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Mi vida antes y después de un detox

Nuestra columnista de Zapping Wellness, Angélica Lamarca, nos cuenta en este vivencial cómo fue la experiencia de hacer un detox

  • Angelica Lamarca

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1_400Los síntomas que presentaba en esa época son característicos de personas que requieren una limpieza de hígado. Sin embargo, me parecía raro que yo necesitara una porque siempre evito ingerir lo que se supone que intoxica ese órgano: no tomo alcohol, no uso medicamentos tradicionales cuando me enfermo y siempre trato de comer sano. Además soy deportista. Pero el estrés puede intoxicar tanto como lo hace una mala alimentación. Y en ese momento estaba pasando por un período bastante agobiante… Así que escuché el consejo de mi nutricionista y naturópata y decidí limpiarme por dentro.

Pensé que serían las típicas desintoxicaciones en que se toma solo jugo de frutas y verduras por unos días y listo, pero me equivoqué. Primero se debe preparar el cuerpo llenándolo de los suplementos alimenticios que faltan. Estuve 3 meses reforzando mi organismo con vitaminas, especialmente del complejo B y C, y minerales, como magnesio y zinc. Luego vino la desintoxicación de colon: durante 14 días con ciertos suplementos y tipo de alimentación se remueven todos los residuos tóxicos de las paredes del intestino. Esta es una limpieza muy fuerte y se pueden desprender toxicidades generadas durante muchos años. No es fácil de hacer porque a veces conlleva síntomas como jaquecas y cansancio. Finalmente vino la desintoxicación del hígado, que es una de las experiencias más impresionantes que he vivido. Fueron días en los que sentí que mi cuerpo necesitaba volver a comenzar. Me explicaron que el hígado estaba relacionado con las emociones, especialmente con la ira, la rabia, la irritabilidad, y que podría experimentar esos sentimientos durante el proceso. Como en la desintoxicación de colon no había experimentado ningún síntoma, pasé por alto todas las advertencias y aquí va mi historia de limpieza de hígado…

Durante estos 14 días mi alimentación fue muy restringida:

-Debía comer solo alimentos orgánicos y platos hechos en la casa: mucha quínoa, amaranto, mijo y ensaladas.
-Tenía que tomar 2 litros diarios de agua purificada o embotellada, nunca de la llave.
-Estaban prohibidos el azúcar, el trigo, cualquier tipo de lácteos, carnes y los alimentos refinados con aditivos o colorantes.
-Debía tomar té de hierbas de hojas de diente de león, buen diurético, que ayuda a eliminar más rápido los residuos tóxicos del cuerpo.
-Me recomendaron comer mucha proteína vegetal, como lentejas, ya que los aminoácidos presentes en esos alimentos son esenciales para lograr una mejor desintoxicación. También había que sumar mucha fibra, como frutas, especialmente los berries por su alto poder ‘limpiador’. Entre las verduras crudas me aconsejaron aumentar la ingesta de la familia de las crucíferas, como el brócoli, ya que desintoxican naturalmente el organismo.
A ese plan de alimentación debía agregar los suplementos especiales, que cada día iban en aumento. Llegué a tomar 10 cápsulas diarias especiales, de entre 5 y 15 ml de tintura de cardo mariano y diente de león, y hierbas medicinales (infusiones de hojas de diente de león e hinojo y manzanilla) para la limpieza y purificación del hígado.
Y esto no era todo. Cada mañana tomaba en ayunas un jugo con los siguientes ingredientes: 3 manzanas orgánicas, 2 dientes de ajo, el jugo fresco de 2 limones, un pedazo de jengibre, ¼ de cucharada de polvo de cúrcuma, 1 cucharada de aceite de oliva extra virgen, una pizca de pimienta de cayena y agua purificada o embotellada. Era un jugo un poco ‘fuerte’ para tomarlo en las mañanas.

Los síntomas que podía sentir eran los siguientes:

– Cansancio
– Dolor de cabeza
– Sentimientos como rabia, enojo e irritabilidad
– Hipersensibilidad
– Interrupciones en el sueño y/o pesadillas
– Piel seca
– Granos y espinillas
– Transpiración más de la normal, especialmente en la noche
– Sensación de frío
– Mucho romadizo

El primer y segundo día no tuve ninguno, pero al tercero, alrededor de las 6 de la tarde, empecé a sentir escalofríos en todo el cuerpo. Se me taparon los oídos y la nariz. Sentía como si tuviera sinusitis. Me levantaba en la noche a sonarme sin parar y tenía que cambiarme la polera del pijama, porque se empapaba con la transpiración. El cuarto día fue muy parecido: me soné durante todo el día y pensé que estaba resfriada; también creí tener fiebre en la noche, pero no era así… Se me había olvidado que durante esta desintoxicación se eliminan toxinas a través de la transpiración y las mucosidades. Pero se agregaron otros síntomas: la irritabilidad y la hipersensibilidad. No podía parar de llorar y no tenía ganas de levantarme. Mi vida perdía sentido. No quería ver a nadie y todo terminaba en llanto. Sentía una pena tremenda, y estaba insoportable con el resto. Fue tanto que llamé a mi naturópata y le dije que no podía más, que era demasiado fuerte para mí y que no me la podía. Me dijo que estaba siendo muy responsable con mi organismo, que lo dejara hasta ahí y que tratásemos de realizarla el mes siguiente. Y eso hice. Pero entonces la experiencia fue distinta…

Los primeros dos días fueron muy tranquilos, sin ningún síntoma, ni siquiera transpiré ni me tuve que sonar. Al tercero sentí un cansancio extremo en la noche. A las 7 de la tarde me transformaba en un bulto que caía a la cama y no me despertaba hasta las 8 de la mañana. Podría haber pasado un camión por arriba de cuerpo y no lo hubiera sentido. Fue algo impresionante y a la vez delicioso, ya que soy de esas personas que se despiertan unas diez veces en la noche, y por primera vez pude sentir cómo se descansa realmente al dormir. Otro síntoma que tuve fue la sequedad de mi piel. Sentía que aun aplicándome grandes cantidades de crema, estas eran absorbidas de inmediato y necesitaba aplicarme dos o tres veces al día. El día 7 partí con el jugo de manzana y ajo. Y, para qué voy a mentir: lo encontré delicioso. Era como si mi cuerpo lo pidiera. Me llenaba de energía, me despertaba, y tenía fuerzas para comenzar el día. En esa etapa mi cara empezó a llenarse de granitos. Fue una pequeña erupción que después de dos semanas de haber terminado la desintoxicación desaparecieron por completo.

Realmente hubo un antes y un después de este proceso. Fue impresionante sentir cómo el cuerpo responde y va botando toxinas de distintas maneras. Entendí de manera práctica que cada órgano del cuerpo tiene su función, que se relacionan con nuestras emociones, y que el estrés afecta a todo el organismo. Después de sentir esos síntomas molestos durante la ‘limpieza’, aparecen las señales de un cuerpo ‘limpio’: la piel se pone tersa y suave, el ánimo sube y uno se siente más liviana, con menos tensiones, porque no tiene retenciones de ningún tipo. Ademas, mis sueños dejaron de ser tan detallistas y se acabaron las pesadillas, lo que me ayudó a dormir mejor. Luego de una experiencia como esta, uno no quiere volver a llenar de toxinas el cuerpo. Al contrario: dan más ganas de cuidarlo, comer más sano, hacer más deporte, y darse más tiempo para estar con uno mismo. Porque uno comprueba que tanto lo que comemos como el estrés, las alegrías y las penas afectan cada una de nuestras células. El cuerpo habla.