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Primera dama de China: glamour rojo

Peng Liyuan dejó de cantar óperas tradicionales para no eclipsar a Xi Jinping, su marido, presidente de China. Pero en vez de hacer fila detrás de él, se ubicó a su lado, con garbo y estilo

  • Revista Mujer

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5_340El martes 4 de junio de 2013 el Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, y su homólogo chino, Xi Jinping, se reunieron para limar algunos rencores del pasado. No hablaron del maltrato que sufrieron los mexicanos residentes en Pekín en 2009, cuando fueron obligados a permanecer en cuarentena debido a la epidemia de gripe A, ni tampoco de la visita que hizo el Dalai Lama a Ciudad de México dos años después, que provocó que el Gobierno chino congelara un acuerdo para la importación de carne de cerdo. Ambos mandatarios hicieron vista gorda de sus desencuentros y se enfocaron en sacar adelante el ‘pacto del tequila’, tratado que terminó con los obstáculos para la comercialización de esta bebida en tierras chinas y que ahora es el emblema de los próximos acuerdos comerciales entre ambos países. También pactaron que la capital mexicana será la sede de la primera cumbre de empresarios chinos y latinoamericanos, que se realizará en 2015, y que allí se construirá el primer centro cultural de China de toda América Latina.

En México sucedió lo mismo que en Rusia, Tanzania, Sudáfrica y el Congo, los países que visitó Jinping en marzo de este año con motivo de su primera gira presidencial: su esposa, Peng Liyuan, fue seguida atentamente por la prensa y fotografiada tanto o más que él. Algo bastante insólito si se considera que la última mujer china que en política alcanzó notoriedad fue Jiang Qing, la cuarta cónyuge de Mao Zedong, encarcelada por su responsabilidad en los crímenes cometidos durante la Revolución Cultural y quien dejó un recuerdo tan nefasto en los dirigentes que el cargo de ‘primera dama’ fue prácticamente eliminado. Tanto así que Wang Yeping y Liu Yongqing, las esposas de los ex presidentes Jiang Zemin y Hu Jintao, respectivamente, solo se dejaron ver cuando su presencia era un deber ineludible.

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Pero al actual mandatario de la segunda potencia económica del mundo no le parece raro que su esposa acapare todas las miradas, pues Peng Liyuan era una celebridad en China mucho antes de que se casaran en 1987. Durante más de dos décadas fue la cantante de ópera del programa de televisión más visto del país: la Gala de Año Nuevo que organiza y transmite el canal estatal, China Network Television, que en 2012 alcanzó un récord histórico de 770 millones de espectadores según la agencia Xinhua.

“La mayoría de sus fans son personas que nacieron en una época en que había poca variedad de artistas y de canales de radiodifusión. En ese entonces no había mucho entretenimiento”, distinguió He Li, director del China Folk Song Music Board, en una entrevista para la BBC, a propósito de la atención que genera la actual primera dama. “Aunque todos conozcan su nombre, su música le gusta especialmente a las personas de más de 40 años. No tiene el mismo impacto en la generación de hoy”, agregó.

Y puede que tenga razón. Que piezas patrióticas tituladas como Camino al Resurgimiento, Soldado y Madre o Elogio de la Bandera no cautiven como antes. Que una soprano de 50 años, que actúa vestida con el uniforme militar del Ejército Popular de Liberación -la facción armada del Partido Comunista chino, al que ingresó cuando tenía 18 años y donde llegó a tener el rango de general de división-, no atraiga a jóvenes que están más dispuestos a ver videos en YouTube que una epopeya televisada sobre el ascenso chino. Li Yinhe, sociólogo de la Academia China de Ciencias Sociales de Pekín, lo explicó para el mismo medio: “Tradicionalmente la imagen del Partido Comunista ha sido muy seria y aburrida y sus líderes siempre se han comportado como robots, como parte de una maquinaria de Estado que no tiene ningún tipo de carisma ni encanto, por lo que se espera que Peng Liyuan le aporte algo distinto al mandato”.

[highlight color=’#81caea’ text-color=’#ffffff’]La dama de las peonías[/highlight]

2_340Cada día crece la expectativa sobre su figura. Se espera que traiga algo de espontaneidad y dulzura al severo protocolo chino con el mismo recatado magnetismo que comenzó a desarrollar a los 14 años, cuando entró a estudiar arte y diseño en la Escuela de Artes de Shandong, la provincia donde nació. Que así como su voz sirvió en su adolescencia para ‘impulsar la moral de las tropas’, el tesón que ha mostrado a lo largo de su carrera como cantante -se tituló de ‘intérprete nacional de primer grado’ y pertenece a la primera generación de graduados que tiene una maestría en música tradicional étnica- inspire a sus conciudadanas.

