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Adiós al pelo rebelde en Corea del Norte

Nada de hombres melenudos ni barbones, ni mujeres con cortes vanguardistas o teñidos estrambóticos. El tercer dictador de esta dinastía comunista, Kim Jong-un, exigió a todos los peluqueros y ciudadanos de su país que se atuvieran al catálogo de los peinados aprobados por el régimen

  • Revista Mujer

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3_340Corea del Norte, además de la abierta hostilidad que le profesan países como Japón y Estados Unidos, entre varios otros, está rodeada de un denso halo de misterio e inverosimilitud. El régimen fundado en 1948 por Kim Il-sung, continuado por su hijo Kim Jong-il, y ahora por su nieto, Kim Jong-un -quien asumió el poder en diciembre de 2011- es tan hermético, que muchas veces no queda otra que detenerse en anécdotas o detalles para comprender la lógica que hay detrás de esta dinastía comunista. Como, por ejemplo, cuando la revista estadounidense The Onion ungió a Kim Jong-un como ‘el hombre más sexi de 2012’ y festinó acerca de sus redondeces, su estilo capilar bautizado como ‘The Jong’ -una versión más descuidada que el que lucen los ‘wachiturros’: rapado a los costados, pero el pelo en vez de peinarse de forma puntiaguda en la zona de la coronilla, crece libre hacia atrás- y el leve estrabismo de su ojo derecho. Pero las burlas en torno a su oronda figura tuvieron que parar en seco. Dos meses después, exactamente el 12 de febrero de 2013, el máximo dirigente norcoreano autorizó la realización de la tercera [pull_quote align=’right’]La uniformidad estética se ejerce en todos los sistemas, dictaduras y democracias, es cosa de ver una vitrina de cualquier tienda de retail y compararla con la vestimenta que lleva la gente en la calle”, dice Daniela Miranda, magíster en Estudios Culturales. [/pull_quote]y más potente prueba nuclear subterránea de la historia del país, pese a las advertencias de la comunidad internacional. Kim Jong-un no solo ignoró los castigos que le impuso la ONU por negarse a detener sus ensayos nucleares, sino que además los desafió y, de paso, dejó en claro que si bien tiene unos 30 años -no se sabe con exactitud pues todas las biografías de los líderes están llenas de propaganda- y de que tuvo solo 15 meses de preparación para recibir el total control del país, era hora de empezar a tomarlo en serio.Por lo mismo, el estilo de Ri Sol-ju, quien podría ser su pareja o su esposa -es un misterio-, o los peinados y la vestimenta de las presentadoras de las noticias de la televisión se transforman en una fuente de información a la que recurren de vez en cuando analistas políticos, diplomáticos y académicos. Cualquier cambio en la apariencia de sus líderes o ciudadanos, por ínfimo que sea, permite especular cómo se vive en la República Popular Democrática de Corea -el nombre oficial-, una nación que está aislada del resto del mundo y totalmente volcada a perpetuar su ideología, la Juche, que aboga por la independencia política, la autosuficiencia económica y la fortaleza militar, sea cual sea el costo. Un país donde el cinco por ciento de sus habitantes forma parte del ejército -el cuarto más grande que existe- y en el que el millón 800 mil personas que usan celulares de última generación no pueden llamar al extranjero ni conectarse a Internet porque no está permitido. Pero, por más que Kim Jong-un se pasee con el primer botón de su camisa desabrochado, que sea amigo del ex basquetbolista de la NBA Dennis Rodman, que salga con mujeres que visten de Chanel y que su agencia de comunicaciones envíe a los medios de todo el orbe fotografías en las que aparece como un rock star -rodeado de hombres y mujeres que lloran de pura emoción por estar a metros de él-, nada hace creer que el tercer dictador haga un giro en la forma inescrutable, implacable y anacrónica con la que se ha conducido el país desde hace más de 60 años.

