Belleza

Un aroma también depende del color del cristal…

Más que con una familia olfativa, la tonalidad de un perfume se relaciona con la esencia de una fragancia y lo que se quiere hacer sentir a quien la usa. Pero en el universo de la perfumería no hay ideas absolutas y es bueno dejarse sorprender.

  • Macarena Anrique

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Ilustraciones: Sofía Valenzuela
4x5El color de un perfume puede hablar del aroma que guarda y, sutilmente, condicionar el interés por él según la idea que genere esa tonalidad. De esta forma un amarillo recordaría el olor del limón, el verde evocaría pinos y el lila transportaría a un campo lleno de lavandas. Asimismo, las fragancias casi transparentes, amarillo muy claro o verde manzana, usualmente dan la idea de ser cítricas. Las de tonalidades cercanas al café sugieren algo dulce e intenso y es muy difícil pensar que un tono rosado no tenga que ver con un perfume floral. Sin embargo, cuando en perfumería se habla de colores, estas ideas no bastan porque los matices aquí tienen significado propio y en cada mezcla hay desde nociones culturales hasta evocaciones muy íntimas creadas por el perfumista, pero, sobre todo, también están presentes las ideas conceptuales solicitadas por las firmas que encargan el producto.

“Existen ciertos tipos de códigos, como, por ejemplo, que un perfume rosado es para mujer y un jugo azul se usa para fragancias acuáticas o marinas. Pero no es una regla y no siempre se da el caso ni es tan categórico, ya que depende de la composición total”, aclara Sophie Deloraine, experta en formación de perfumes y gerente de nuevos negocios en Casa Moure.

Esa estructura integral incluye una asociación entre color y aroma, algo que, según explica Nora Rodríguez, formadora de perfumes de L’Oréal, se da “principalmente, por lo que la fragancia refleja o hace soñar”. Aquella idea de ensueño es un legado que se atribuye, en alguna medida, a los perfumistas de la familia Guerlain, quienes invitaron a fantasear con una historia de amor gracias al aroma de Shalimar, fragancia presentada en 1925.

Claudia Valencia, también formadora de perfumes y experta de Puig, explica que actualmente el concepto de un aroma incluye el color de su jugo, el tono y diseño de su frasco, la publicidad y el marketing: “Esa es la verdadera y actual razón por la que los perfumes tienen sus aguas de diferentes colores, más que una relación con la familia aromática. Es una conexión entre los colores y el sueño que proponen. Ese es el fundamento por el que, además, los spots publicitarios son tan conceptuales. Por la misma causa, los formadores de fragancias pueden crearlas de cualquier tipo y color. Hoy es el consumidor quien manda y se desarrolla un jugo de acuerdo a una idea comercial”. Así, por ejemplo, hay perfumes florales rosados, amarillos y hasta rojos. Otros buscan un color que imite un espumante de buena calidad porque hablan de glamour y fiesta. Y también existen propuestas tan sofisticadas que eligen el azul, pues con su aroma generan una sensación de gotas marinas que caen sobre el rostro.

No hay color sin una historia

La fusión entre concepto, color y aroma de un perfume data de los inicios de la perfumería moderna, más o menos a comienzos del siglo XX, cuando el producto que conocemos hoy tomó el camino de las sensaciones y las emociones. “Francoise Coty, llamado el padre la perfumería moderna, por su visión de negocio, ya que no solo era una nariz talentosa, fue el primero que entendió que el perfume, hasta entonces reservado a una élite limitada, iba a convertirse en un producto de masas y de la publicidad. Por lo mismo comprendió la importancia del marketing, del packaging, acudiendo a René Lalique, quien diseñó para él el frasco de L’Effleurt, luego el de Ambre Antique y Baccarat. Resumía su filosofía así: ‘Ofrezca a la mujer el mejor producto que sea capaz de preparar, preséntelo en un frasco perfecto de una bella simplicidad y un gusto impecable, haga que se pague por él un precio razonable y nacerá un gran comercio, como nunca se ha visto’. Este pensamiento ha servido de gran inspiración a través de los tiempos para la creación de una fragancia”, dice Carolina Valencia.

Desde entonces, aun cuando el perfumista siempre tiene libertad para dar color a sus fragancias, se descartó cualquier tipo de convención en cuanto al tono de un perfume.

En el proceso se emplean absolutos o aceites esenciales, como ámbar, esencias de maderas y flores. También hidro-alcohol (agua más alcohol). Actualmente se trata de materias primas sintéticas, creadas químicamente y que copian sensaciones surgidas en la naturaleza. Estas pueden aportar al matiz de la fragancia, pero su tonalidad final sigue siendo un toque del perfumista.  “Él maneja el color con ingredientes como tintas especiales que no manchan”, especifica Sophie Deloraine. “Tales ingredientes tampoco poseen aroma y puede ser que sus colores estén un poco asociados con las esencias de las familias olfativas, pero no necesariamente”, complementa Nora Rodríguez.

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Sin olvidar que las fragancias tienen determinada tonalidad por un relato exclusivo trabajado al interior de las marcas, hay algunas ideas generales que sirven para entender  un perfume:

Anaranjado: Suele estar presente en fragancias frescas y estimulantes.

Rojo: Evoca pasión y amor. Conjuga muy bien con aromas orientales y los perfumes que lo llevan suelen tener notas de sándalo, rosa, ámbar y/o almizcle.

Amarillo: Habla de optimismo y comúnmente es sinónimo de esencias florales y ámbar.

Violeta: Su halo de misterio se relaciona con seducción y lujo. Se complementa bien con notas exóticas y amaderadas.

Matices pastel: considerando también los perfumes casi incoloros y el blanco cuando se encuentra en el frasco, los tonos claros suelen hablar de fragancias frescas y livianas.

Negro: Suele estar en botellas o cajas y es elegido para conceptos elegantes. Se acostumbra escogerlo para perfumes de hombre.

Rosado: Se relaciona con aromas florales y también dulces, románticos ysuaves .

Café: Es un tono casi siempre vinculado con lo rústico, la armonía y la solidez.

Verde: Las marcas lo eligen cuando buscan transmitir optimismo, salud y bienestar.

Azul: Comunica confianza y armonía; las fragancias que lo llevan muchas veces incluyen esencias florales.