Pero toda osadía tiene sus costos. Desde que Xi Jinping ingresó en 2007 al Comité Permanente del Politburó, la institución más poderosa de China, sus actuaciones se redujeron al mínimo. La denominada ‘el hada peonía’ hoy solo canta cuando el Gobierno se lo pide, como los conciertos benéficos que dio en la provincia de Sichuan, después del terremoto que la devastó en mayo de 2008. Peng Liyuan se vio con la obligación de trasmutar de solista de folclor chino con proyección internacional -actuó en Nueva York, Moscú y Tokio- a corista del orfeón que componen todas las primeras damas del mundo.

Lo que el presidente Xi Jinping ni sus asesores previeron fue que ella no necesitaba cantar para llamar la atención. Abajo del escenario, ‘la madre de China’ -como también la llaman- encontró la forma de no quedar supeditada a ser la consorte del Presidente. Y no lo hizo a través de su canto, sino mediante su estilo. Fue este el que le permitió que figurara dentro de la lista de las 100 personas más influyentes de 2013 de la revista Forbes, al igual que su marido.

“Es la primera vez que una primera dama de China aparece como una mujer moderna que viste bien, con buen gusto y confianza”, dijo Zhang Yu, editor de la versión china de Vogue, al South China Morning Post. Y añadió: “Después de tantos años, al fin tenemos a alguien que nos represente apropiadamente. Y por eso creo que se trata de un acontecimiento histórico”.

[highlight color=’#81caea’ text-color=’#ffffff’]Hecho en China[/highlight]

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Un trench de lana negra anudado a la cintura y en el cuello un pañuelo celeste. Un traje de dos piezas blanco. Un abrigo con bordados dorados y azules, sin solapas. Una cartera rectangular de doble asa. Trajes de dos piezas en tonos discretos, como lilas, azules y rosados. Ningún atuendo suena muy rimbombante, pero bastó que Peng Liyuan apareciera vestida con ellos, para que se convirtieran en las tenidas del deseo de millones de chinas. Lo mejor es que para vestirse no recurre a casas de moda como Dior, Chanel, Prada o Louis Vuitton, sino que a diseñadores nacionales.

“Las grandes marcas de lujo de Europa o Estados Unidos siempre han sido las favoritas para muchos consumidores chinos acaudalados, pero las firmas locales llamarán más la atención en el futuro, cuando Peng muestre su elegancia con ellas”, afirmó el experto en moda Hong Dongni al South China Morning Post.

Y así ha sido. El boom de la ‘Pengmanía’ comenzó con la primera gira presidencial de Xi Jinping, en marzo de 2013. Después de aparecer con su cartera negra enfundada en un abrigo del mismo color a su llegada a Moscú, la marca Exception de Mixmind vio cómo sus tiendas eran atiborradas de mujeres que pedían el bolso de Liyuan y que se iban decepcionadas al saber que el modelo de la primera dama había sido hecho por encargo, que era único e irrepetible.

6_340Los modelos de sus vestidos sin escote, de sus blazers, sus faldas vaporosas y sus chaquetones largos atornasolados han sido copiados una y otra vez por las tiendas de retail chinas. Y la fiebre por tener un clóset similar al de la primera dama también se extendió a Internet. Taobao, la plataforma de compras online más importante de China, debió eliminar el nombre de Peng Liyuan de sus motores de búsqueda, para evitar que se comercializaran imitaciones de las prendas exclusivas que suele vestir.

Si bien el estilo de Liyuan ha permitido que el valor de las acciones de las marcas de ropa ‘made in China’ aumente en la bolsa de comercio, aún falta que los ciudadanos confíen en lo que es fabricado por sus compatriotas. “Es curioso, pero la concepción de que el ‘hecho en China’ es de mala calidad no es exclusiva de Occidente. Es más, allí estamos de moda, mientras que en nuestro país conseguir el éxito es todavía más difícil”, contó a El País Ji Cheng, diseñadora de La Vie, una marca con nombre francés, pero que es de origen chino.

Peng Liyuan tuvo que ceder a su fama y sumarse a las actividades oficiales de su marido. Pero en vez de hacer fila detrás de él, cual soldado raso, optó por ubicarse a su lado con garbo y estilo, con una destreza similar a la de Michelle Obama. Su misión, sin embargo, parece algo más ruda que la de su homóloga estadounidense: reencantar a los ciudadanos chinos y del mundo con la cuarta generación de líderes comunistas.