sin querer, hacia un espíritu de carnaval.

Angel Schlesser: Un clásico que no defrauda


Una sutil mirada a la moda de los 70 hubo en este desfile. Sutil, porque no había prendas neo hippies ni homenajes a la revolución de las flores, pero sí vestidos, blusas y pantalones de caída suave y maxi pañuelo que parecían flotar y que el diseñador contrastó en varios casos con abrigos robustos. Escogió tweed, crepe, georgette de seda y mohair, entre otros materiales para dar a cada outfit una imagen casual muy contemporánea. Incluyó muy pocos estampados: lunares pequeños y grandes pinceladas, y el colorido es otoñal: azul marino, verde botella, camel y nude. Dejó las tonalidades más intensas (naranjo, verde y rojo) para los trajes de noche, entre los que incluyó un solo traje negro.

Teresa Helbig: Miles de tachas


Con cuatro tonos básicos -camel, crema, amarillo, negro- y 35 mil tachas doradas aplicadas a mano en 10 de las prendas, la diseñadora catalana creó una colección moderna, nada estridente pero con rasgos singulares que la destacan. Usó la técnica del quilt con forma de caleidoscopio en las espaldas de chaquetones, en los vestidos y en los costados de un enterito. Repitió este diseño usando aplicaciones de metal dorado, dando continuidad a la presentación. Y entre tanto colorido clásico de otoño incluyó un guiño que aportaba humor y frescura: mocasines rosados de taco grueso y alto. Eso y la presencia de distintos modelos de short (solos o como parte de enteritos) le dio un aire primaveral a la colección.

Juana Martín: Juego de transparencias


Crear una colección recurriendo solamente al blanco y negro puede resultar arriesgado. Los tonos que nunca fallan es una apuesta, a primera vista, predecible. Pero Juana Martín decidió correr el riesgo y fue un acierto. Enriqueció las telas con trabajo artesanal, dotándolas de bordados, aplicaciones de cristal y lentejuelas. Pero tal vez su carta mejor jugada fue el uso de transparencias, simulando profundos escotes o bien ubicando la tela translúcida color piel en sitios inusuales como la mitad de la falda o el cuello y los hombros. Con ello logró ilusiones ópticas de “vestidos flotantes” que consiguieron, por ejemplo, que una mujer de blanco se viera muy sexi.

Roberto Torretta: Sixties renovados


El diseñador argentino definió su colección como “un juego estético, elegante y seductor, a veces andrógino, y matizado por la costura de los años 60”. El corte recto fue una constante en todas las piezas. Las chaquetas de diferentes largos aparecieron combinadas con distintos tipos de pantalón: pitillos, cortos hasta el tobillo, pata de elefante, rectos o con pliegues en la cintura. La elección de los materiales se apegó a la tradición invernal: paño de lana y crep de seda para crear una silueta moderna y femenina, pero también incluyó variadas telas menos convencionales como popelina y microrejilla para dar mejores efectos de volumen. En suma, es una propuesta perfecta para mujeres a quienes les gusta la formalidad con detalles que salen de la norma.

/Día 3/

Agatha Ruiz de la Prada: La fiesta del color


La diseñadora amante del color y la estridencia volvió a mostrar una colección consecuente con el estilo que cultiva desde los ochenta: llena de tonalidades fuertes, con estampados imposibles y vestidos con formas extravagantes destinados a provocar reacciones extremas. Agatha Ruiz de la Prada mostró sus estampados emblemáticos en versión actualizada: nubes, corazones, arcoíris y enormes lunares en prendas superholgadas, cuestión necesaria para que el patrón de los estampados pueda ser visto. Las modelos lucían pelucas de pelo frizado color fucsia (de la marca Freestyle, que trabaja con pacientes de cáncer), las sandalias tenían todas terraplén de este mismo color y el maquillaje resaltaba los pómulos y labios en un tono muy similar. Y la alfombra sobre la que caminaban era… rosa chicle. El exceso de rosado en todas sus formas no es casual: si bien forma parte de la paleta que la diseñadora cultiva desde sus inicios, también era su forma de apoyar públicamente a la ONG Plan y su programa para niñas.

Juan Vidal: La diosa y los chamanes


Su referencia fue el chamán como guía espiritual, el nahual (animal mitológico) como figura protectora, Diana -diosa virgen de la caza- y la abstracción geométrica. Esa influencia estuvo en el colorido de la colección pero también en prints de figuras zoomórficas y geométricas. El desfile comenzó con minifaldas y minivestidos muy lineales, al estilo de los 60. La mayoría de las blusas y vestidos tenían mangas largas al bies, algo que se agradece ver cuando se acerca la temporada fría (y no todos los diseñadores lo recuerdan). Lo mismo que los abrigos: estaban hechos para lo que son, pero la paleta de colores escogida los convirtieron en piezas deslumbrantes: jaquard de lana y tafeta de seda, por ejemplo, en morado, naranjo, fucsia y granate, a menudo contrastado con negro. Para el final dejó vestidos largos asimétricos de un solo color y con notables escotes. El calzado escogido fueron sandalias negras de ante que tenían visón en el empeine y zorro en el tobillo, del diseñador Nacho Rivera.

