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Las transformaciones de Verónica Calabi

La última metamorfosis de la animadora fue convertirse en directora audiovisual de ARTV. Sin negar su pasado, cuenta cómo transitó de la pantalla juvenil a la televisión cultural en el cable, trabajo que le llena el alma

  • Revista Mujer

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Producción: Fernanda Zamora Maquillaje y Pelo: Rosario Valenzuela Fotos: Nicolás Abalo Agradecimientos: Restaurant Casa Luz

1_4x4Vive en una metamorfosis perpetua. Y cada cambio de su vida está relacionado con un viaje. “Me aburro con facilidad, no me gusta quedarme quieta”, comenta Verónica, quien se convirtió en rostro publicitario a los 7 años, ganó el concurso Miss 17 en 1991 y comenzó a trabajar como animadora de televisión en 1995, en el programa Extra Jóvenes. Ella no se acompleja por su pasado como reina juvenil.

“Me da risa. Todavía me dicen ‘la Miss 17’ y tengo más de 35 años”, dice la esposa del músico y baterista de Lucybell Pancho González. Y reflexiona: “No puedes tener rollos con tu pasado; cuando gané lo pasé increíble. Fue como ser reina en el colegio: nadie te escondía los zapatos, no había envidias, coqueteaba mientras desfilaba. Fue muy entretenido. ¡Tenía 17 años!”, describe, y lanza una carcajada.

En 1997 ingresó a Mekano, en Mega. Ese año todo mutó. “Desde el Miss 17 a ARTV hay un gran cambio. Lo que pasa es que yo tomo riesgos. Si lo paso mal en un lugar, me voy. Extra Jóvenes fue una gran escuela, pero en Mekano me aburrí. Trabajaba poco y ganaba mucha plata, pero el 90 por ciento del programa no me gustaba. La tele es más heavy porque estás expuesta, y si tu pega es fome te lo hacen saber. Es como ahora que hay gente que cree que porque estoy en ARTV soy intelectual, y tampoco es así. Es entretenido ser rostro de un canal de televisión abierta, pero prefiero el cable, porque tienes más libertad”, explica.

Tras renunciar a Mekano en febrero de 1998 viajó a Bolivia, el país natal de su padre. “Viajé sola durante un mes. Regresé a Tarija, al sur de Bolivia, donde se estableció mi abuelo paterno después de la Segunda Guerra Mundial. Visité su tumba y me reencontré con la familia de mi papá, que conserva muchas tradiciones italianas”. Después partió a Cuba a estudiar montaje cinematográfico. “Cuando salí de Mekano me di cuenta de que hubo un gran cambio. Fue una metamorfosis lenta, no como en el libro de Kafka, donde el personaje (Gregorio Samsa) se despierta convertido en escarabajo. Pasé de ganar mucha plata a vivir con poca. Conocí los dos lados”, recuerda. En 2000 se casó con Pancho González, y en 2002 se fue a vivir a Los Ángeles, una vez que los integrantes de Lucybell se radicaron en Estados Unidos. “Allá viví un cambio de paradigma. Significó estar sola y aperrar, porque ellos tocaban mucho. Pasé de ‘estrella de la tele’ a ‘fucking beaner’, a frijolera, como dice la canción del grupo Molotov”, dice en alusión al término despectivo que usan los estadounidenses para referirse a los mexicanos. “Pero lo pasé estupendo. Tuve tiempo libre, hasta que encontré una pega para editar videos. Era el sueño del pibe, con un clima exquisito y la piscina a la mano”, relata.

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Regresó a Chile en 2005 y ese mismo año comenzó a trabajar en Vía X, canal donde lleva ocho años, aunque ahora está concentrada en ARTV, estación del mismo propietario, a la que llegó en 2009: “Siempre quise trabajar en ARTV, porque acá nació La Belleza de Pensar y muchos programas que me encantaban. Ahora me ofrecieron el cargo porque siempre me estaba metiendo en todo: editando videos, cambiando programas, lo hice en Vía X y lo hago acá. Además estoy a cargo de la adquisición de películas y documentales, estoy preparando un programa de doce capítulos, armo ciclos de cine y dirijo Ojo con el Libro, el espacio de literatura que conduce Alfredo Lewin… Este canal me llena el alma: siempre me gustó el arte, porque implica reflexión y emoción, y la televisión no siempre da estos espacios”.

También prepara un reality de pianistas junto al compositor Sebastián Errázuriz, autor de las óperas Viento Blanco y Gloria. “No estamos en la búsqueda del tipo conflictivo o la mina que se mete con todos. El programa es en torno al piano”, define, y retoma el análisis sobre las metamorfosis de su vida. “Yo opté por vivir ese cambio; llamé a Kafka por teléfono y le dije: ‘Quiero ser Gregorio Samsa por un rato’. Pude quedarme cómoda y hoy, quizá, estaría conduciendo un matinal. Tomé el camino más difícil, pero para mí era más fácil y sano irme”.

[highlight color=’#81caea’ text-color=’#ffffff’]Nueve días aislada[/highlight]

“Lo más parecido que viví como Gregorio Samsa fue el cáncer. Tuve que estar nueve días aislada, me tenían que dejar la comida afuera por la radiación, porque no te irradian con quimioterapia sino con yodoterapia, por eso para el otro eres peligroso -dice sobre la enfermedad que le diagnosticaron en 2011-. Escuchar la palabra cáncer es pensar en la muerte… Me cuestioné muchas cosas, cambié prioridades. Pero todo fue rápido, y en un mes no tienes tiroides y vives sin todas esas hormonas y te vuelves loca. Fui a Lollapalooza y estaba más drogada que nadie sin tomar drogas. Esa es una gran metamorfosis, y te enseña que en la vida conviene detenerse a mirar y ver para dónde vas. Los mapuches dicen que si el alma está dañada tu cuerpo se enferma”.

Tu buen humor fue clave para sanarte. Fue mucho amor también. Pancho me llevaba flores, estaban mis papás, mis amigos. Esos nueve días aislada fueron buenísimos, en serio. Me regalonearon, vi muchas películas y leí bastante. Pero operarse no es agradable, por eso jamás me haría una cirugía estética, a menos que me ocurra algo que no me deje alternativa. Tengo un grado de vanidad, pero priorizo: si hay una reunión a las 9 de la mañana no me levanto a las 7 para arreglarme. Prefiero prepararme intelectualmente para una entrevista que decir : ‘Ay, ¡no me hice las manos!’.

¿Qué otros cambios vienen? Quiero estudiar canto y piano, aunque no me tiraría como cantante, no corresponde, pero me gusta la música, estoy casada con un músico… También está pendiente participar en la dirección de arte de una película o como ayudante de dirección. Pero dirigir yo, no, porque tengo mucho respeto por ese trabajo. Quizá en otra vida sea directora de cine; en esta vida lo mío es la televisión.

Este canal me llena el alma: siempre me gustó el arte, porque implica reflexión y emoción, y la televisión no siempre da estos espacios”, dice sobre ARTV.