Vida Sana

Testimonio: “Mi vida antes y después de una cirugía de cadera”

Hace cinco años la instructora de pilates y autora de la sección Zapping Wellness de revista Mujer, Keka Lamarca, sufrió una doble operación en la cadera. En este testimonio nos cuenta cómo fue esa experiencia y las cosas que sacó en limpio

  • Angelica Lamarca

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Des“Nací con displasia pero aun cuando fui tratada desde chica por esta dolencia, mis caderas fueron resintiéndose con el tiempo. Desde siempre bailé, luego entré a estudiar danza pero decidí congelar la carrera cuando conocí el pilates a los 19 años. Me enamoré de la técnica y lo dejé todo para ir a estudiar a Nueva York. Después de una vida dedicada al movimiento y al ejercicio, me anunciaron que debía someterme a una cirugía.

Me operaron cuando tenía 28 años. Tomar la decisión fue difícil, pero lo hice porque estaba afectando mi calidad de vida seriamente. Vivía entre dos extremos, ya que al practicar diariamente pilates desde marzo hasta enero fortalecía mi cuerpo y nunca tenía dolor en la zona de las caderas. Pero en febrero, cuando salía de vacaciones y dejaba mi organismo descansar sin hacer ningún tipo de ejercicio, perdía musculatura y el dolor en las caderas era tan fuerte que a veces ni siquiera podía dormir.

Consulté con varios especialistas. Todos me entregaban una respuesta distinta y uno hasta me dijo que mis caderas nunca iban a quedar bien después de la operación. Estaba muy confundida y llena de miedo. No podía imaginar mi vida con una limitación en mi cuerpo, porque lo que más me apasionaba era el movimiento y el deporte. Hasta que caí en las manos de un médico que me llenó de confianza y decidí que era el indicado para operarme. Me dijo que podía intervenir ambos lados de la cadera al mismo tiempo, pero que eso implicaría estar en sillas de ruedas por un periodo, ya que no podría apoyar los pies en el suelo ni darles peso a las articulaciones de la cadera durante unos meses. Me dio también otra opción, que sería más larga, pero más segura: operar un lado primero y someterme a rehabilitación durante tres meses para después repetir la operación en el costado opuesto. Eso fue lo que decidí hacer.

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Antes de la primera intervención me preocupé de preparar mi cuerpo durante seis meses para la cirugía. Me fortalecí con pilates, preocupándome de trabajar mucho la zona de mis piernas, glúteos y abdominales, y además hice ejercicios especiales para fortalecer mis muñecas, brazos y hombros, para resistir bien todo el tiempo en que iba a usar muletas.

La fecha llegó y todo se hizo como estaba planeado. Estando en la sala de recuperación, me pusieron la pierna operada en una máquina que asemeja el movimiento que se hace al andar en bicicleta y que funciona automáticamente. Pero al día siguiente el reto era mayor: para salir de la clínica debía levantarme de la cama con las muletas, caminar, subirme a una bicicleta estática y pedalear. Era un desafío, pero lo logré.

Al día siguiente del alta ya estaba con mis dos muletas con el kinesiólogo haciendo los ejercicios necesarios para recuperarme. Me puse las pilas y pasaba tres horas diarias en esta actividad. La kinesióloga fue un gran pilar en mi rehabilitación. Estuvo a mi lado cada día y me ayudaba en todo. Debía soportar masajes en la pierna que me sacaban lágrimas, pero había que hacerlo. Lo peor era la noche: durante los primeros 20 días tuve que dormir de espalda, con un cojín que separaba mis piernas al ancho de las caderas, y estas a su vez eran amarradas para que no se movieran de esa posición. Tenía que pedir que me desamarraran cada vez que necesitaba levantarme. Sinceramente no sé que hubiera hecho en ese periodo sin la ayuda de mi familia.

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Lentamente fui mejorando y cuando me dejaron con una sola muleta partí a nadar, ya que este era el ejercicio que mejor les hacía a mis piernas y a mi cadera. Cuando me permitieron andar sin muletas comencé de a poco a combinar los ejercicios de kinesiología con natación y algunos de pilates para fortalecerme aun más y prepararme para la segunda operación. No quería que llegara ese momento ni pasar otra vez por todo lo que había vivido. Pero había que hacerlo…

¡Y lo hice! Esta vez fue un poco más lento, ya que era el lado de la cadera que estaba más dañado. Pero todo salió bien y tuve la oportunidad de conocer una técnica que me ayudó mucho en mi rehabilitación: el gyrotonic. Esta disciplina me permitía lubricar la articulación de mis caderas, de entregarle espacio, estirarla, elongarla y, a la vez, fortalecerla sin ejercer ninguna presión sobre ella. Fue tanto lo que me ayudó a rehabilitarme que estudié gyrotonic y ahora soy instructora. Mezclaba los ejercicios de kinesiología diarios, natación tres veces a la semana y otras tres sesiones de pilates y gyrotonic. En ese tiempo tuve la oportunidad de viajar a Nueva York y rehabilitarme durante un mes, tomando clases todos los días con los instructores de pilates más reconocidos a nivel mundial.

Han pasado cinco años desde esa experiencia y debo reconocer que después de la operación nunca más sentí dolor. Tengo cuatro ‘heridas de guerra’ en mis piernas, dos en cada una, que afortunadamente no miden más de un centímetro, ya que se usó la técnica de artroscopia de cadera. Con paciencia tuve que partir de cero, y tal vez nunca más podré hacer un ‘split’, que es la típica elongación de apertura completa de piernas, pero sí puedo hacer una rutina avanzada de pilates, realizando todo tipo de movimientos sin preocuparme de que me vaya a doler. También puedo tomar una clase de yoga y ver cómo cada día mi cuerpo avanza y sigue respondiendo. Puedo ir de vacaciones sin necesidad de entrenar para no sentir dolor. Puedo saltar, correr, bailar y hacer lo que más me gusta: pilates y gyrotonic.

Con esta experiencia aprendí cosas muy importantes: desarrollar la paciencia, la humildad y saber que se puede salir adelante con cualquier obstáculo que la vida nos ponga por delante. Reconocí que con esfuerzo y dedicación se logra lo que una quiere en la vida. Aprendí también a valorar la práctica diaria en el entrenamiento y cómo este nos ayuda a tener cada día un mejor rendimiento. Sufrí el dolor y hoy sé qué sienten las personas cuando tienen alguna lesión. Soy capaz de entender en profundidad el sufrimiento que implica para algunos tomar una clase de pilates cuando padecen algún problema en el cuerpo. Aprendí de grandes maestros a tratar y rehabilitar lesiones con pilates y gyrotonic y lo pude sentir y probar en mi cuerpo. Y lo más importante: aprendí a ser más humana. Antes de la operación todo me resultaba más fácil y a veces no entendía lo que a otra persona le podía costar o doler. Si todo lo relacionado con el bienestar y la salud del cuerpo fue siempre mi pasión hoy lo es mucho más”.