 

Moisés Nieto: Blanco y negro en la ciudad


Muy sobria fue la presentación de Moisés Nieto. Confeccionada completamente en blanco y negro (excepto por un look de vestido y abrigo color mantequilla muy bien logrado) estaba inspirada en la geometría monocromática de la ciudad y cómo nos interrelacionamos quienes vivimos en ella. Los estampados y aplicaciones eran líneas (que en sus apuntes él llama “los caminos de los individuos”) y estas, junto con los brillos sutiles que aparecieron en la lana negra de algunas chaquetas y pantalones eran la única intervención en su paleta bicolor. Su única licencia lúdica eran los modelos de sombrero: cloché y viseras.

Andrés Sardá: Las Vegas style


La propuesta de esta marca de lencería era como un viaje a Las Vegas y la puesta en escena contó con todos los detalles indicados. Bimba Bosé y su nuevo novio fueron los dj mientras en la pasarela se sucedieron looks que se pueden agrupar en dos ocasiones: para la hora de la cena, con ropa interior en colores oscuros (morado, azul, verde opaco, negro) y con trajes y vestidos haciendo juego. Luego, el estilo giró hacia la discoteca, y la ropa se tornó extremandamente brillante, con detalles de strass en cada centímetro de tela. Para cerrar la presentación, una novia con el clásico portaligas, con guantes largos y medias con diseño polka dot, y tomando del brazo a un inusual novio: Bimba Bosé vestida como Elvis. Como debe ser en Las Vegas.

Anna Locking: Travesía norteamericana


Un viaje por los variados paisajes de Norteamérica fue la inspiración de Anna Locking. Y lo que pudo resultar en una colección al límite con la fiesta de disfraces, recibió aplausos por lo bien armada y original. En ella estaban representados los paisajes, culturas originarias y ciudades emblemáticas de Estados Unidos. Partió con un estallido de colores bien administrados (había azul piedra, amarillo, naranjo, rojo) en telas de color sólido y tejidos entramados para hombres y mujeres. Incluyó polerones con leyendas como “Dream is an act of will” aplicadas sobre la tela (también estaba desplegado al final de la pasarela), y dejó espacio para algunos trajes de noche con un gran final para reafirmar el nombre de la colección –American Landscape-: cuatro modelos masculinos vestidos con chaquetas y pantalones con estampado del suelo lunar escoltaban a una modelo con un vestido strapless de gran ruedo en que se repetía la misma imagen del espacio.

 

Victorio y Lucchino: Romanticismo de otoño


Bordados y transparencias marcaron esta colección formada únicamente por vestidos ultrafemeninos. El colorido se movió desde el gris al verde musgo, pasó al café y luego al negro riguroso, algunas veces avivado con encajes en las mangas, espalda o cintura. En cuanto a las líneas y cortes, esta vez los andaluces José Víctor Rodríguez Caro y José Luis Medina del Corral evitaron las figuras ceñidas y se centraron en siluetas holgadas, incluso se atrevieron con prendas oversize en telas acolchadas, algo poco usual en sus creaciones. La elección de los zapatos fue arriesgada: mocasines con cordones, planos y de color mostaza con aberturas de acrílico transparente y suelas en coral oscuro (que ya se vieron el su colección para el invierno 2013-2014). No pasaron inadvertidos y aunque no es seguro que funcionaran tan bien con los trajes de coctel negro, sí formaron un buen matrimonio con el resto de la colección. Un detalle para no dejar pasar: carteras baguette amarillas.

Ion Fiz: Colores del bosque


La paleta de la colección se trabajó en colores serenos como arena, marrón, ocre y distintos matices de verde, con los que este diseñador bilbaíno ofreció un homenaje al paisaje castellano. Pero en los cortes y el estilo había un aire british que se acentuó con la presencia de paraguas, varios trench y conjuntos de chaqueta y pantalón con pinzas en tela príncipe de Gales. También incluyó chaquetas muy entalladas y otras de exageradas hombreras, ambas combinadas con pantalones de talle semialto y vestidos que envuelven sin apretar. Las siluetas eran de líneas suaves, elegantes y, algo que no siempre sucede, parecían cómodas. Mostró también interesantes contrastes de texturas como seda con lana y un accesorio que se acerca como tendencia: medias bicolor. El diseñador las incluyó en negro (opaco/translúcido) y musgo/crema. Fiz se luce con la costura perfecta, una fijación que heredó de su abuela modista. Su ropa de hombre y de mujer transmite un aura de buena calidad desde la tela y hasta el último detalle en la confección.