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La vida lenta de Karyn Coo

Un vestido que la consagró en febrero (el de Carolina de Moras para la gala del Festival de Viña) como una de las mejores diseñadoras de alta noche; su primera colección cápsula para la marca Alaniz, de Paris, en marzo, y el nacimiento de su hija Filippa, en agosto, determinaron que este fuera su mejor año profesional y emotivo. Pero en vez de correr tras nuevos proyectos, decidió junto a su marido vivir una vida más simple: en 2014 trasladará el taller a su casa nueva, criará a su hija cerca de su mesón de trabajo y le dedicará más tiempoa la alta costura y a los vestidos de novia.

  • Veronica San Juan

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Fotos:  Paula Ziegler Producción : María Eugenia Ibarra Pelo y Maquillaje: Magdalena Cardemiln  Asistentes de fotografía:  Daniela Schananier y Valentina Galilea Vestuario: Karyn Coo  Agradecimientos : Museo de la Moda y Topshop

03-400Hasta los cinco meses de embarazo el médico le dijo que pariría un hombre, pero ella, después de cada consulta, le insistía a su marido que no. Que sería una mujer. Y se sentía tan segura que al poco tiempo de enterarse de que estaba embarazada ideó una línea de ropa infantil. La llamó Karyn Coo Petit, así, en general, sin género definido, pero en sus bocetos solo aparecieron vestiditos y calzoncitos abombachados. Aunque dibujaba ropa de niño al final del proceso siempre aplicaba un bordado, una cinta, un tejido coqueto que transformaba la prenda: a su hija la arroparía con vestidos de lino y con calzones con vuelitos. La imaginaba, dice, como una niñita de la Provenza francesa: la veía corriendo con puntillas, recogiendo lavandas en una canasta, una reminiscencia de su infancia en el campo, en Los Cántaros, cerca de Temuco, cuando ella y su madre recolectaban flores.

Y aquí está Filippa. Hoy no la ha vestido con alguna de las prendas de la línea Petit, pero cuando más tarde las retraten para la portada de esta edición le probará varios vestidos creados por ella. Esta mañana Filippa calza zapatitos dorados y está despierta. Pasa de los brazos de Karyn (25 años) a los de su padre, el psicólogo y fotógrafo argentino Andrés Ghiorzo. Por un costado de la mesa pasea Bruno, el perro que trajeron de Buenos Aires. Karyn, Andrés, Filippa y Bruno no se separan. Donde va uno, van todos.

“Somos una familia muy unida”, dice ella cuando entran a Boulangerie Metissage, el café al que acuden a menudo. Lo comenta riendo, como si tuviera que excusarse por no llegar sola a la entrevista. Más tarde, cuando crucemos hasta la tienda-taller ubicada en Nueva Costanera, el cuarteto dará otra prueba de cohesión familiar: él  instalará su notebook en una mesa pequeña, plantada en una esquina; ella caminará hacia el sector donde está el mesón de trabajo y las máquinas de coser y conversará con sus colaboradoras; el perro Bruno paseará libremente entre la zona de la tienda y la del taller, y Filippa descansará en alguna de las sillitas o coches dispuestos para ella. Y así todos los días. Es la vida que eligieron desde que su hija nació ese martes 28 de agosto, a las 3 de la madrugada, en la semana 39, tres horas y media después de que su madre llegara a la casa tras un desfile.

Pero esta rutina pronto tendrá ajustes, aunque la cohesión no variará. Una vez que se muden a la casa nueva, ella trasladará hasta ahí su taller para criar a su hija en un entorno más calmo que el actual. Y también para modificar su sistema de trabajo.

01-400 “La llevo todos los días al taller, pero uno se empieza a replantear las cosas. No quiero que esté incómoda o que permanezca despierta porque está estimulada por el ruido de la máquina de coser o por las conversaciones de las clientas o porque tocaron el timbre. Necesito que esté tranquila. Además, me quiero enfocar en la alta costura, en recibir más novias. Tengo ganas de estar todo un día bordando un vestido, porque ahora no tengo tiempo para hacerlo. Quiero que mis vestidos tengan alma, porque ese es mi sello”, dice, y resume la bonanza y la proyección laboral que vivió en 2013, gracias a tres factores: el vestido que le diseñó en el verano a Carolina de Moras; la colección que creó para Alaniz y los desfiles en los que participó, entre ellos la séptima versión de Pasarela Punta del Este realizado en febrero. Al modelo de De Moras, dice, le debe bastante.

