Destacado 3/4

Respirar junto al mar

Cuando se reúnen factores como humedad, brisa y ausencia de agentes irritantes en el aire, inspirar y expirar profundamente se transforma en un auténtico placer que nos hacer sentirnos más sanos

  • Macarena Anrique

Compartir vía email

Foto: Getty Images
400x306Junto al océano, la brisa marina logra que partículas nocivas se dispersen hasta generar un aire limpio y, como consecuencia, más saludable. Pero estas condiciones podrían repetirse al estar en cualquier zona libre de esmog, como el campo. Lo diferente del aire marino está en otras de sus características. La temperatura es una de ellas. Franz Baehr, médico broncopulmonar de Clínica Las Condes, explica que lo moderado de las máximas y mínimas, por efecto regulador del mar, es favorable para las vías respiratorias, pues estas no quedan expuestas a situaciones extremas. La brisa marina también influye. “Al venir del océano, el viento no tiene contaminación polínica ni de gases u otras sustancias irritantes. Para una persona sana, desde el punto de vista respiratorio, al pasar tres días en la playa no notará un cambio, pero quien tenga problemas obstructivos, sí se dará cuenta y será como una terapia natural”, comenta el especialista.

Más relajo

El aire de la Tierra  tiene 21% de oxígeno y la máxima concentración de este elemento se encuentra a nivel del mar. En este ambiente, todo el organismo se beneficia. “La mayor biodisponibilidad de oxígeno puede significar más ingreso de este  a las células”, dice el doctor Francisco González, director del Área de Biología y Genética Molecular de Laboratorios Caledonian.

Si bien es cierto que a mayor altura los niveles de oxígeno disminuyen, es bueno saber que la diferencia de menos de mil metros, como la que hay entre Santiago y el litoral central, no alcanzan a ser significativas para provocar mejores estados de salud. El doctor Felipe Rivera, médico broncopulmonar del Hospital Clínico de la Universidad de Chile y de Clínica Dávila, aclara: “Lo que sí es cierto, es que mucha gente, al estar en la playa y respirar el aire marino, siente mayor tranquilidad. La sensación de confort y bienestar tiene un componente sicológico muy importante. Cuando uno va a la playa, va a sentarse, a descansar, a caminar. Por lo tanto, hay un ambiente propicio para la relajación”, dice el especialista.

A todo pulmón

Por la misma circunstancia anterior, existe la idea de que en la playa hay un mejor funcionamiento del sistema respiratorio o un trabajo de respiración más completo: dan ganas de inspirar profundo y aprovechar el aire limpio. Con eso se produce  más movilidad del diafragma y la caja torácica. “La inspiración profunda conlleva lo que se denomina la capacidad pulmonar total o capacidad inspiratoria máxima. Eso hace que la mayor cantidad de aire aprovechable entre a los pulmones y también se movilicen sectores de estos órganos que se usan poco. Es equivalente a hacer actividad física, por lo tanto, el ejercicio respiratorio completo es francamente beneficioso”, afirma el doctor Felipe Rivera.

Agua en la atmósfera

En la costa hay más humedad relativa del ambiente por efecto del mar y de la presión atmosférica de 760 mm de mercurio que existe en este nivel.  “A más altura, menor presión, por lo tanto los gases están más dispersos”, explica el doctor Francisco González. Esa humedad favorece las mucosas de las vías aéreas que protegen el organismo del ingreso de partículas y microorganismos. Es especialmente favorable para las personas con problemas respiratorios. “Estas requieren mantenerse más hidratadas y hasta se les recomienda respirar vapor dos veces al día. La humedad, en general, hace muy bien porque favorece las mucosas y despeja las vías aéreas”, especifica el doctor Baehr.

Gotitas en el aire

En el agua de mar hay oligoelementos como el yodo y, según teorías de medicina complementaria, cuando se inspira el aire cargado con esos componentes, estos pasarían al organismo. No obstante, según comenta el broncopulmonar Franz Baehr, no existe información confirmada.

El doctor Felipe Rivera concuerda en que no hay seguridad de que la absorción de estos elementos alcance a tener efectos saludables, menos si se le compara con la ingesta oral de esos componentes. “Los gases nobles, en general, entran muy poco a los alvéolos porque estos órganos están especialmente preparados para captar el oxígeno y el dióxido de carbono, no otro tipo de elementos. Al menos no de forma importante como para que signifique algo desde el punto de vista metabólico. Quizás hay situaciones que no están probadas todavía, pero en este momento no existe un trabajo científico que realmente lo demuestre”, asegura.

¿Mejor carga energética?

Además de sales y yodo, algunas fórmulas de medicina complementaria como la talasoterapia (antiguo uso del agua de mar y del clima marino para tratar desde estrés hasta problemas respiratorios)  postulan que el océano entregaría al aire una carga de iones diferente. Sin embargo, una vez más, la ciencia no corrobora esta propiedad. “Desde el punto de vista bioquímico, no hay argumentos científicos que demuestren que en el aire marino existen sales u otros componentes directamente beneficiosos para el organismo. De ser efectiva la forma en que estos elementos se pueden integrar al organismo mediante la inspiración, habría que discutir la real biodisponibilidad de esas sales o iones para las células somáticas o nerviosas. Más bien, la liberación de neurotransmisores depende de una serie de factores neuroquímicos involucrados en cada individuo, como también de aspectos auditivos y visuales; por ejemplo, el constante oleaje que la marea ejerce sobre la costa”, dice el doctor Francisco González.

El médico Felipe Rivera apoya y complementa esta visión y plantea que el aparato respiratorio tiene un sistema que trata de modificar al máximo el aire que entra al organismo, de manera que a los alvéolos llegue con una humedad y temperatura adecuadas, y sin sustancias diferentes al oxígeno.