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[highlight color=’#81caea’ text-color=’#ffffff’]Peinando la ideología[/highlight]

A la prohibición de usar jeans, pantalones ajustados, minifaldas y colores llamativos, Kim Jong-un sumó otra aun más peculiar: la forma de llevar el pelo. El 6 de marzo de este año, el sitio web de noticias Ifeng de Hong Kong publicó un catálogo con los cortes de pelo que eran aprobados por el régimen y que fue enviado a cada una de las peluquerías del país. Adiós a las extensiones, a las melenas largas, a los teñidos de todo tipo, a los mohicanos, afros y rastas. Desde ese día todas las mujeres que quieran cambiar su look tienen 18 opciones -las solteras solo disponen de 14, pues hay cuatro alternativas que solo son para las casadas- y los hombres, 10. Ellos tienen prohibido sobrepasar los cinco centímetros de largo -siete si tienen canas- y no pueden copiar el estilo del ‘Brillante Camarada’ -como apodan a Kim Jong-un-, pues su corte de pelo está reservado para él. Todos aquellos que dejen que su pelo crezca con libertad o que lo peinen de una forma que no aparezca en dicho catálogo, corren el riesgo de [pull_quote align=’left’]En este contexto, la lógica del vestuario y del corte de pelo actúa como un alineamiento de los ciudadanos, donde se definen como seres iguales que forman parte de un proyecto mayor”, explica el sociólogo Claudio Garrido.[/pull_quote] ser arrestados y obligados a entregar sus cabelleras a manos que no son precisamente las de estilistas. La uniformidad estética es un antiguo resabio de los regímenes comunistas, pero ¿es el pelo un elemento tan riesgoso como para llegar al punto de homogeneizar la forma en que crecen los folículos pilosos de 24 millones de habitantes? ¿Los raros peinados nuevos son realmente una rendija por la que se cuelan los peligros del capitalismo? “La uniformidad estética se ejerce en todos los sistemas, dictaduras y democracias, es cosa de ver una vitrina de cualquier tienda de retail y compararla con la vestimenta que lleva la gente en la calle. La diferencia está en el ‘formato’ que proponen o imponen el uso de ciertos estilos”, dice Daniela Miranda, realizadora audiovisual, magíster en Estudios Culturales. “Corea del Norte lanzó un catálogo de peinados permitidos y sanciona a quienes no cumplen la norma. Ese castigo lo ejecuta un gobierno o un estado, no la vecina ni tu compañero de curso, sino un sistema que despliega todo su poder sobre los sujetos y sus cuerpos, atacando directamente la libertad que deberían tener para hacer lo que quieran con su apariencia”, explica.

2_340Claudio Garrido, sociólogo e investigador de la Escuela de Publicidad de la Universidad Diego Portales, agrega: “Primero hay que entender que la denominación de ‘régimen totalitario’ es una que se hace desde las democracias liberales. En el caso de Corea del Norte, estamos frente a un sistema que pone en valor a la sociedad por sobre las personas: la individualidad se alcanza según la contribución que cada uno hace al Estado”. Y añade: “En este contexto, la lógica del vestuario y del corte de pelo actúa como un alineamiento de los ciudadanos, donde se definen como seres iguales que forman parte de un proyecto mayor. No se trata de la anulación total del individuo sino de filtrar aquello que los hace únicos, en términos de su aporte al ‘estado deseable’. Así, alguien que se diferencia del resto, que no favorece el alineamiento ideológico, es visto como peligroso o sospechoso”.Andrei Lankov, uno de los mayores especialistas en Corea del Norte, escribió en diciembre de 2011 en la revista Foreign Affairs que la supervivencia política del ‘Brillante Camarada’ dependerá de si da señas de iniciar ‘una era de reformas’. Pero también enfatizó que en el caso de que lo hiciera y quisiera continuar al mando, deberá perpetuar las políticas establecidas por su padre -el ‘Querido Líder’- y su abuelo -el ‘Eterno Presidente’-. Porque, por más que guarde un parecido asombroso con el fundador de la patria, su vida también puede correr rie[pull_quote align=’right’]
La uniformidad estética se ejerce en todos los sistemas, dictaduras y democracias, es cosa de ver una vitrina de cualquier tienda de retail y compararla con la vestimenta que lleva la gente en la calle”, dice Daniela Miranda, magíster en Estudios Culturales. [/pull_quote]sgo en el caso de que se atreva a ser diferente.