“La Carola fue elegida como una de las mejor vestidas de la gala del Festival de Viña, y eso me ayudó para posicionarme como ‘la diseñadora que hace vestidos de alta noche y de alta costura’. Quisimos que desde el lugar que se lo mirara -de frente, de costado, de espalda- se viera un detalle distinto. Fue muy trabajado, bordado sobre encaje, con aplicaciones increíbles. Gracias a ese vestido me buscaron más novias y más madrinas para que les diseñara los suyos”, cuenta. A ese empuje de marketing indirecto sumó su primera colección cápsula para Alaniz, presentada en marzo:

“Soy superinquieta y me encanta participar en diferentes proyectos, aunque ahora que nació Filippa me estoy replanteando todo, porque hago muchas cosas y no tengo tiempo para nada. No pensé que iba a ser una mamá tan aprensiva. Te digo la firme: cuando la tenía en la guatita, decía: ‘Va a nacer y voy a empezar a trabajar altiro y la tendré con alguien que la cuide’. Ahora que nació me di cuenta de que no quiero correr y que quiero estar siempre con ella. Por eso mi proyecto del 2014 es abrir el taller en mi casa, vivir tranquila, disfrutar y volver al trabajo personalizado, a lo antiguo, a los bordados.

¿Mantendrás la tienda? Estamos viendo, porque me desgasta mucho diseñar prendas nuevas a cada rato. Estoy cansada.

Bordar a la antigua

“Siempre le reprocho a mi mamá y le digo: ‘Qué ganas de que hubieras sido modista y que yo hubiese crecido en un taller’. Ese era mi sueño y es lo que estoy haciendo con mi hija. Pero aunque mi mamá no cosía ni tejía, de chiquitita me fue mostrando los trajes de mi bisabuela; me acuerdo que tenía una maleta con telas que su abuela había comprado en Filipinas y a mí me encantaba todo eso”, dice sobre su conexión con los bordados y los encajes tan presentes en sus diseños.

02-400Antes de que supieras que estabas embarazada, ¿habías pensado en crear una línea de ropa infantil? No. Yo quedé esperando guagua y me dieron ganas de vestirla a la antigua, con lino y colores beige. A Filippa le pongo muchas de mis cosas, pero lo hago en la casa, cuando estamos solas o para  ir a una comida.

Es una ropita bien bucólica. Está muy inspirada en la moda francesa. No hay nada rosado; todo es blanco, beige, gris o malva; los botones son de nácar y tienen muchas terminaciones a mano, como se cosía antes. Hace tres semanas mi mamá encontró tres baberos de su abuelo y me los regaló. ¡Tú no sabes lo que son! Son de lino francés y están bordados enteros. A Filippa no se los pongo porque me da pena que los ensucie; los quiero enmarcar en un cuadrito.

Qué  bonito que tu embarazo te haya motivado a crear de otra manera, a otra escala, con otras fuentes. Nunca creí que iba a ser así. Siempre he visto la vida de una forma en que no me gusta pensar mucho las cosas. Lo más importante que he hecho hasta ahora ha sido sin pensarlo: entré a Project Runway con gente a la que no había visto nunca y, además, en otro país; conocí a Andrés -argentino, diez años más grande que yo-, me enamoré y en tres meses nos casamos. Y con la colección pasó lo mismo: la hice y si sale a cuenta o no, se verá más tarde. Fue como un capricho y está resultando. Quiero que la marca Petit crezca y ojalá llegue a la máxima gente posible.

¿Te vestían con ese tipo de ropa cuando eras niña? No me acuerdo mucho. Viví en el campo, cerca de Temuco, hasta los cuatro años, pero sí recuerdo que con mi mamá salíamos a recoger flores y que siempre estuve rodeada de animales; cada vez que ella me bañaba en la tina, llegaba una lechuza y se instalaba en el baño. Mis primeras fotos son con mis perros cocker al lado. Todo eso se lo quiero traspasar a mi guagua; quiero tener tiempo para mostrarle los colores, para recolectar flores, para volver a los juegos que se hacían antes, cuando la mamá tenía tiempo y se dedicaba a sus niños. Me he tomado la maternidad muy a pecho y he descubierto que, de verdad, me gusta. Creo que el mejor día de mi vida fue cuando tuve a mi guagua y estoy demasiado agradecida, pero ahora la vida me está pidiendo que esté más tranquila y eso es lo que voy a hacer.

