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Mellerio, 400 años como joyeros reales

Instalados en París en 1613, son los joyeros más antiguos de Europa y probablemente del mundo. Desde entonces quince generaciones se han sucedido sin interrupción como líderes de la casa

  • Florencia Sanudo

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2_3x3Corre el año 1613… Un joven deshollinador proveniente de Val Vigezzo, un pequeño pueblo de Lombardía, limpia una de las chimeneas del palacio del Louvre y escucha una conversación de la que comprende su siniestro objetivo: se trata de un complot entre un grupo de conspiradores para asesinar al rey Luis XIII. Rápidamente se lo cuenta a su patrón, quien reúne de urgencia a los lombardos de París, entre los cuales se encuentra un cierto Jean-Marie Mellerio, proveniente de Craveggia. Los dos hombres se conocen, ambos son ‘jefes’ de la comunidad lombarda en la capital francesa, y transmiten la información a María de Médicis, regente y madre del Rey. Los conspiradores son apresados y la vida de Luis XIII queda a salvo. Para agradecerles, la Reina ofrece protección a los habitantes de las tres ciudades lombardas (Craveggia, Val Vigezzo y Malesco) de donde provienen quienes contribuyeron a descubrir el complot. “Por servicios rendidos al reino de Francia”, dictamina la soberana, y por decreto del Consejo Real del 10 de octubre de 1613 les concede el privilegio único de ejercer su profesión en París y en todo el territorio francés, sin someterse a limitaciones administrativas. “Vender, despachar y ofrecer en nuestro reino mercancías de cristal tallado y todo tipo de ferretería y pequeñas mercancías”, habría rezado parte del escrito. Si el decreto existió, la veracidad de la anécdota no pudo ser probada, pero aun así perdura. En todo caso, todos los soberanos subsiguientes confirmaron el decreto y su protección.

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En el siglo XVIII los Mellerio se habían especializado en joyería, y a fines de la centuria se imponían en París, nuevamente gracias a otra reina: María Antonieta. Cuenta la historia que Jean-Baptiste Mellerio, un artesano hábil con apenas 15 años, decidió ofrecer sus creaciones cerca de la entrada del palacio de Versalles. Al parecer tenía buen ojo para los objetos bellos y un gusto más sofisticado que el de su padre, pero, sobre todo, mostraba sus artículos de una manera tan convincente y original que llamó la atención de una de las damas de compañía de María Antonieta, quien se enamoró de sus diseños y los hizo conocer a la Reina. A partir de entonces, y durante varios años, el joven Mellerio proveyó de joyas a la soberana. En los archivos de la casa existe un diseño original de 1781 de una pulsera de siete camafeos unidos por rubíes del que se dice fue la última alhaja que ella llevó antes de morir.

Pero si el trágico destino de la Reina es bien conocido, el del joven joyero fue más brillante. En 1796, cuatro años después de que María Antonieta muriera decapitada, fundaba una tienda en la Rue Vivienne, donde la firma habría de beneficiarse de una nueva clientela, entre ellas, y años después, la emperatriz Josefina, quien, según lo demuestran los archivos, adoraba los anillos estilo gótico y tenía una debilidad por las perlas.

9_3x3Más adelante, François Mellerio, bajo el doble nombre italiano y su versión afrancesada Mellerio dits Meller, sería el primer joyero en instalarse en la Rue de la Paix, hoy símbolo de la joyería francesa. La casa conoce un éxito creciente y luego del ascenso al trono del duque de Orleans, en 1830, será el proveedor oficial de la reina María Amelia y del rey Luis Felipe. Con estos laureles abren una sucursal en Madrid, donde reciben numerosos encargos de la reina Isabel II y de la futura emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo. Su reputación se extenderá a otros países y a otras cortes. En el siglo XIX, su cuaderno de órdenes de compras es un verdadero ‘who is who’ de la nobleza internacional, y entre sus clientes cuenta al zar Alejandro de Rusia, el rey de Prusia, el califa de Egipto, la reina Desirée de Suecia, la reina Margarita de Italia -apasionada de la naturaleza, para quien diseñaba joyas de temas florales- o Guillermo III de Holanda, quien en 1888 compró por la suma imprecedente de 160 mil florines el célebre juego de rubíes y diamantes para su esposa Emma, conocido simplemente como ‘el juego Mellerio’.

Hoy las joyas de Mellerio siguen siendo favoritas de princesas y soberanas: la reina Sofía luce a menudo su collar de perlas negras de la casa, y posee dos tiaras que usan tanto ella como sus hijas, las infantas, o la princesa Letizia. Una de ellas -que Sofía llevó en su boda en 1962- fue un regalo de sus suegros, los condes de Barcelona, y otra, la tiara Marina de 1867, una bellísima realización en diamantes y perlas como gotas que siguen el movimiento de la cabeza, evocando las olas, conocida como ‘la Chata’, porque su primera dueña, la infanta Isabel, princesa de Asturias, era llamada bajo ese sobrenombre. Gracias a la pasión de Guillermo III, la familia de Orange posee una importante colección de joyas y de tiaras de la que la flamante reina Máxima hace uso con frecuencia. Sin ir más lejos, en la foto oficial con ocasión de su ascensión al trono llevaba una de las tiaras Mellerio de la colección privada de los Orange.

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Si el pasado está muy presente en el espíritu de la maison, este es constantemente reinterpretado al gusto contemporáneo. En 2011, una colección recordaba la rosa salvaje de la diadema de la reina Margarita de Saboya (1851-1926), declinada en broches, aros y pulseras. Y en ocasión de sus 400 años se creó una colección ‘Médicis’, en homenaje a la reina que les ayudó a lanzarse en el camino de la joyería. La colección incluye una tiara transformable en collar: cabe decir que aun para una reina no todos los días es fácil usar una tiara…