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La tecnomoda del mañana

Detrás de la escena glamorosa -y a veces superficial- de la industria fashion se esconde un mundo experimental que investiga las innovaciones textiles que se utilizarán en un futuro muy, pero muy lejano

  • Janet Barra

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El Blue Dress, hecho con ‘telaraña’.

Lucir un vestido hecho de un material semejante a la tela de una araña era, hasta ahora, un sueño irrealizable. Pero la compañía japonesa Spiber Inc. investigó sobre las propiedades de la seda con la que este artrópodo teje su malla. Con la colaboración de la empresa Kojima Industries desarrollaron Qmonos, una proteína artificial que simula el hilo que producen los arácnidos, que usaron como materia prima de su obra maestra, el Blue Dress. “Sintetizamos los genes de la telaraña y modificamos su secuencia para mejorar su eficiencia productiva. Utilizamos esta proteína como material de cualquier proyecto”, cuenta Shinya Murata, portavoz de Spiber Inc.

Esta iniciativa es una de las tantas que apuestan por un futuro sustentable del diseño de vestuario que involucran la biología, la física y la informática, y que abren un mundo de oportunidades para la industria de la moda de aquí hacia el año 2050, según proyecciones del Textile Future Research Centre, organismo que reúne los descubrimientos de las escuelas Central Saint Martins y Chelsea de la Universidad de las Artes de Londres.

[highlight color=’#81caea’ text-color=’#ffffff’]Electrofashion[/highlight]

Los circuitos eléctricos dejaron de ser simplemente una fuente de inspiración; desde 2004 es una materialidad muy versátil. Una de las primeras casas de moda que los utilizaron es CuteCircuit, con sede en Londres, Inglaterra. Esta marca es la responsable del excéntrico vestido que la cantante pop Kathy Perry lució en la gala del Metropolitan Museum of Art de Nueva York en 2010. Sus creaciones integran la alta costura y el ready-to-wear con la tecnología led, elementos reflectantes, cristales y telas inteligentes con luces que cambian de colores y de patrones. “Las prendas que confeccionamos son muy discretas y se sienten como si fueran una tenida común y corriente”, comentó Francesca Rosella, directora artística de la marca, a la revista Women’s Wear Daily.

El ‘vestido climático’ se ilumina como reacción ante las emisiones de CO₂.
El ‘vestido climático’ se ilumina como reacción ante las emisiones de CO₂.

El año 2009, la empresa danesa Diffus introdujo su ‘vestido climático’ hecho a base de circuitos eléctricos sensibles al CO₂. “Queríamos plantear el tema de la contaminación, y que fuera algo espectacular y poético. La idea principal era hacerlo de una manera interesante desde el punto de vista de la moda, y para ello recibimos la ayuda de la Danish School of Design”, recuerda la socia de Diffus Hanne-Louis Johannsen, vía Skype, desde Copenhague. Este traje fue una verdadera declaración de principios sobre cómo la electrónica convive con el diseño. Desde entonces investigan el perfeccionamiento de esta técnica, y su última innovación es el bolso Eclipse, que contiene placas fotosensibles que almacenan la energía solar y permiten cargar el celular o iluminar toda la cartera. El desafío está instalado: ¿se pueden reproducir estos modelos comercialmente? Michel Guglielmi, también socio de Diffus, opina: “Estos esfuerzos requieren de un gran compromiso de la industria para que el diseñador no invierta por sí mismo, sino que un tercero crea en él y se generen colaboraciones a largo plazo”.

[highlight color=’#81caea’ text-color=’#ffffff’]Biología al servicio[/highlight]

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Chaqueta confeccionada con la fibra orgánica creada por la investigadora Suzanne Lee.

La manipulación de proteínas, bacterias y biopolímeros abre un abanico de posibilidades impensado en el desarrollo de textiles. Este tipo de invenciones puede convertir a los diseñadores en verdaderos alquimistas. “Nuestro foco más reciente está en el impacto de la tecnología para el año 2050. Gracias a la biología sintética, los nanomateriales de alto desempeño y las presiones medioambientales reconsideramos el futuro del proceso de fabricación”, declaró Carole Collet, una de las directoras del Textile Future Research Centre, en la revista Material Future 1.

La gran precursora de la biología sintética es la investigadora británica Suzanne Lee, quien en 2011 creó un tejido de celulosa tan flexible como un cuero vegetal, logrado gracias a un proceso de fermentación de bacterias, té verde y azúcar. “Con esta metodología podemos manipular la bacteria y producir algo que nos dé la calidad, cantidad y forma que deseamos”, reveló Lee en la conferencia TED Ideas Worth Spreading, celebrada en Long Beach en 2011.

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Detalle de la cartera Eclipse, realizada con placas sensibles al sol.

En esta misma línea se destaca el Qmonos, que reproduce la tela de una araña, o el hallazgo de estudiosos de la Universidad de Harvard, quienes desarrollaron una nueva fibra que cambia su color cuando se estira. Se inspiraron en una fruta de América del Sur llamada científicamente Margaritaria nobilis y conocida coloquialmente como ‘ojo de paloma’. “Esta fibra se basa en la estructura que encontramos en la naturaleza y la hemos desarrollado gracias a la ingeniería. Combinamos la estructura de la planta con un elemento elástico y creamos una versión artificial que pasa por todos los colores del arcoíris cuando se estira”, explicó el autor del estudio, Mathias Kolle, en la revista científica Advanced Materials. Por sus características, este hilo se puede usar en la ropa deportiva, de manera que cambie de tonalidad en las áreas donde se tensan los músculos.

Si bien aún no hay seguridad de cómo trasladar estos experimentos al comercio, ciertamente su potencial es inmenso. En Chile el panorama es distinto, pues solo existen investigaciones con fibras vegetales autóctonas. “El reto para los diseñadores está justamente en cómo aterrizamos este tipo de proyectos a nuestra realidad y en entender que al hablar de textiles nos referimos a los materiales y a las escalas de producción”, opina la chilena Daniela Toledo, quien actualmente cursa el programa Textile Futures en Central Saint Martins. La académica de la Escuela de Diseño de la Universidad Católica Soledad Hoces de la Guardia, concuerda:

Las creaciones superiluminadas de CuteCircuit.
Las creaciones superiluminadas de CuteCircuit.

“Debemos reconocer que no tenemos una industria textil orientada a captar esas necesidades y demandarlas a los centros de estudio. La inquietud parte de los diseñadores, pero muchos de esos proyectos quedan en una investigación primaria o bien se concretarán con apoyo externo, porque aquí no tenemos la infraestructura para enfrentar eso”.

Por el momento, la responsabilidad recae en las universidades, escuelas de diseño y empresas privadas para el desarrollo a gran escala de estos materiales, fenómeno que se vive en países como Inglaterra, Japón, Canadá, Estados Unidos y Dinamarca. El dilema es cómo se expanden hacia el resto del mundo. En cuanto eso suceda y se masifiquen estas experimentaciones, se impondrá un cambio de paradigma en los procesos de producción que, ciertamente, transformará el mundo de la moda. No importa el tiempo que haya que esperar.