Hay muchas conexiones en lo que estás viviendo: coser como lo hicieron tus abuelas y bisabuelas, la crianza más reposada, la vida hogareña. Es una vida más lenta.  Yo no me imagino sin trabajar, pero tengo que encontrar el equilibrio y para mí es ese: estar en mi casa, en mi taller, y si la clienta quiere venir, que venga… Qué rico mirar a tu hija a los ojos y tener un segundo para escucharla, responderle y después seguir; que la guagua sienta que la mamá no solo está físicamente en la casa, sino que también está emocionalmente.

Andrés, su marido, ha escuchado en silencio la conversación, pero en este tema aporta sus ideas. “Somos nosotros tres y si decidimos que el mundo vaya para el otro lado es una elección nuestra. Escuchamos lo que la gente nos dice, pero finalmente educaremos a nuestra hija como nosotros queramos”.

Además de esta vida más quieta, ustedes optaron por trabajar juntos. Tú administras la marca y la tienda de Karyn.  
Andrés: Yo me dedico a la fotografía, pero soy psicólogo. Trabajé durante cinco años en la rehabilitación de drogadictos, pero el día en que no  lo disfruté, lo dejé. En un trabajo así uno se vuelve una persona insensible porque te relacionas con problemáticas muy fuertes. Yo volvía a la casa y consideraba que los problemas eran otro tipo de cosas, no que Karyn, por ejemplo, extrañara a su perro que estaba en Chile. Me compliqué y tomé la decisión de hacer una vida en familia. Lo hablé con ella, le dije que tenía ganas de hacer un proyecto nuevo y empecé a hacer fotografías de moda. Estaba tan seguro y tan contento de la decisión, que después empezamos a construir la imagen de la tienda y de la marca. Dijimos: ‘Asumamos riesgos; hagamos en Chile una moda diferente, con texturas distintas. ¿Funcionará  o no? No sé’. Pero uno ahora ve que sí, porque todavía hay gente que busca eso. Y sí, somos familia: uno, dos, tres y cuatro con el perro.

Karyn: Lo ‘diferente’ a que se refiere Andrés es esa idea de volver a lo personalizado. A mí me gusta que la gente que va a mi tienda vea que atrás hay un taller, que miren las telas y se den cuenta de cómo se construye un diseño. Muchas veces estoy ahí y mi asistente me dice que no es normal que uno vaya a una tienda y te reciba la diseñadora. Le comentaba esto a Andrés ayer y me decía: ‘Karyn, tú eres de otra forma y la gente te busca porque estás en el taller; porque pueden conversar contigo, porque ven que tienes una hija, un perro, un marido. Porque todo está ahí’.

Una casa, un batón, un árbol

El domingo 22 de diciembre Filippa será bautizada en la casa que acaban de comprar. La vestirán con un batón almidonado que usó el abuelo de Karyn en su ceremonia bautismal. La fiesta será en el jardín, al estilo Coo, a la antigua, con guirnaldas de colores hechas en Nepal; con platos pintados a mano. Dos días después vivirán la Navidad en la casa de los abuelos maternos de Filippa, junto a los abuelos argentinos.

¿Cómo eran tus navidades cuando niña? ¿Cómo serán ahora con tu hija? Eran superfamiliares: entre todos decorábamos el arbolito gigante y nos demorábamos un día. No recuerdo esas navidades llenas de regalos interminables; mi mamá me mostró esa parte de la vida más simple, más sencilla. Ella, que cocina superbién, se preocupaba de que la comida estuviera espectacular, y todos los años preparaba una bandeja gigante con quesos suizos. Para mí la Navidad es eso: bandeja de quesos, un árbol enorme, la comida de mi mamá, la misa. La bandeja sigue estando y mi mamá le pone un cartel con el nombre a cada queso para que sepamos lo que estamos comiendo. Yo amo la época de Navidad porque mi familia vive en muchos lugares y es el momento para reunirnos.

Andrés responde cómo será esta primera Navidad con Filippa. “Antes de ese día plantaremos un árbol. Será un rito para iniciar la vida en la casa nueva y debajo de él seguramente pondremos el ombligo que se le cayó a nuestra hija. Creemos que es bueno que tenga un recuerdo. Lo mismo el perro. Si es que la vida lo permite, Bruno la va acompañar por diez años. Pensamos que este tipo de vínculos hacen a una persona más sensible, más humana”.

Mira el backstage de la producción de fotos con Karyn Coo: